300

El domingo pasado fui al cine y vi 300.

A mi parecer, una gran película. Por un lado, tenemos una gran guión, con una estructura compleja y por el otro a sus personajes que, a pesar de ser simples, están trabajados. La manera en la que se le da tratamiento… bla bla bla.

A veces -en donde ‘a veces’ quiere decir ‘siempre’- detesto el lenguaje que utilizan algunos críticos o comentadores de películas o de literatura para hacer un ‘análisis’ (ya la palabra ‘análisis’ me repatea los cojones) sobre el libro que leyeron o la película que vieron. ¿Por qué no simplemente decir: “me gustó porque es emocionante, algunas partes son asquerosas y en otras simplemente me dormí” o algo como esto: “el libro está bien chafa, todo lleno de lugares comunes, algunas frases sueltas son buenas, pero no logran emocionarme y hacer que quiera seguir leyendo hasta el final”?

¿Por qué hay un lenguaje técnico para todo? Si bien es cierto que para garantizar cierta sabiduría sobre algo es necesario que ese saber genere su propio vocabulario, ¿por qué tiene que convertirse todo en un lugar común nefasto y artificial? Es como si para ser un buen crítico tienes que usar frases como: “me parece que la estructura del guión…” o “el fundamento de la novela es…” o “el hilo argumental [jajaja, qué cagada frase: ‘hilo argumental’]” o “la fotografía no le ayuda mucho, ya que la temática que plantea necesita de un arte mucho más maduro”, y un sinfin de graciosidades.

O, más allá de ser un buen crítico, es como si para poder apreciar una película y luego comentarla, necesites de ese lenguaje y esas ridiculeces cursis que sólo falsan una buena conversación sincera.

Cada vez que bebo una buena cerveza la disfruto y ya está, no tengo que pregonar la calidad de la malta y el sabor amargo que deja la espuma en mi paladar. Sólo digo: ‘maldita sea, esta cerveza está buenísima’ -se comprende que el ‘maldita sea’ no quiere aquí maldecir, sino agradecr al buen Dios haber permitido la invención de tal brebaje-. No tengo que dar a conocer los procesos de cultivo y fermentación para poder acreditarme como un buen cervezófilo.

Y nadie podrá negar que para disfrutar de una buena cerveza se requiere la misma sensibilidad que para poder disfrutar una buena película o una pieza literaria.

Por cierto, ‘300’ está poca madre.
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