Las diferencias de un depa

Un depa se diferencia de otros lugares por varias cosas. En primer lugar, porque es el lugar en el que un amigo, exiliado del hogar paterno ha establecido allí su residencia. En este caso, podría ser no solamente un amigo, sino, dos ó más. Nunca más de cinco, porque entonces deja de ser depa y pasa a convertirse en un galerón estilo hospicio. Que, a pesar de todo, es más común de lo que parece.

Una segunda característica digna de notar es que en ese lugar se suelen tener conversaciones con los amigos. Es un lugar en el que la juventud es reina y señora del ambiente. No se respirará jamás un aire a adultez, a pesar de que todos los individuos que estén dentro lo sean en términos biológicos. Nada de ranciedades, sino que asistimos a las antípodas del Jorgemanriquismo. Las conversaciones tendrán un cariz un tanto burlón, irónico y los involucrados nunca se tomarán a sí mismos en serio. Es probable que las opiniones emitidas por los participantes sean las opiniones reales de quienes las dicen, pero dentro del contexto del depa esto es poco importante. Lo importante es únicamente hablar utilizando palabras altisonantes, ya por groseras, ya por cultas, con el fin de que el hablante muestre sus capacidades retorico-intelectuales, que gane el concurso tácito de sentido del humor, y que el grupo, al unísono, al contemplarse a sí mismo estando allí, se sienta en un episodio de Rayuela de Julio Cortázar.

Estas personas constituyen un grupo. Se erigen en una especie de club formado por individuos que tienen en común, generalmente, una amistad. Todo individuo que entra en el depa es amigo de quien vive allí. Y el depa será frecuentado por amigos de quienes viven allí. Los que lo frecuentan, que no viven allí, serán amigos entre sí y será común que se frecuenten también en otros lugares, por ejemplo, en un restaurante, en un bar, en el teatro, en la calle o en otro depa.
Es esta amistad lo que posibilita lo mencionado en el primer párrafo. Solo una relación amistosa permitirá la ironía y el no tomarse en serio al hablar de las cosas de las que se hablan en el depa, temas cuya importancia y trascendencia es capital para tanto para la existencia humana como para el corazóncito tierno y aguado de los amigos, de los que asisten a las dichosas reuniones.

Es posible que alguien nuevo, algún ‘no-miembro’ del grupo, asista en alguna ocasión a algún encuentro en el depa, pero para eso se requerirá que sea amigo de algún amigo. Si la persona es aprobada tácitamente y aceptada por el grupo, entonces el nuevo individuo será invitado, o tal vez se sentirá llamado como vocacionalmente, a volver a ir. Pero nada garantiza su permanencia como miembro del grupo. Ni si quiera una borrachera, que tantas veces funciona como el detonador de largas amistades, es capaz de otorgar credenciales oficiales. Lo que tal vez pueda funcionar como pasaporte, y con algo más de garantía, son los viajes. Porque es en los viajes en donde reconoces a alguien como de tu propia casa. Y además, en los viajes generas fotografías que generan recuerdos que generan nostalgias que generan emociones que generan amistades que generan lazos que generan pasaportes para entrar al depa y ser parte del grupo.

Los frecuentadores oficiales, los amigos, los miembros del grupo, suelen generar la mala costumbre de llegar al depa cuando se les da la gana. Esto tiene algunas consecuencias buenas, pero también otras malas. Por mencionar algunos ejemplos, dentro de las buenas está que, si llega en un momento oportuno, lo compartirá con el residente del depa. Y fortalecerá así los lazos de amistad al compartir bellos y lindos momentos con los amigos. Los momentos oportunos se definen como aquellos momentos en los que el residente está ocupado en alguna actividad que quisiera no hacer solo. De este modo, la llegada inesperada del amigo constituye una redención.
La mala, es que puede llegar en un momento inoportuno. Los momentos inoportunos pueden ser de varios tipos.

a) El residente está dormido.
b) El residente está bañándose.
c) El residente está cogiendo.
d) El residente no está.

En los dos primeros casos, lo único que sucede es que surge en el residente una cierta molestia anímica generadora de, por ejemplo, migrañas, mal humor o cáncer, entre otros. Pero a fin de cuentas el residente despotricará de la inoportunidad con la que ha llegado el amigo, se le pasará el despotricamiento y su ánimo se tornará alegre. El amigo, miembro del grupo entrará al depa y podrá convertir el momento en un momento oportuno.

En el tercer caso pueden suceder varias cosas. Tantas, que explorar todas las posibilidades no haría justicia al tamaño que este escrito pretende tener. Por ello, dejaré a la constructiva imaginación del lector –con las ventajas y desventajas que esto trae para todo escritor-, que invente e imagine las situaciones en las que se puede encontrar el residente, el amigo miembro del grupo, y la (el) amante. Sólo quisiera decir que el residente corre graves peligros. Desde ser abandonado por la (el) amante, hasta ser gravemente lastimado por ella (o él) en el sentido físico del término.

