Babel

Traducir un libro, ¿es como doblarlo o como ponerle subtítulos?

Anuncios

No hay de otra

¿Amarse primero a uno mismo?
Deseo del Burgués de cintura ancha, incapaz de mirar que sus propias espaldas están sostenidas por otro. El Burgués es tan gordo que ocupa el espacio de los demás y por ello exige que el amor primero sea el de uno mismo. El amor a sí mismo no es sino resultado secundario, consecuencia de aquella experiencia primigenia del Amor: yo soy amado.

Soy amado, ergo sum.

“Pero es menester primero amarse uno a sí mismo”, dice el Burgués. Claro, si uno piensa que de lo que se trata la vida es de darse convites y sobarse el ombligo con las yemas de los dedos.
El hecho de que el amor primigenio sea el que nos es dado implica consecuencias sumamente indeseables y trágicas para la papada granosa del Burgués: el nada fácil e incómodo imperativo de ‘amar al otro’, de dejar de tragar para extender no sólo el brazo sino el corazón. Y eso, es menos pavo y menos jaibol. Por eso proclama imbécilmente el Burgués: uno no puede dar lo que no tiene, uno tiene que amarse a sí mismo y, ya de ahí, ya bien parados, ir hacia el otro…
Soberbia naïve del que cree tener las espaldas de Odiseo y no se da cuenta que su cuerpo entero es un talón de Aquiles.

Necesitamos ser amados. Sólo el que se reconoce limitado, precario y necesitado es capaz de aceptar el abrazo del Amor.

Eso, o estar dispuestos a ahogarnos en nuestro propio vómito.

Fotograma: Babel, de Guillermo Arriaga

Y ya regálenme un libro que no sea de Bloy, o acabaré medio tocado.