Posteado por: Diego I. Rosales | 10 marzo 2009

Servir, que no ayudar, a los pobres

La Confesión, de Javier Sicilia, es una novela sobre la pobreza. Sobre la miseria humana y el pecado. Que salvan. 

Las comparaciones con Bernanos o con Greene no se han dejado esperar. Sin duda Sicilia se inscribe en esa tradición del católico que conoce a Cristo en la cruz, del católico que sabe que Cristo descendió a los infiernos y con ello garantizó que hasta en la más honda soledad es posible encontrar la esperanza que ofrece el Cuerpo de Cristo.
Sicilia quiere una Iglesia Católica, no una Iglesia puritana y ‘pruritana’. Quien recibe la gracia de Dios, es el que se deja sorprender por su amor, no el que llena su cuerpo y su persona de adornos virtuosos. Hay quienes acusan a Sicilia de jansenista, de poner un énfasis especial en el abajamiento de Cristo (kénosis), de exagerar la Encarnación al punto de convertir a Dios en un ‘necesitado’ de los hombres. Pues nada más católico.

La Confesión no es solamente el itinerario místico de su autor. Es un ‘statement’. Sobre todo el final y algún personajillo que aparece por ahí en las últimas líneas del libro, conforman un grito de protesta al aburguesamiento de la Iglesia. 
Porque defender a la familia es importante. Y muy fácil, sobre todo si se tiene un golden retriever y una minivan en donde meter a los 4 niños rubios. Pero defender a la familia en donde está destrozada, en donde hay podredumbre, miseria y mal olor, literal, mal olor, es mucho más difícil. Amar a Cristo en su barca es bueno. Y hasta aventurado. Es un reto para la audacia de quien es líder y quiere cambiar al mundo: ‘subámonos a la barca del pescador, y convirtámonos en pescadores de hombres’. Claro. Eso es ilusionante y atractivo. Pero cuando Cristo es saliva escupida en el rostro, cuando es gérmenes y sida, cuando Cristo es lupus y deformación, entonces la cosa ya no es tan bonita. Cuando Cristo es  lo que nuestros ojos ven como ‘pecado’, como ‘perversión’, como ‘anormalidad’, cuando Cristo es aquello que rechazamos en pos de una correcta moral, cuando Cristo se encarna en vejamiento, cuando Cristo es ‘impureza’, entonces lo rechazamos y lo señalamos como el mal que hay que despreciar, porque ‘nosotros sí somos buenos’. 
Sicilia se enfrenta con la carne real de la realidad humana y encuentra en su miseria la más profunda gracia salvífica del Espíritu. Creo que eso quiere decir en La Confesión. Más allá de sus quejas ante la modernidad y de su nostalgia de un mundo otrora real y hoy únicamente idílico. Más allá de sus lamentos frente a una Cristiandad ya desaparecida y un modo rural de la humanidad de resolver su existencia, la novela de Sicilia es definitivamente encuentro. Encuentro y confesión. Su confesión. La de Sicilia. Pocos libros he leído tan personales y entrañables. El autor se revela ante el mundo, quizás para no rebelarse contra Dios. El autor se confiesa y, por cierto, mira con esperanza a quien ante los ojos del mundo es un condenado pederasta. Ésa es la lección. Que la gracia puede más que la voluntad. En todos.
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Responses

  1. Excelente reseña, impecablemente bien escrita. Y con fondo propio. ¡Enhorabuena!

  2. Excelente reseña, impecablemente bien escrita. Y con fondo propio. ¡Enhorabuena!

  3. A mí también se me antojó, amigo. Y sí: ese el único catolicismo.

    Gracias,

    P.S. Me da harta tristeza que no nos veamos con más frecuencia. Ayúdame, amigo, ayúdame.

  4. ¿Por qué es jansenismo insistir en la kenosis? ¿Por qué usar jansenismo como mala palabra? No tiene que ver, pero a propósito de la alusión a la familia y de la postura de la “Iglesia” ante ella: pues estoy harto de que el clero se siga arrogando el nombre de Iglesia, y de madre y de maestra (aunque el clero se llame Juan XXIII). No aguanto más que se le llame magisterio de la Iglesia a un cuerpo anómalo de doctrinas decretado por una instancia burocrática y clerical y a dicha instancia. Pierdo la paciencia cuando una bola de giles con mentalidad de abogado se atreve a expresar que quien no se ajusta a las opiniones del “magisterio”, por definición, deja de ser católico, como si al clero le fuera dada la facultad de definir lo que es catolicismo y lo que no.

  5. Ya hasta se me antojó. Muy bien.

  6. Gracias, amigo. Muy bien. Te comparto mi propia lectura de esta entrañable novela:

    http://hapaxes.blogspot.com/2009/03/sobre-la-confesion-el-diario-de-esteban.html


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