Posteado por: Diego I. Rosales | 12 abril 2010

Y la igualdad apá?

Todo es un mito en esta vida. Hasta el progreso y la idea de igualdad.

Chequen nada más este jocoso párrafo de Zaid:

“También hay explotación en la igualdad progresista. Un señor feudal o el clero tomaban producción de los campesinos y les daban en cambio protección, fiestas, liturgia, es decir: sentido existencial. Los empresarios modernos, incluyendo a los burócratas socialistas, toman producción de los campesinos y les quitan el sentido: les ofrecen la igualdad y el progreso futuro de que tal vez sus hijos puedan dejar ‘la idiotez de la vida del campo’. Así se explota el presente en favor del futuro. La infancia no es una etapa de la vida que tenga sentido por sí misma, sino en función de la madurez productiva, de la cual es preparación. La ancianidad resulta idiota: no produce ni tiene futuro. Desde el momento en que las diferencias se vuelven injusticias que pueden remediarse en un futuro mejor, toda injusticia irremediable (nacer sin ser querido, ser inepto o deforme, perder con los años la capacidad de valerse por sí mismo) pierde sentido trágico o religioso, se vuelve un sinsentido molesto. La noción moderna de igualdad no sólo crea deudas e insatisfacciones sin límite: produce niños, viejos y mediocres que hay que tirar por el caño.”

Gabriel Zaid, El progreso improductivo, p.99.

Lo que pasa es que Zaid tiene mucho sentido del humor. Por eso escribe así. Yo, en cambio, soy un trágico azotado que le cuesta trabajo ver en estas palabras algo divertido. Creo que debería tomarme las cosas  más a la ligera, como Zais. Porque la modernidad, con su idea idiota de igualdad y todo, ha traído también cosas buenas. Buenísimas. Como, por ejemplo: podemos coleccionar álbumes panini, ver The Big Bang Theory, usar anteojos y tener un blog para publicar lo que hace algunos años ninguna editorial publicaría.

El problema es que, con todo, la idea moderna de igualdad sigue siendo bastante idiota. Oquei, oquei, el progeso técnico es bueno, la democracia es buena, es una excelente cosa el hecho de que las mujeres puedan votar y de que los negros puedan ser presidentes de Estaods Unidos de América. Está bien. Pero no todos somos iguales. No, al menos, en el sentido que cierta modernidad quiere: no habrá un momento en donde todos seamos ricos y tengamos camionetas y vivamos en suburbios con praditos perfectamente bien cuidados. No habrá un momento en donde todos seamos igual de listos, sepamos leer, escribir y tengamos blogs para criticar el status quo. No habrá un momento en donde todos tengamos buen gusto, y nos deleitemos con Haydn y con Bach. No. Eso no sucederá. Porque hay variedad, como quien dice, en esto que osamos llamar especie humana.Y esa variedad es, a veces, del tipo ‘no conveniente’, por ejemplo: que unos sean buenos y otros sean no tan buenos. Que unos tengan sus estómagos saciados y otros no tanto y eso los empuje a robar. Que unos tengan sus estómagos saciado pero no sus almas…

Y así es como surge el mal. Y siempre habrá mal, porque siempre habrá hambre e indigencia. Indigencia no solamente económica sino espiritual o psicológica: siempre habrá quien se sienta solo, siempre habrá quien tenga un autoestima muy baja y deba leer a Paulo Cohelo o llegar a ser un empresario exitoso para remediarlo. Siempre habrá quien esté lleno de introyectos, quien haya recibido en la infancia gritos violentos de su padre, mientras su padre sólo intentaba ser un buen padre. Así es esto: somos indigentes. Por eso el ideal de igualdad es más o menos inocentón. La modernidad, en este sentido, es naive.

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Responses

  1. Diego:

    Me sorprende muchísimo -por no decir que me escandaliza-, varias cosas que afirmas. Pero como es más fácil escandalizarse que comprender, te expongo mi opinión sobre tu respuesta a José María; quizá puedas aclarar más el concepto.

