Higiénico

No me importaría
chocar
con nada.
Excepto
con
un
camión
de huevos.

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Gone

Escribo sin pensar mucho. Eso consiste en un movimiento digital que no requiere de un período reflexivo anterior al movimiento mismo. Pienso en Elizondo, en Cortázar, pero también pienso en Plotino, en Sófocles y en Auster. Pienso, ahora sí de manera reflexiva, que pensar a veces no es tan acertado como para vivir una vida buena. Pero lo hago pensando. Y luego pienso que no puedo hacer nada sin pensar, pero también pienso que existe una vida cotidiana llena de eventos que construyen mi presente y que no necesariamente los estoy pensando.

Ahora escribo. Y escribo que escribo, como lo hizo el poeta. Pero tamién puedo escribir que no escribo y entonces lo que escribo será falso. Vacuo, en el sentido de la verdad, pero tal vez bello -sin afirmar que esto lo sea, porque también sería vacuo-.

Ahora he querido escribir algo y pronunciar tecleando ciertas notas literales, no sonoras. Quizás en tí lector, cuando las leas, te venga un retumbar en la caverna capital de cuerpo de manera que coloques en cada letra que lees un sonido asociado a ella y así generes la capacidad de leer en voz alta.

Antes escribía. Y escribía que escribía, como el poeta. Ahora igual, aunque no lo mismo. Porque lo mismo no se puede dar en dos momentos distintos, siempre habrá una diferencia. Sé que esto recuerda a Heráclito, pero también recuerda a las mujeres. Por aquello del cambio ¿no?

Estoy trastornado, débil, confundido.

Ella se ha ido. Eso lo explica todo.

¿No?

¿Narraciones o manipulaciones?


Ahora leo Los narradores de Auschwitz, de Esther Cohen. Quien otrora fuera simplemente una crítica literaria penetra en esta obra a la discusión filosófica. Pero sin rigor. Su libro, buena introducción a la literatura de Primo Levi (que si se puede llamar literatura es simplemente por analogía con otras cosas que son escritas, no por que sea mala la calidad de lo escrito, sino porque lo escrito por Levi no intenta ser arte, no es una creación humana, no busca la belleza, busca la memoria) no es más que una crítica y una interpetación a algunos autores que han narrado de alguna manera los campos de exterminio nazis -Levi, Kertész, Camus, Kafka ¿?, Arendt-.

Es curioso que actualmente haya tanta literatura dedicada al holocausto y a la Shoá, tantos libros y reportajes, tantas historias, y tantas ideologías alrededor de aquel evento. Y es también curioso que no haya nada sobre las dos bombas atómicas que Estados Unidos hizo explotar encima de millones de personas del Japón.
Me parece estupendo crear conciencia acerca de la atrocidad de los campos de exterminio, de la industria de la muerte que creó el imperio alemán. Me parece absolutamente necesario recordar y narrar lo ocurrido para que el olvido no llegue a la humanidad.
Pero me parece igualmente importante recordar que hubo dos combas atómicas que destruyeron por completo poblaciones enteras. Debemos tomar enc uenta, al juzgar los hechos, que la historia la escribió Estados Unidos, que la campaña mediática en favor de los judíos y en contra del nacionalsocialismo fue una campaña manejada por los países triunfadores de la guerra, manejada por quienes poseían el dinero. Y es una lástima que eventos como Hiroshima y Nagasaki no tengan el impacto histórico justo.
Es una enfermedad y una dimensión torcida del hombre haber sido capaz de poner los conocimientos científicos de siglos, de décadas de esfuerzo y patrimonio de la humanidad al servicio de la destrucción de todo un pueblo, del espíritu de una nación y de un linaje. Es inenarrable lo trágico que fue y las consecuencias que sigue viviendo el pueblo japonés.
No una, sino dos fueron las bombas detonadas por los Estados Unidos para demoler absolutamente la cultura de un pueblo, que también es parte de la humanidad. No quiero minimizar en absoluto lo vivido por las personas que estuvieron presas en los campos de concetración, y más que nada aunque no solamente, el pueblo judío. Lo que quiero recalcar es es que es urgente crear una conciencia sobre eso, recordar que Estados Unidos fue capaz de lanzar dos bombas absolutamente mortíferas. Y es una tristeza que haya llegado el olvido, que de eso, nadie se acuerde.