Posteado por: Diego I. Rosales | 6 noviembre 2006

Perdí el jueves

La semana pasada comencé a leer ‘El hombre que fue jueves’ de G.K. Chesterton. Leía una versión traducida y prologada por Alfonso Reyes. Quería mucho a ese libro. Pero lo perdí antes de terminar de leerlo.
Parece que estoy terriblemente condenado a perder cosas. Lo que es lamentable es que dentro del significado de la palabra ‘cosas’ también quepan los libros. Perder un libro es una tragedia. Siempre. O eso pensaba hasta que perdí ‘El hombre que fue jueves’ de Chesterton.
Lo que sucede es que es demasiado trágico perder un libro. Pero es increíblemente placentero comprarlo. Hace unos días leí una frase de Borges que dice más o menos así: “Soy tan adicto a comprar libros, que cuando veo uno en la librería me digo a mí mismo, ‘lástima que no pueda comprar este libro: ya lo tengo’.”
La frase de Borges es elocuente. Igual que todas las frases de Borges. El punto es que a pesar de haber perdido ‘El hombre que fue jueves’ de G.K.Chesterton, traducido y prologado por Alfonso Reyes, no sufrí. Más bien recobré la inocencia perdida: tendré una nueva oportunidad de comprarlo. Porque lo maravilloso de comprar un libro, no solamente reside en lo maravilloso que será hundir las narices en sus páginas, sino el hecho mismo de comprarlo.
Yo no soy, o al menos no me considero, como decía Schopenhauer, ¿notan todas las subordinadas que tiene esto?, de los que confunden comprar el libro con comprar el contenido del libro.
Es claro que son distintos: el libro como cosa y el libro como símbolo de lo que leerás y por lo que te harás más culto y te envidiarán algunas personas.
Yo disfruto comprando ambas cosas o, mejor dicho, por ambas cosas disfruto comprar un libro. Quizás disfruto más comprar el libro como cosa que leerlo. Lo que disfruto es mirarlo, tocarlo, sobarlo, buscar el lugar que ocupará en mi librero, encontrar la mejor manera de ponerle mi nombre y que se vea cool (Rodrigo Guerra tiene un doctorado en esa técnica). Leer la parte de atrás, las solapas. Leer el título, volverlo a sobar. Leerlo, quizás olerlo, mirar cómo se va desgastando a lo largo de los días de la lectura. Salir con él bajo el brazo esperando que la gente me mire, y si no me pregunta qué libro es, al menos piense: “ooooo”. Terminarlo de leer, oh sí, volver a leer las solapas, sobarlo una vez más, y acomodarlo por fin en el estante, en donde lo veré cada noche que me acueste en mi cama y sonría de oreja a oreja congratulándome de que lo he leído y que Lo Tengo.

(O sólo de que Lo Tengo)

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Responses

  1. A mi me prestaron, en cambio, el hombre que fue jueves, y nunca lo devolví, y lo comencé a leer y no lo terminé.

    Creo que es un buen momento para terminarlo

  2. gracias. En los blogs he aprendido mucho sobre redacción

  3. Hola.

    Porque “Tenerlo” no es cualquier cosa…

    Saludos.

  4. Hola.

    ¿Porqué escribiste “Lo Tengo”, ambas palabras y ambas veces con mayúscula, como si fuera nombre propio?

    (típica actitud de mafioso)

    no ya…en serio quiero saber.

    Saludos

  5. Yo presté el “Hombre que fue Jueves”. Nunca me fue devuelto.
    El resentimiento persiste, aunque ni siquiera recuerdo a quién se lo preste.En fin.
    Saludos,

    Rafael Tobias

  6. Yo presté el “Hombre que fue Jueves”. Nunca me fue devuelto.
    El resentimiento persiste, aunque ni siquiera recuerdo a quién se lo preste.En fin.
    Saludos,

    Rafael Tobias

  7. Me parece que la palabra “sobar” es de lo más anticuada. “Una abuela soba a…”, por ejemplo. Sobar un libro, ¿es realmente sobarlo?

    Por otro lado creo que tienes razón, es agradable comprar un libro. Yo disfruto comprando los que tienen papel celofán, los nuevos, los que no han sido tocados por otras manos, los que no han sido ultrajados. Especialmente disfrute “La manzana en la oscuridad” de Clarice Lispector, no sé si por la fotografía de la portada o por el todo o por ambas.

    No está de más recordarte que me debes… tres cervezas, siempre me han gustado los números nones.

  8. Es más chido olerlos que sobarlos.

  9. Eres un morbosote.

  10. Ya deja de estar fumándote esos libros, te hacen daño.


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