Posteado por: Diego I. Rosales | 11 abril 2007

Sonata para los Otros

La vida de los otros es una gran película. Situada en 1984, año que ya ha conquistado bastante fama (Orwell con su novela, Martin McFly y su viaje al futuro, o al pasado ya no sé, la marca de ropa, y ahora ‘Das Leben der Anderen’ de Florian Henckel-Donnersmarck), narra lo que le sucede a un espía comunista que se pone a hacer su trabajo con un escritor.
El régimen comunista se revela como cuasi absoluto y se demuestra como la subjetividad concreta de los individuos puede más que el totalitarismo que priva de todas las libertades.
El caso es que hay una escena que me conmovió no sólo hasta los tuétanos sino lo que le sigue. Un amigo del escritor le regala al escritor un escrito que tenía escrita la partitura de una música bellísima. Bellísima como ella sola, porque el escritor dice: ‘cualquiera que haya escuchado esta música no puede ser malo’, así que nomás imagínense cuánta belleza tenía esa música.
La película es un canto, u oda según se prefiera, al agradecimiento. Toda la inteligencia de un hombre es puesta al servicio de otro que, con su simple vida, le muestra al comunista ése que la soledad es lo último que desea el hombre. O sea, estar solo será siempre una condena para quien busque un ideal, no por su ideología, sino porque verdaderamente está convencido de la capacidad de transformación del ser humano.
El film, como a veces me gusta llamarles a las películas, tiene de todo: drama, tragedia, historia de amor, cursilería, violencia, buenos diálogos a lo Tarantino.
La verdad sí se merecía el Oscar, sobre todo porque muestra genialmente (entrelazando al final todos los sucesos) esa condición humana que anhela cosas y no las encuentra pero que, a pesar de no encontrar ese infinito, hay algunos momentos agradables, instantes que podrían ser absolutos. En este caso: es el agradecimiento el que el espectador espera. Así que como un buen constructor de historias, Henckel nos regala el buen final eucatastrófico que satisfaga los deseos más íntimos y más reales no solo de los personajes representados, sino del espectador mismo. Porque como una buena obra de arte del siglo XXI, sólo es completada hasta que alguien la ve y la disfruta.
Las palmas para Henckel, por haberme hecho comprender cómo las únicas sonatas que valen la pena son las que son para los buenos hombres.
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Responses

  1. No me he decidido a verla, pero creo que tu post me ha quitado un poco las ganas. Tal vez la rente algún día.

  2. Me gusta escuchar que sí, que podemos ser libres, a pesar de todo, aunque el sistema sea absoluto y omnienglobante. Es una gran peli.

  3. No, en imago et littera van solo algunas películas y sólo algunas reseñas de libros.
    Pronto verás actualizaciones allá.

  4. Oquei. Otro post que debería estar en Imago et Littera.

    No sabes cuánto te agradezco.


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