Posteado por: Diego I. Rosales | 15 junio 2009

Por si alguien dudó

de la influencia de Albino Luciani en el futuro de la Iglesia…

Luciani y Wojtyla

… y hay más…

Luciani y Ratzinger

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Responses

  1. Pendejo Escamilla: confundirme con el puto de Sergio. Él ni te habla, no mames.

  2. Sergio: un abrazo.

  3. Yo no cacho. ¿Cuál fue su influencia? ¿Salir en la foto con los dos últimos papas? ¿Morir misteriosamente a los pocos días de su pontificado y dar rienda suelta a una futura industria del cine y la novela de “Selector” sobre conspiraciones vaticanas? Ah, ya sé. Era un chiste local que continuó con las “intensidades vaticanistas de la reunión del sábado pasado.

  4. Mira: parece que Pablo VI dio la púrpura cardenalicia a Juan Pablo I, a Juan Pablo II y a Benedicto XVI… Eso según Wiki: http://es.wikipedia.org/wiki/Categoría:Cardenales_nombrados_por_Pablo_VI.
    Mira, tú…
    ¿Qué más habrá?

  5. ¡Pero si totalmente! ¿Continuando con las intensidades vaticanistas de la reunión del sábado?
    Hay por ahí un “fans” de Pablo VI que quizá te diría que Pablo VI es el auténtico autor intelectual (el chiste de la referencia policiaca es mío) de la Iglesia contemporánea. Sería interesante preguntarle a Ululatus la relación entre Juan Pablo I y Pablo VI. Aunque quizá esté en la Wiki también.

    • A la orden…

      Tal como dije en aquella ocasión, el proyecto de pontificado montiniano (que no voy a describir aquí) tenía dos herederos legítimos: Giovanni Benelli y Albino Luciani. El primero no nada más por ser el hijo pródigo y la mano derecha de Pablo VI (y, por tanto, responsable tras bambalinas de ese mismo pontificado), sino porque era, él sí, marcadamente liberal: Pablo VI corregido y aumentado.

      Don Albino, por otra parte, era de personalidad más afín a Montini e igualmente santo: afianzado en una piedad fuerte y tradicional, era un hombre de diálogo y que tenía confianza en el mundo moderno. Su talante pastoral en el Véneto y en Venecia fue conciliador, oscilando a la ‘izquierda’ y a la ‘derecha’, fiel a la Tradición y a los signos de los tiempos. De hecho, sus 33 días de pontificado nos muestran muy bien su estilo, que compensaba la falta de carisma de Pablo VI: el Papa sonriente, humilde, amoroso, que no pontifica, enseña, cual párroco en el catecismo dominical.

      Con su muerte, también murió ese estilo de Papado conciliador, peligroso y cuestionable, quizás, pero moderno y evangélico. Sabemos que lo sustituyó un Pontífice tan culto como Pablo VI, tan santo como Juan XXIII, tan carismático como Juan Pablo I, pero con una idea de Iglesia y de autoridad (para bien y para mal) igual a la de Pío XII.


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