    Creo que entiendes mal la igualdad de oportunidades por confundirla con una “igualdad de capacidades”. Es obvio que no todos tenemos las mismas capacidades, ni siquiera las mismas inclinaciones y aptitudes para ciertas profesiones o estilos de vida. Lo que la igualdad de oportunidades quiere garantizar es la capacidad de acceder a condiciones tales que se puedan desarrollar los talentos y las capacidades con las que contemos; por ejemplo, que la pobreza de alguien apto para recibir educación superior no sea obstáculo para entrar a la universidad.
    Por otra parte, si algo ganó la modernidad de cuño liberal –sobre todo la ilustración francesa, inglesa y norteamericana- fue entender al ser humano como individuo y por tanto, como portador de atributos que en la esfera ética y política llamamos “derechos y garantías individuales” o bien, “libertades individuales”.

    Detrás de tu crítica a la noción de “igualdad” está la preocupación por la homogenización de los seres humanos y que Ortega y Gasset describió en “La rebelión de las masas”. Pero eso ocurre, sobre todo, cuando se olvida que toda comunidad está articulada por individuos, y a su vez, los individuos están atravesados por las instituciones y lo común que los reúne. Una comunidad que reconoce las libertades individuales, es menos propensa a la homogenización.

    Yo no veo el problema que alguien quiera cambiar de estilo de vida, empezando por la casa. Lo que sí veo mal es cuando se les obliga a hacerlo como sucedió en la era colonialista, o bien, con ciertas políticas públicas disfrazadas de proyectos sociales, cuando en realidad su propósito es netamente económico; basta ver el desarrollo de llamado “Plan Puebla-Panamá” transformado ahora en el “Plan Mesoamérica” y que sigue en vigor.

    Dudo que la igualdad sea por “pertenecer al mismo todo, a la misma comunidad”, menos si esa comunidad te designa el “lugar que te corresponde”; justo ese es uno de los méritos de la noción moderna de igualdad: que tener el derecho a buscar el propio destino, a lo que uno quiere hacer en la vida, es un ideal que se ha concretado en instituciones, leyes y mentalidades.

    Que aún hoy en día no exista la igualdad no invalida el ideal: justo la desigualdad es vista negativamente porque no hay razón válida –por raza, religión, lengua, preferencia sexual, género, etc.- para que haya personas que gocen de servicios de salud, educación, recreación, etc. y otras no.

    Por último, una pregunta: ¿a qué modelo de familia te refieres? Espero no sea la familia patriarcal, que es un claro ejemplo de modelo jerárquico que llegó a ser ampliamente tiránico. Aún hoy día, la familia nuclear –papá, mamá, hijitos-, tiene dinámicas diversas en su vida interna.

    Sergio.

  2. Saludos y vamos al justo medio!

    Muy interesante las tres distintas opiniones, y fíjate que son tres y distintas. De hecho, no somos iguales comenzando desde la manera de percibir y ver las cosas.

    Somos como las olas del mar, cada una tiene una dimensión distinta pero entre todas hacen la marea y complementan el mar. Sin embargo están básicamente hechas de lo mismo, y así somos los seres humanos, con distinta nacionalidad porque existen fronteras marcadas a través de los siglos; distinta pigmentación de la piel, sin embargo todos tenemos 2 ojos, 2 manos, dos piernas, un cerebro, etc… solamente digo, en casos extremos como el de un no vidente…

    Creo que todos podríamos ser genios, y sobre todo, porque estamos hechos a la imagen y semejanza de Dios. Pero el hombre está lleno de egoísmo, y en esto casi somos iguales. Creo que hemos moldeado a través de los siglos muchos modelos políticos, religiosos y culturales y creamos el integracionísmo de una manera letal.

    Todos nos queremos imponer, porque pensamos que nuestra razón es más valedera que la de los demás, y eso nos empuja a perder la oportunidad de forjar mejor nuestro destino.

