Posteado por: Diego I. Rosales | 6 enero 2007

Las palabras y las letras

Un amigo me dijo que había leído en no sé qué lugar, probablemente Borges, que mientras no dijeras las cosas no se hacían realidad. Me contaba mi amigo que él tenía otro amigo cuya novia había quedado preñada. El amigo de mi amigo… llamémosle ‘J.’, para no repetir tanto la palabra ‘amigo’… El amigo de J. decidió no contar a nadie lo ocurrido, ya que si no lo decía a nadie, él sentía que podía evitarlo. La verdad es que solamente ‘sentía’ que podía evitarlo, de sensación no pasaba, pero el papel de las sensaciones en la constitución de nuestra realidad es sumamente importante. Ahí tenemos, por ejemplo, a Hume, quien apoyaría mi afirmación: todo nuestro conocimiento debe pasar, antes, por medio de los sentidos.
No sé bien por qué escribo esto, pero creo que es porque un personaje de una novela de Rosario Castellanos, quien por cierto es un personaje femenino (el de la novela, no la Castellanos, aunque también la Castellanos), queda embarazada y no le dice a nadie, ni a aquél que la dejó encinta. Casualmente, el hijo no nace. ¿Por qué? Porque la mujer se olvida de su embarazo. Parece un evento sólo posible en Macondo o algún pueblo así, pero la novela se desarrolla en Chiapas, lugar bastante similar a Macondo en ciertas cosas, pero bastante distinto en otras.
Los dos sucesos anteriormente referidos me han llevado a pensar en la capacidad que tienen nuestras palabras de construir la realidad. Alfonso reyes señala en uno de sus ensayos que el ‘rayo adánico’ o el poder de nombrar las cosas hace humanos a los hombres. Dice que nombrar algo es apropiarte de ese algo (a decir verdad yo estoy un poco obsesionado con esa idea, pero eso no importa en este momento), lo que significa que si no hablamos no somos nada ya que no poseeríamos nada.
Veamos otro ejemplo: si vemos en el periódio que un señor ha matado a un niño inocente y casualmente ese señor es negro, lo primero que pensamos es ‘pinche negro’ (lo mismo si fuera judío o gringo), aunque por ser políticamente correctos no lo digamos. A pesar de que, en el fondo, sí seamos racistas, ni nosotros mismos nos damos cuenta. Además nadie lo notará porque no lo hemos exteriorizado. Y si nadie lo nota, nadie nos lo hace saber, nadie nos confronta. Y si nadie nos lo hace saber, no nos damos cuenta. Y si no nos damos cuenta, es que no somos nada de lo que sospechábamos al principio porque, como dije antes, el papel de las sensaciones en la construcción de la realidad es fundamental.
¿Ven? ¿Ven el poder de la palabras? ¿Ven el poder de las palabras para construir una falacia, para comprender mundo?
¡Imagínense nada más! ¡Lo que un crucigrama es capaz de construir! A veces así me represento la propia vida: como un crucigrama. Aunque dejo de representármela así cuando me doy cuenta de lo aburrida que es esa figura. Entonces pienso en una sopa de letras. Ah, las sopas de letras. Pero las sopas de letras de verdad… He ahí letras que hacen palabras y palabras que son capaces de alimentar al cuerpo.
Ahh, las sopas de letras… No se me olvidará nunca cuando en mi pubertad compré el primer disco de Molotov y mi mamá me regañó por poner en mi grabadora la canción de ‘puto’.
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Responses

  1. Una circustancia se convierte en problema cuando se denuncia, por lo menos esto pasa en la mayoría de los casos. Lo que dices me recuerda mucho algunos pasajes del Antiguo testamento, donde afirman que no se puede decir el nombre de Dios, ¿acaso Dios comenzaría a existir si dijeran su nombre? No lo sé. Pero, a veces, con tan sólo enunciar algo, basta para que ocurra. Pienso en las novias y los novios que lo son hasta que alguno de los dos se atreve a decirlo.

    Apoyo el poder de la palabra y cuando estoy con Clarice Lispector, me doy cuenta de que ese poder realmente existe. También me gusta la sopa de letras, aunque prefiero los fideos.

  2. A mi me recuerda a Koeger LeGuin y a V. Vi veri veriversum vivus vici.

  3. “Sopa de letras, jugando en un tazón, muévelas, cámbialas, forma una oración. Escribe lo que quieras, y canta ésta canción”, me recuerdas a Gaby Rivero y creo que a las gemelas Ivonne e Ivette.


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