Posteado por: Diego I. Rosales | 13 junio 2007

De juegos y vida cotidiana

El dominó es una cosa buena. Cada ficha está dividida a la mitad y cada una de estas mitades tiene una cierta cantidad de puntos. O ningún punto. Las fichas pueden ser de cualquier material sólido que no permita ver, por el reverso, la cantidad de puntos de las fichas, de manera que la intimidad de éstas se respete y sólo pueda acceder a ellas el dueño de las fichas.

Deben ser cuatro jugadores. Hay quienes, cuando se dan cuenta que sólo son tres jugadores, improvisan un ‘beisbolito’ (se juega diferente, aunque el sistema de juntar partes iguales no se ve modificado), pero eso es sólo un poco divertido, no tanto como el dominó dominó.

Los cuatro jugadores se sientan en unas sillas alrededor de una mesa, de preferencia cuadrada para definir bien el campo de cada uno de los participantes. Se juega por equipos de dos integrantes, que se definen por la posición de los jugadores en la mesa: los dos jugadores de un equipo están sentados frente a frente. Para saber quién es tu contricante, sólo deberás voltear a la izquierda o a la derecha o ambas y ver la cara de las personitas ahí sentadas. Para saber quién conforma el resto de tu equipo, sólo deberás abrir los ojos y dirigirlos al frente, ahí está tu ‘compañero’. A mi modo de ver las cosas llamarle así resulta un poco morboso porque todos en el juego se acompañan yme recuerda en alguna medida al concubinato. Aunque no tendría por qué se rasí. Hay quien, en cambio, le llama ‘pareja’, pero eso resulta todavía más morboso y muy malo. Ni que estuvieramos bailando o fuéramos policias. Pero esto no es tan importante.

Una vez que los jugadores están sentados y con todas sus ilusiones en el triunfo, cada uno toma siete fichas al azar, sin ver qué cantidad de puntos tiene. Si ve es trampa y en una cantina le cortarían la mano. Los cuatro jugadores deberán acomodar sus siete fichas, puede ser de manera horizontal o vertical sobre la mesa, pero he de decir que se estila más la posición vertical y colocándolas en fila de manera que se pueda tener una primera aproximación al tipo de juego en un sólo vistazo. Esto respecto a la forma de las fichas.

Respecto al contenido, también existen teorías sobre el modo en que deben acomodarse. Lo más normal es acomodarlas de mayor a menor o de menor a mayor, pero eso no se dice y por eso no lo escribiré ahora. Porque, oh, lector mío, deberás saber que hay en el dominó muchas cosas que no se dicen. De hecho, una de las reglas es que no se debe decir nada. Sin embargo, ahora que el juego ha ido adquiriendo popularidad, los jugadores se permiten soltar ciertas frases al aire, tipo: “órales mano, sí sacaste el petróleo”, “¿por qué te doblas siempre?, cabrón”, “salud” o “me metiste un gol” -entiéndase que por analogía con el futbol-.

El juego comienza cuando el que tiene la ficha de más puntos: 6 puntos de un lado y 6 puntos del otro, la pone. Debe colocarla bocarriba (puntos arriba) y de manera horizontal (las fichas no pueden ser cuadradas, sino rectangulares) respecto de su pecho. Si no se hace esto, los contricantes tendrán derecho a sospechar de él.

El siguiente turno es de quien esté a su derecha. Éste deberá colocar una ficha que tenga, en una mitad un 6 y en la otra cualquier otro número, pongamos por ejemplo, 6-3. Quedará así un sistema de dos fichas: de un lado un 6, (gracias al doble 6) y del otro un 3. El siguiente jugador deberá mirar en sus propias fichas si tiene un 6 ó un 3, puesto que esos son los extremos del nuevo sistema que se ha formado. Si lo tiene, deberá colocar la ficha elegida (el 6 ó el 3) en contacto con la ficha que colocó uno de los jugadores anteriores.

Así se jugará, de turno en turno, siempre hacia la derecha, de modo que se vaya construyendo un ‘caminito’. Gana el que termine primero de acomodar sus fichas en el caminito. Inexplicablemente, también ganará su ‘compañero’.

Solución a dos problemáticas (FAQ’s):

a) ¿Que pasa si a todos se nos olvida de quién es turno?

Lo primero es no perder la calma. El procedimiento es el siguiente: alguien preguntará: “¿A quién la va?” o, en su defecto “¿A quién le toca?” A esto se deberá responder automáticamente: “Al que pregunta” y así es como se soluciona el problema.

b) ¿Qué pasa si un jugador ya no puede tirar porque no hay ningún ‘match’ entre sus fichas y las que están bocarriba en la mesa formando un caminito?

Si el jugador en turno no tiene una ficha en la que al menos una mitad sea igual a al menos uno de los extremos de la cadenita o caminito que se ha ido construyendo, deberá decir ‘paso’ y ceder su turno al jugador de la derecha. Hay quien dice ‘paso sin ver’, pero eso es teto. De hecho, es muy teto. Es tan teto que si alguien lo hace se le deberá dar un puntapié en su trasero o en la espinilla, según se le traigan ganas, y así sacarlo del juego. En otros paises, creo que en China y en Mauricio, se permite patearle los huevos.

Y quiero una playera así:

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Responses

  1. Según yo, para jugar dominó bien, bien, bien… sólo puede haber música…

    La tele prendida le da en la madre al juego y multiplica exponencialmente la cantidad de veces que se pregunta “¿A quién le toca?”

  2. Yo no soy aficionada al domino ni una super jugadora, pero si quede sorprendida cuando fui a un viaje y vi que nuestros vecinos no tenian ni la mas minima idea de como jugarlo. Y creo que les costo bastante trabajo entender (y no fue por diferencia de idioma).
    Y estoy de acuerdo que debe ir acompaniado de chatarrita (como dice una amiga mia de 7 anios). Jejeje!

  3. ¡Hala!

    Con excepción de lo que hace ver existencialista (que se debe acompañar d cacahuates y así), ¡salud! Es como deleitarse con Cortázar hablando de escaleras.

  4. Se descubrió que en algunas regiones del planeta no muy distintas, (digase E.E.U.U.) piensan que el dominó es un juego de niños, de esos que vienen en los libros de ejercicios y que los peques recortan con sus tijeras y que no tiene otro propósito más que los niños junten los números iguales para hacer caminitos.
    Quedaron sorprendidos cuando se explicó a algunos norteamericanos y otros extranjeros la complejidad del juego y que además se debía acompañar por cacahuates, chicharrón y cerveza, un partido de fut (o en su defecto de americano; nunca beisbol).
    Es como “ajedrez con ambiente de cuates pero no tan majadero como el poker”, pensamos escucuchar.


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