Posteado por: Diego I. Rosales | 27 enero 2009

La señora responsable

Confieso que he leído poco a Hannah Arendt. Únicamente algunas partes de The Human Condition y entero, eso sí, The Origins of Totalitarism. Y párale de contar.

A pesar de tal manquedad, paréceme que es una filósofa agudísima y genialísima. Ayer terminé de leer Collective Responsibility, un ensayo publicado en 1968, a propósito de la responsabilidad que tenemos todos -como parte de una colectividad- de las atrocidades que el grupo humano al que perteneciéramos perpetrara, aún cuando nosotros no hubiéramos tomado parte activa en dicho crimen.

No se refiere a ningún hecho histórico en concreto, aunque hace alusión tanto a la guerra de Vietnam como, obvio, a la segunda guerra mundial. Su punto es el siguiente, y con ello comienza el trabajo: no hay tal cosa como la ‘culpa’ respecto de hechos atroces en los que nosotros no tuvimos parte, pero que fueron provocados por nuestra comunidad en nombre de la comunidad. En cambio, sí existe una responsabilidad por ese acto. En este caso, la culpabilidad es la carga moral que un individuo en su conciencia puede o no sentir. En cambio, la responsabilidad es la obligación de hacerse cargo por enmendar el hecho.

Esto, además, no solamente aplica para actos negativos, sino también para los positivos, o buenos: un acto heroico hecho por mi comunidad no tiene por qué atribuírseme y, en esa medida, no debo ser yo llamado “héroe”, pero sí es posible que yo disfrute legítimamente de los premios que mi comunidad ha conseguido, en tanto que soy miembro de ella y el acto fue hecho en su nombre.

Piénsese en un padre noble: yo no cargo con sus culpas, pero sí soy responsable de enmendar lo que hizo mal. O yo no soy un héroe, pero sí heredo la buena fama y en su nombre puede retribuírseme un bien que él hizo. El argumento es significativo sobre todo para que podamos culpar realmente a los culpables: culpable es únicamente aquél que hizo mal las cosas, responsables, en cambio, somos todos. Sobre todo porque “donde todos son culpables, ninguno es culpable”. Ilustrémoslo con el holocausto que, por obvias razones, viene a la cabeza.

No todo alemán es culpable de lo que sucedió en Auschwitz. Son culpables únicamente los que provocaron deliberadamente la matanza. Pero el pueblo alemán todo es responsable de lo que se hizo en nombre de Alemania. Un alemán de hoy no puede ser ‘culpado’ por la Shoá. Pero sí es responsable de ella y en esa medida es su obligación enmendar a su pueblo. Arendt juzgaba así a los SS, que dicen que únicamente siguieron órdenes: quizás, en una de ésas, dado que su vida dependía de ello, no son culpables strictu sensu (aunque aquí podría haber ‘grados’ de culpabilidad), pero sí son responsables de sus actos y por tanto deben enmendarlos.

Esta reflexión de la señora Arendt me resultó sumamente significativa, pues en el fondo apela a dos nociones que no explicita y, hay que decirlo, quién sabe si ella las comparta o realmente su razonamiento las presuponga. Me refiero a:

a) Una noción de tradición
b) Una noción comunitaria de ser humano.

Por a) me refiero que la tradición, la historia, en tanto que es entrega de cultura a través de las generaciones, es también forjadora de identidad de los seres humanos venideros. Sólo en ese caso es posible atribuir responsabilidad a los futuros de lo que hicieron sus ancestros. Pero la distinción Arendtiana no sólo aguda por eso, sino también porque permite hacer responsables a la nuevas generaciones sin juzgarlas como ‘culpables’.

Esto explica, en buena medida, o quizás esté más bien inspirado por, la doctrina del pecado original. Si bien no somos culpables de la caída de Adán y Eva, sí somos responsables de ella y debemos en nuestra vida remediarla.

Por b) me refiero a que la única manera de justificar la atribución de responsabilidad por actos en los que yo no he participado, es que de alguna manera esté yo ligado moral o jurídicamente con el individuo que cometió la acción en nombre de la colectividad a la que ambos pertenecemos. Una manera de justificar el hecho de que un individuo sea responsable de otro es cuando nos damos cuenta de que los individuos no pueden realizarse si no es junto con los otros. Y esto es más fácil de ver cuando dejamos de hablar de individuos y comprendemos al ser humano como persona.

La noción de persona, aún con todo lo problemática que es, permite afirmar la necesidad de la comunión y de la comunidad para la realización de lo plenamente humano. Así, me parece que el pensamiento de la señora Arendt permite afirmar dos cosas sobre el ser humano: por un lado, que siempre se realiza dentro de una tradición y esta tradición forma en buena medida su identidad y, por otro lado, que su realización depende de una comunidad y que necesita de ésta para formar y construir su subjetividad.

Así, tenemos una noción de identidad que saca al ser humano de su propio cascarón y que lo convierte en un agente moral no encalustrado en sí mismo, sino que la vocación hacia los otros es el presupuesto que necesita toda ética y todo sistema de pensamiento para poder hacerlo sostenible y aplicable, en un mundo en donde existe el mal y casi nunca hay responsables.

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Responses

  1. ¡Excelente entrada!

    ¿Sabes dónde puedo conseguir el texto?

    Porque últimamente me he metido en discusiones acerca del papel del Ejército Alemán y la rama armada de las SS en las atrocidades cometidas durante la guerra y su participación en el Holocausto. Y esta distinción entre culpa, aplicable sólo al individuo, y responsabilidad de un colectivo, ha sido súmamente útil.

    Además, sobra decirlo… Arendt es una de mis autores favoritos.

    Un saludo.

  2. Creo que es esta visión o alguna afín a ella le falta a la sociedad de hoy. Como bien lo has dicho al final de tu ensayo, vivimos en un mundo sin responsables. “Yo no tengo por qué pagar por algo que no hice”, o incluso “Hice lo que tenía que hacer”, olvidando que más que individuos somos parte de un todo, y que las acciones tomadas o dejadas por algún miembro repercuten en la comunidad.

  3. Creo que es esta visión o alguna afín a ella le falta a la sociedad de hoy. Como bien lo has dicho al final de tu ensayo, vivimos en un mundo sin responsables. “Yo no tengo por qué pagar por algo que no hice”, o incluso “Hice lo que tenía que hacer”, olvidando que más que individuos somos parte de un todo, y que las acciones tomadas o dejadas por algún miembro repercuten en la comunidad.


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