No como sino con

No se trata de vivir como Cristo sino de vivir con Cristo.

No hubiera sido Compañía sino Remedo.

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7 comentarios sobre “No como sino con

  1. Sí, creo que sí. Pero como una consecuencia natural de la esperanza que la compañía de Cristo provoca. A mi modo de ver, la esperanza del cristiano implica, ella misma, una responsabilidad de llevar y anunciar la esperanza. Y en ese sentido, el cristianismo implicaría un ‘hacer’, es decir, una consecuencia práctica sobre lo que hemos de hacer con nuestras vidas. Un ‘vivir como Cristo’, como tú lo señalas.
    Pero debemos cuidarnos de dos cosas, según yo: de confundir el encuentro con Cristo con la imitación de Cristo. El cristiano no es quien lo imita, sino quien se lo ha encontrado y, como producto y consecuencia de ese encuentro, resulta que ya vive como Cristo e intenta vivir como Cristo. Aunque a veces no pueda. Y a pesar de que no pueda.
    Y en segundo lugar, cuidar que esa consecuencia sobre el ‘hacer’ no se traduzca en ‘un particular modo de hacer’, es decir, en el cumplimiento de una lista de normas morales para buscar la perfecta imitación.
    Porque me parece que lo que salva no es que seamos como Cristo, sino que Cristo sea como nosotros. Lo que salva no es la divinización del hombre, sino la ‘kénosis’ de Dios. Por eso, a mí en lo particular me resulta más o menos molesta esa frase de: “Sé recio.- Sé viril.- Sé hombre.- Y después… sé Ángel.”
    Porque descuida uno de los elementos esenciales de Cristo: el punto no es angelizarnos, sino el hecho de que Dios es ahora, también, hombre.

    Pero debo pensar más sobre esto.

  2. Sí, creo que sí. Pero como una consecuencia natural de la esperanza que la compañía de Cristo provoca. A mi modo de ver, la esperanza del cristiano implica, ella misma, una responsabilidad de llevar y anunciar la esperanza. Y en ese sentido, el cristianismo implicaría un ‘hacer’, es decir, una consecuencia práctica sobre lo que hemos de hacer con nuestras vidas. Un ‘vivir como Cristo’, como tú lo señalas.
    Pero debemos cuidarnos de dos cosas, según yo: de confundir el encuentro con Cristo con la imitación de Cristo. El cristiano no es quien lo imita, sino quien se lo ha encontrado y, como producto y consecuencia de ese encuentro, resulta que ya vive como Cristo e intenta vivir como Cristo. Aunque a veces no pueda. Y a pesar de que no pueda.
    Y en segundo lugar, cuidar que esa consecuencia sobre el ‘hacer’ no se traduzca en ‘un particular modo de hacer’, es decir, en el cumplimiento de una lista de normas morales para buscar la perfecta imitación.
    Porque me parece que lo que salva no es que seamos como Cristo, sino que Cristo sea como nosotros. Lo que salva no es la divinización del hombre, sino la ‘kénosis’ de Dios. Por eso, a mí en lo particular me resulta más o menos molesta esa frase de: “Sé recio.- Sé viril.- Sé hombre.- Y después… sé Ángel.”
    Porque descuida uno de los elementos esenciales de Cristo: el punto no es angelizarnos, sino el hecho de que Dios es ahora, también, hombre.

    Pero debo pensar más sobre esto.

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