    El capitalismo moderno se convirtió en una pesadilla, ya que si analizamos desde el siglo en que se desarrolló la primera máquina comenzó no solo la explotación de los recursos naturales, si no, la explotación de niños, mujeres y hombres para lograr objetivos de progreso y riqueza.

    Hay escritores que investigando de cómo los hombres acumulan riqueza, coinciden en que uno debe de buscarla con honestidad, algo que hoy es una utopía. Es decir el hombre se hace una idea de lo que es bueno para sí, lo piensa, lo desarrolla y luego lo expande, y cuando donde vive no le es suficiente entonces cruza esas fronteras a sabiendas que en el otro lado del río ya hay otra cultura y civilización tratando de desarrollarse también.

    Es de no terminar, no extenderíamos tanto, pero lo importante es que mientras no sepamos crear un sistema mejor que “la democracia” nos queda o que defender la que tenemos a capa y espada o nos queda que modificarla, algo que nadie está dispuesto a hacer.

    Por lo tanto y mientras tanto mi convicción es: “La fe mueve montañas”, y si la fe nos lleva por la claridad mental y por el camino en donde descubrimos que el verdadero sentido existencial del hombre es servir a los demás y no servirse de los demás, entonces las cosas van a ser mejores y estaremos progresando de verdad al próximo nivel de conciencia y por ende a una mejor expansión material en donde todos se beneficien del sistema que auspician y que pagan por el.

    Saludos!

    Saludos!

  3. Estimado: he leído su artículo filosófico sobre el concepto de igualdad en la modernidad, y comparto parte del análisis, pero, me ha parecido algo apocalíptico, ya que, uno al leer queda como desnudo y sin esperanza. Y dado que, no podemos salir del mundo, como sabrá, la especie a la que pertenecemos, por necesidad, ha establecido en cada cultura y sociedad sus propios mitos o leyendas trascendentales. El creerlas o no depende de la subjetividad y necesidad de cada uno. Muchas de tales creencias y valores nos ayudan en la cotidianidad a ser un poco menos agresivos -salvajes- en la interacción con los demás, en el estudio, en el trabajo, en la flia, etc. Por supuesto, como bien dice Ud. a las sociedades les falta mucho aún, en justicia, salud, educación, integración, etc. y diría que, es más lo negativo que lo positivo en ellas, pero, todo ello no nos inhabilita para actuar en favor del otro, del semejante, a pesar de las imperfecciones, todavía podemos hacer algo por nosotros mismos y por los demás, al menos para que nuestra vida no haya sido tan en vano, ya que, la especie aún existe gracias al instinto gregario. Y que en mi caso creo que Dios lo puso allí. gracias por este espacio y por la palabra. Un abrazo.
    Atte. Carlos Barrios.

