Posteado por: Diego I. Rosales | 28 octubre 2009

El yo y su cerebro

Tomo el título de este post del afamado libro escrito por Karl Popper y John Eccles. Aunque el título del libro, junto con -quizás evidentemente- su contenido se refieren a un problema filosófico en concreto, a saber, aquel problema surgido por el dualismo en el que parece problemático que la mente pueda surgir del cerebro, yo me refiero a otra realidad, a saber, al hecho de que a pesar de que los seres humanos solemos tener un cerbro, también es bastante común no solamente considerar a los demás sino considerarnos a nosotros mismos como si careciéramos totalmente de materia gris.

Generalmente pensamos de nosotros mismos que somos tontos. Si nos concibiéramos como agentes inteligentes y tuviéramos fe en nuestras potencialidades lo equivalente a un grano de mostaza, entonces el mundo sería otro. Porque no hay mayor mal que aquel que dejamos que suceda. Si tan solo creyéramos que somos capaces de hacer bien las cosas, estaríamos convencidos de que Elba Esther Gordillo debe desaparecer de este país y quizás también del mundo entero, estaríamos convencidos de que los diputados plurinominales son una farsa, un abuso de poder, un robo y una corrupción indecentes, tendríamos la seguridad de que no hace falta estudiar una carrera universitaría, no querríamos que el presidente o el PRI o el PAN o el PRD o la selección o el cuau o las chivas o mi mamá o tu mamá nos dieran trabajo y nos solucionaran los dramas vitales.

Es así que parece que no tenemos cerebro. Parece. Porque de que tenemos tenemos. Somos como Tomás, y queremos meter los dedos en esa viscosa materia gris, que está gris no por su materia sino por lo triste que se ha vuelto y lo aburrida que ha de estar al no tener actividad alguna. Así es el cerebro: gris, aburrido, como de señor desencantado, como los hombres grises de Michael Ende (que, por cierto, se dice Mijael, no Maicol). Y mientras el cerebro no se desaburra y dee de ser gris, no vamos a hacer mejor las cosas, no yendo -como quien dice- a bailar a Chalma.

Nuestro cerebro está aburrido. Y es que ¡cómo cuesta trabajo despertarlo, caray!, si el adolescente medio escribe como si no hubiera lectores y bebe como si no hubiera un mañana. Lee como si no fuera importante leer y usa juegos de video como si no hubiera cascadas, peces en el mar o aves en el cielo. Ése es nuestro problema: el yo no se identifica con su cerebro, porque parece que no lo tiene. Parece que no lo tenemos. Y no solamente porque somos tercos y tontos, sino porque nos encanta serlo, y regodearnos en la estupidez. No quiero entrar en el ya trillado tema, aunque bien tratado por primera vez por Ortega, del Hombre-Masa, pero sí que quiero sacar a la luz -para que se vea- como nuestros queridos hijos, alumnos, pupilos, ahijados, sobrinos, niños, en fin, nuestras nuevas juventudes son bestias acéfalas funcionales. Y si no nos encargamos de quitarles lo analfabetas, entonces los descerebrados somos también nosotros. Aunque eso sea cansado y agotador.

Vean cómo el cerebro gris:

encefalo horizontal

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Responses

  1. De acuerdo. Sé exigente con tus alumnos, es un primer paso. Ya estuvo bueno de criar zánganos… Entre nosotros, discutamos, recetémonos libros, etc. Los extraño. ¿Cuándo los veremos? Abrazos…


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