En el último caso, el caso d), el amigo, miembro del grupo, volverá al lugar de donde vino. Y ya.
De cualquier manera, la última y más importante característica de un depa es que ahí siempre se comerá mal. Pero eso no importará ni al residente ni a los amigos, miembros del grupo, porque a fin de cuentas lo que les interesa es conversación, beber vino, fumar de manera grandilocuente y fomentar sus egos de manera exacerbada.

Anuncios

Venerable

Una de las habilidades más características de las personas maduras y respetables consiste en dominar el arte de gritar: “aaaaaahh…” en el momento oportuno de cualquier mambo.

Y si eso no denota madurez, al menos revela una personalidad interesante.

Fábrica de Sueños

El martes fui al cine. Vi. Lo que vi fue una película, como era de esperarse. Fue una de estas películas que, si bien no es tan buena como para salir deseando ser alguno de sus personajes, sí está muy bien planteada y lograda.

Vi Fábrica de sueños, dirigida por George Hickenlooper. Es una película en la que la vida de Edie Sedgwick se ve transformada al conocer a Andy Warhol. Esto según una versión. Mi versión es que el film presenta la transformación en la vida de Edie no por conocer a Warhol sino por haberse drogado y vovlerse adicta a las drogas. En realidad esto no se me ocurrió a mí, sino a mi novia, quien suele decir cosas más inteligentes que las que yo digo.

La vida de Edie cobra un giro tremendo: aparece en algunas películas de Warhol, comienza ir a fiestas, se vuelve famosa, conoce a Bob Dylan, o a algún cantante de folk parecido que supongo que es Bob Dylan por aquello de la armónica, y luego se vuelve adicta a las drogas. Warhol es completamente indiferente a su desgracia, ella pierde todo su dinero y finalmente acaba en una situación que no les comentaré porque sería una falta de respeto para quien quiera verla. Y a mí me interesa ser respetuoso con mis lectores.

La película en general es muy buena, la chica es guapa y las actuaciones son también muy buenas. El actor que hace de Warhol (Guy Pearce), grita con su actuación que vio horas y horas algunos videos del artista en You Tube. Por otra parte, quien la hace de algo más o menos parecido a Dylan es Hayden Christensen, quien también hizo el papel de Anakin Skywalker. Con lo queda claro que al actor le gustan los personajes soñadores.

En fin, la película es bastante recomendable pues retrata de manera curiosa el ambiente que se vivía en la ‘Factory’ de Warhol. Quien sea ‘fans’ del artista Pop podrá verá claramente cómo la conclusión del film le insultará, pues deja un mal sabor de boca respecto de Warhol al ser éste indiferente respecto de la tragedia y el dolor ajenos. Una bestia insensible, quiero decir. El espectador común odiará a Warhol al salir de la sala de cine. Yo soy un espectador común. Ergo.

La música es muy buena, de Ed Shearmur, quien también ha musicalizado películas como Johnny English en 2003 o Miss Congeniality en 2000. Verán que no es un gran artista, pero es rescatable.

Y, por cierto, José Woldenberg estaba sentado a pocos asientos del mío.

Hoy

no fui a trabajar. Y eso es una buena cosa. No es que no trabajar sea la gloria del descanso para mí. El trabajo es importante e, incluso, me considero una persona activa. Si no trabajo o si descanso de más, me desespero y termino deprimiéndome. Decían los escolásticos que la mejor cura para la tristeza es la actividad. Y es que la vida es actividad, es dínamis, es movimiento.
Si nos compramos unos ‘pufs’, de esos asientos ‘jipiosetetenteros’ y los utilizamos más de lo debido, es probable que nos convirtamos a las drogas y al alcohol. Hay quien los compra y los utiliza en exceso precisamente para convertirse a las drogas y al alcohol. Es tanta su fuerza de voluntad de volver su vida hacia los excesos que son capaces de entregarse en cuerpo y alma al ocio.

No quiero hacer una apología del trabajo. Tampoco una apología del ocio, o de los excesos. Ni de las adicciones. Ni de la actividad, ni de la tristeza, ni de la virtud, ni del vicio. Ni una apología de la apología. En realidad, no quiero hacer ninguna apología. Oh, Dios, no sé qué más escribir. Aunque por otra parte, no debería preocuparme por eso, es mi propio blog. Aunque se me puede recrminar la pérdida de tiempo del lector. Lo siento. Lo siento mucho. Es lo que sucede por tener un día feriado, de no ir a trabajar y poder ir, con gusto y sonrisa, a los toros.