    • Estimado Carlos,
      Gracias por tu amable respuesta. Gracias también por el elogio al decir que mi artículo es un artículo filosófico. No pretendía serlo.
      Si piensas que es apocalíptico, creo que sabes leer. Aunque, si quedas sin mucha esperanza, me da la impresión de que no has leído bien el Apocalipsis.
      Entiendo que no podamos salir del mundo (aunque Séneca te diría que sí puedes salir de él si no te gusta), pero eso no significa que debamos aceptarlo tal como es. Yo veo un problema con la idea moderna de igualdad. ¿Qué con eso? ¿No es necesario primero ver un problema para poder remediarlo? Criticar algunos mitos y dioses de la modernidad es algo, de hecho, moderno: la crítica racional es un producto típicamente moderno.
      No creo que la historia de la humanidad desde el siglo XVI para acá haya sido la historia de las imbecilidades. Tampoco al contrario, simplemente creo que es la historia de unos seres humanos que quieren ser felices. Y la invención del progreso hacia la igualdad es un intento más por alcanzar esa felicidad.
      Sí, como dices, creo que ayuda a que no seamos tan bestias y a que no nos arrebatemos unos a otros las croquetas. Pero creo que no podemos seguir trabajando bajo un modelo económico y social que sostiene implícitamente que un día se terminarán nuestros sufirmientos materiales, intelectuales y espirituales e infundiéndole al campesino la idea de que su vida en el campo es inferior a la vida del universitario. Porque no lo es.
      Creo que el sufrimento y la carencia nos acompañarán toda nuestra vida en la tierra, tanto a nivel individual como a nivel social. Ya. Aceptémoslo. Trabajar por eliminar eso está bien. No quiero ser para nada un masoquista. Pero una estrategia para ser más felices podríamos colocarla más bien en encontrar otro sentido a la vida que la igualdad. En especial cuando notas que no eres igual a otro y que otros no son iguales a ti y que no tienes y no tendrás las mismas posibilidades y oportunidades que otros y que eso está bien. De todo tiene que haber en la viña del señor.
      Una vez le dijeron a un torero apodado “EL Gallo” que le presentarían a José Ortega y Gasset. Él preguntó: “¿Y, él quién es?”. “Es un filósofo”, le respondieron. “¿Y ésos, los filósofos, qué hacen?”, volvió a preguntar. “Se dedican a pensar”, alguien le dijo.
      “No cabe duda que hay gente pa’tó”, replicó.

  4. Yo creo que la idea moderna de igualdad, tal como la planteas, sí resulta ingenua e idiota. Pero no estoy seguro de que sea exactamente el planteamiento de la Modernidad ni lo que se quiere expresar cuando se habla de “igualdad” en términos democráticos, por ejemplo.

    En todo caso, se puede decir que todos los grandes logros de la Modernidad han conducido tarde o temprano a excesos y que la idea de igualdad que criticas es el exceso de la igualdad moderna, pero no la igualdad moderna como tal. Una cosa es preocuparse por la ecología y otra proclamar “Los Derechos de la Madre Tierra” o “Los derechos universales de los animales”. Lo único que falta es que proclamen también los derechos de las plantas y hasta las conviertan en contribuyentes, para que de acuerdo con cierta tasa donen a la sociedad una parte considerable del oxígeno que producen y la otra la utilicen como valor de cambio.

    La idea de igualdad moderna, como la entiendo, no es que todos seamos iguales, como si se tratara de construir una sociedad homogénea, sino que al menos en ciertos ámbitos, no debe existir preferencia ni rango. La igualdad ante la ley es un ejemplo. Que independientemente de las diferencias entre personas, las leyes valgan por igual para todos, como si el ciudadano fuera uno solo y no importara si lee a Paulo Coelho o a Heidegger, si es blanco o negro, si usa Twitter o no. Que todas las religiones tengan representatividad por igual (siempre que sean, por ejemplo, congruentes con los Derechos Humanos), que cualquier empresa, sin importar si cotiza o no en tal bolsa, tenga las mismas obligaciones y goce de los mismos apoyos del gobierno en proporción a su tamaño y gastos, etc. Que al menos todos tengan la oportunidad de entrar a una escuela pública, si les interesa, etc. Que todos gocen de servicios de salud, de seguridad, etc. Esta idea puede conducir a excesos (como que a todos los ciudadanos se les dé la misma educación, sin importar si viven en una comunidad indígena en Chiapas o en el D.F.), pero de entrada, creo que es uno de los más grandes logros de la humanidad. La idea de poseer un “derecho” va estrechamente ligada a la idea de igualdad. Si no hay igualdad, entonces todo, absolutamente todo, peligra: la propiedad privada, la libertad de expresión, de tránsito, el derecho al voto femenino, etc. Pero esta idea de igualdad no implica la homogeneización, es perfectamente compatible con el concepto de pluralidad. Esta idea de igualdad no implica que todos estudiemos lo mismo, nos vistamos igual, tengamos las mismas posesiones, las mismas aficiones, etc. Por eso no veo por qué das el salto de la idea de igualdad a otros temas con los que la igualdad, en principio, no está peleada. En todo caso, una sociedad sana (si la hubiera) entendería por igualdad que todos tuvieran las mismas oportunidades y que sus necesidades básicas estuvieran cubiertas. Lo que cada quien haga con esas oportunidades (si estudia o no, si le da la gana profesar o no una religión) es una decisión personal. Por eso lo que me parece ingenuo es más bien esta manera de entender la igualdad en términos de homogeneización, no en términos de no-preferencia o no-privilegio. Claro que esta idea de igualdad tampoco se ha cumplido nunca en ninguna sociedad (en ningún lugar del mundo un empresario rico es juzgado como si fuera un albañil), pero una sociedad tiene que regirse por ideales (por más ingenuos que parezcan) para tratar de aproximarse asintóticamente a ellos, de modo que por lo menos haya, por ejemplo, más igualdad de la que hay en otro país en el la igualdad no constituye ni siquiera un ideal, sino un mito.

