Posteado por: Diego I. Rosales | 13 octubre 2009

Nueva ciudadanía, luz y fuerza

No hace falta repetir los sucesos del pasado sábado, cuando el presidente Felipe Calderón emitió el decreto con el que ponía fin a Luz y Fuerza del Centro. No soy un conocedor, pero desde mi punto de vista de ciudadano, y de habitante de la ciudad de México (habitaba allí hasta que vine a Querétaro, hace un año y 10 meses), me da la impresión que Luz y Fuerza no era una gran empresa. Creo que está fuera de discusión el hecho de que había agotado sus posibilidades de ser rentable, que estaba llena de corrupción y que su servicio era malísimo. No conozco los números de cerca, no vi jamás ningún estado financiero, pero sí tuve la experiencia como cliente, y como ciudadano, de su ineficacia.

Lo que me parece importante ahora no es tanto discutir si finacieramente fue una buena decisión, pues parece que queda claro que sí, sino si lo fue políticamente. Sé que la pregunta es tramposa, pero es tramposa por tratarse de este país y por el uso que damos al concepto de ‘bueno en términos políticos’. Parece que algo ‘bueno en términos políticos’, se refiere a aquella decisión en la cual el agente que ha tomado la decisión y/o que la ha llevado a cabo ganará votos con ella. En otros lugares, eso es simplemente populismo en lenguaje vulgar, y demagogia, en lenguaje culto. Cuando decimos que alguien actúa ‘políticamente’, o cuando decimos: ‘es que es por razones políticas’, nos referimos a que la motivación de esa persona fue ganarse a un público para las próximas elecciones. Ya sea para su propia personita, o para su partido.

Felipe CalderónEn este sentido, la decisión de Felipe Calderón fue completamente antipolítica. De hecho, en ese sentido puede ser calificada como una de las decisiones más estúpidas en términos ‘políticos’.

Pero ése no es el único sentido de ‘lo político’. Es más, diría yo que referir el término ‘político’ a la demagogia es un uso sumamente ruin. Lo ‘político’ es, más bien, aquella acción que crea bienes públicos, que fomenta la participación ciudana y que, en fin, promueve la responsabilidad que los ciudadanos tenemos hacia los otros. En este sentido, una decisión ‘política’ será una decisión responsable, que ponga sobre la mesa la necesidad de construir comunidad, a sabiendas de que eso nos toca a todos.

Una empresa como Luz y Fuerza del Centro no hacía más que vivir parasitariamente y sostener miles de empleos inútiles a un costo muy alto. No fue una decisión agradable, pero sí que fue una decisión responsable. Por ello, fue una decisión completa y plenamente polític,a y por ello es posible señalar a Felipe Calderón como un buen político.

La principal venda que cubre los ojos a la sociedad mexicana, en este caso concreto, no es otra que el culto a los sindicatos, y el socialismo pésimamente entendido que permea a toda la izquierda. “El trabajador es el oprimido”, “los ricos son malos”, “los empresarios son del diablo”, “los pobres somos los buenos”, proposiciones trasnochadas, que encuentran su justificación en ideologías pasadas de moda.

Ya basta de sandeces, y ocupémonos por generar bienes públicos. Una correcta comprensión del estado, a mi juicio, no buscará que el estado dé empleo, o que el estado sea quien genere bien común. El estado debe, únicamente, poner las condiciones necesarias para que Sindicato mexicano de electricistaslos privados generen empleos, bienes públicos y bien común. En ese sentido me proclamo un liberal: el estado debe sr mínimo. Pero me proclamo un socialista también, en el sentido de que los privados debemos ver siempre por el bien de los otros, incluyendo el propio bien, pero teniendo al otro, especialmente al desvalido, como el criterio último de acción. Así: si no tenemos trabajos, es nuestra propia responsabilidad crearlos para nosotros. La inciativa privada, por ello, no es mala per se. Creo que concebirlo así es bastante retrógrado e imbécil. Al final del camino es la empresa privada la que da trabajo. El gobierno puede hacerlo, pero la esencia del gobierno no es dar trabajos, sino regular la convivencia. Para eso se requieren, por supuesto, empleos, pero ésa no es su finalidad. Creémos empresa, creémos comundiad, dejemos de idolatrar figuras ancestrales como los sindicatos, y dejemos que nuestra libertad y la conciencia de la responsabilidad que tenemos con los otros sean las que nos saquen adelante, sean las directrices de nuestras decisiones. Si no tenemos empleos, genrémoslos nosotros, organicémonos. Seamos nosotros quienes dirijamos el futuro de esta querida comunidad que se llama México. Seamos los mexicanos quienes lo hagamos, no papi gobierno.

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Responses

  1. Thank you for reading.

  2. get a life!!

  3. Tienes razón. En un comentario que dejé por aquí hace unos meses ponía que lo que la democracia mexicana necesita es sentido del sacrificio. Y Felipe Calderón, hasta ahora, es el único político que es capaz de sacrificar su imagen pública por el bien del país… Pero la oposición nunca se lo va a reconocer, porque eso significaría perder puntos. ¿Cuándo vamos a ser un poquito civilizados?


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