    • Querido José María,
      Agradezco mucho tu respuesta. Es, siempre, un honor platicar contigo. Pues bien, creo que tienes razón en una muy buena parte de lo que sostienes. Sin embargo, yo no he dicho que la idea de igualdad que critico sea la única idea de igualdad de la modernidad. Siempre me he referido a esta idea como la idea de ‘cierta modernidad’.
      Por otro lado, aún cuando pudieras demostrar que ningún filósofo moderno o ilustraod ha hablado así de la igualdad y que el naive en realidad soy yo, el hecho es que más allá de la filosofía esta idea permanece como criterio de desarrollo social en muchos países de América Latina, por poner un ejemplo.
      Creo que, aún cuando John Locke o John Stuart Mill jamás hayan pensado en la igualdad en ese sentido, sí es el sentido que yo critico el sentido que termina por oprimir a la pobreza y crearle un sueño irrealizable. Es, afin de cuentas, la idea de igualdad que funciona como criterio de desarrollo social o como reguladora de las pasiones de los pobres: algún día tu estirpe tendrá una carrera unviersitaria.
      Es esa idea de igualdad la que hace que nuestros mexicanos rurales se vistan con playeras de los Lakers y gorras de Labastida y sustituyan sus casas de adobde con ventanas frescas por casas de cemento con ventanas de aluminio dorado: se importa un modelo de desarrollo y un modelo cultural que no es el propio.
      Sé que ése es otro tema, el tema de la identidad cultural, pero sin duda es un tema que se cruza con el de la igualdad.
      En sociedad primitivas, jerárquicas, no había igualdad, sino que cada persona conocía su lugar en el universo político en el cual habitaba. El zapatero hacía zapatos, el rey reinaba y el soldado luchaba. Sé que esto tiene una buena dosis de idealización, pero mi punto es que la igualdad no ha sido siempre así y es posible vivir sin ella. Hay cosas más importantes que ella.
      Tampoco intento provocar nostalgia por un tiempo pasado, pues no deseo volver a un régimen jerárquico. El problema es que la igualdad de la que tú hablas: que todos tengan las mismas posibildiades y las mismas oportunidades, también me parece una cosa imposible. La idea liberal de que hay que nacer en un país en donde todos tengamos las mismas condiciones de desarrollo y luego dependa de cada quién ver qué hace con ello termina por contradecirse. Es un hecho que no todos están igualmente dotados y en una sociedad como la planteas, terminará por haber desigualdades terribles a los 10 minutos. (Aún pensando en una posición original, con el velo de la justicia, rawlsiana, etc…, aún allí, habrá siempre desigualdades y ventajas y desventajas)
      Mi punto no es negar la igualdad como un valor, sino concebirla como algo comunitario: uno no es igual por tener lo mismo o por ser lo mismo o por tener las mismas oportundiades, sino por pertencer al mismo todo, a la misma comunidad. La existencia no sea realiza sino en la vida en común. Y entonces la idea de igualdad deja incluso de ser importante. Pienso en el modelo de la familia.
      Perdón por excederme.


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