La filosofía cristiana

El filósofo cristiano hace filosofía desde una experiencia, desde un acontecimiento empírico. No es que quiera racionalizar todos sus prejuicios y hacerlos creíbles o razonables ante un público crítico y escéptico. No es que el filósofo cristiano busque, por medio de la filosofía, razonar sus dogmas. Esa manera de concebir la filosofía cristiana no es, precisamente, cristiana.
El cristiano que hace filosofía ha tenido una experiencia primordial que se la ha mostrado como verdadera. Esta experiencia originaria se ha mostrado, quizás, de manera un poco confusa y difícil de expresar en términos realmente descriptivos pero, ha calado tan hondo en su persona, que le modifica de un momento para siempre.
Esto quiere decir que su filosofar, igual que la vida entera -y concibiendo el filosofar como un modo de vivir-, vendrán motivados por esta experiencia que le ha hecho ser lo que es.
Esa experiencia, ese acontecimiento que es, por cierto, señalable en la biografía del nuevo filósofo, motiva su filosofar en dos sentidos. En primer lugar la filosofía será uno de los vehículos por los cuales se buscará hacer más –siempre sólo un poco más– comprensible la experiencia que le ha modificado, el misterio que ha venido a su encuentro. En segundo lugar la filosofía será también el vehículo para hacer comprensible el resto de la realidad, realidad que, como su propia persona, serán iluminados por el acontecimiento personal que el cristiano ha vivido.
Lo importante es considerar que el acontecimiento que le ha modificado es un encuentro personal que se ha mostrado ya como verdadero y razonable en cuanto que es capaz de dar sentido a toda la vida y de saciar los deseos más profundos del corazón humano. El que se haya mostrado como verdadero no quiere decir, jamás, que se haya mostrado perfectamente claro y distinto, medible y cuantificable, o que sea una gran idea coherente y lógica, o un sistema filosófico-ético perfectamente demostrado. Decimos que se ha mostrado como verdadero porque la persona que ha venido al encuentro es tan formidable que llena –y rebasa-, las expectativas del ser humano en su totalidad. Es un acontecimiento tan pleno de sentido y tan enorme que es capaz de iluminar el resto de la vida de quien lo ha vivido.
Ese acontecimiento es el encuentro con el Amor de Jesús Resucitado.
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Elecciones, no gubernamentales

Esta mañana fui al banco con la intención de abrir una nueva cuenta. Abrí lo que los banqueros llaman ‘Cuenta de inversión a plazo fijo’. Se supone que no me cobra nada y me da intereses desde 1000 pesos (intereses minpúsculos de menos del 2% anual), pero no puedo disponer de mi dinero sino cada que se cumpla un plazo fijado por mí. No puedo retirar del cajero ni tengo una de esas tarjetitas que te permiten ‘firmar’, como dicen las amigas fresas de mi novia en lugar de pagar con dinero real. Mi intención es ahorrar un poco porque después de un año de actividad laboral, me di cuenta de que no ahorré NI ESTO.

No es que quiera ahorrar por ahorrar, me he podido comprar algunos bienes materiales que lo único que han provocado en mi pequeño corazón es sufrimiento y temor a perder o dañar esos bienes materiales. Aún asi, quiero tener mis centavitos, ustedes saben, para eso del patrimonio.

Lo que sucedió en el banco fue una experiencia bien chistosa porque me di cuenta que la tipita que me atendió y abrió mi cuenta, estaba solamente haciendo su trabajo. Entonces me pregunté: ¿Qué demonios es mi trabajo? ¿Qué tiene que ver mi trabajo con el de esa tipa rellenita, algo fea pero bonachona? Su trabajo consiste en atender a algunas personas, firmar unos papeles y abrir cuentas de banco, para que así el banco gane más dinero y pueda atender a más personas. Mi trabajo consiste en pararme frente a un grupo de personas, explicarles algunas cosas que no entiendo ni entienden muy bien y evaluar que hayan conseguido pensar un poco.

Pero no me refiero tanto a la activad práctica del trabajo sino a las perspectivas de vida: yo elegí ser filósofo. Sí, yo lo elegí, aunque no sabía qué era eso o en qué consistía. Yo elegí ser filósofo porque pensaba que iba a hacer lo que yo quisiera. Pensé que mi elección era una respuesta frente a una disyuntiva que la vida me presentaba: a) la seguridad y la alegría ignorante de un trabajo fácil y seguro, con una remuneración pequeña pero periódica y que a largo plazo iría aumentando hasta ser un magnate ¿?, corrección: que a largo plazo sólo iría dando seguridad a mi vejez, pero que en definitiva viviría escalivizado a la empresa y con la tranquilidad del que su trabajo es fácil y seguro o b) la vida libre del filósofo que tiene que hacer varias cosas para poder ganar dinero y luego gastarlo en libros y luego dar clases y luego leer y luego escribir y luego leer y luego viajar a algún congreso y luego leer y luego dar clases y luego casarse y luego trabajar más para vivir mejor, y luego trabajar en cosas que no son filosofía ya no para vivir mejor sino sólo para vivir sin adjetivos y luego leer y luego escribir y luego volver a la filosofía y luego sufrir un poco, pero al final ser feliz y poder sonreirme de oreja a oreja porque hice lo que quise.

Elegí la segunda opción. Y tengo miedo.

Mejor inicio

A continuación transcribo los mejores inicios de libros de filosofía que he leído. Algunos por sugerentes y, casi la mayoría, por morbosos, pero por alguna u otra razón que ojalá entrevean, han sido escogidos para esta lista.

Tomen en cuenta que son las primera líneas de libros de filosofía, en los que se busca plantear temas densos, díficiles y casi siempre inútiles. Pero, como dice Deleuze según un buen amigo: “quién sabe qué dicen, pero qué bonito lo dicen”.

Franz Rosenzweig: La estrella de la redención
“Por la muerte, por el miedo a la muerte empieza el conocimiento del Todo. De derribar la angustia de lo terrenal, de quitarle a la muerte su aguijón venenoso y su aliento de pestilencia al Hades, se jacta la filosofía.”

Maurice Blondel: La Acción
“¿Sí o no? ¿Tiene la vida humana un sentido y el hombre un destino? Yo actúo, pero sin saber si quiera en qué consiste la acción, sin haber deseado vivir, sin conocer exactamente ni quién soy, si siquiera si soy.”

Hans Jonas: El principio de responsabilidad
“Definitivamente desencadenado, Prometeo, al que la ciencia proporciona fuerzas nunca antes conocidas y la economía un infatigable impulso, está pidiendo una ética que evite mediante frenos voluntarios que su poder lleve a los hombres al desastre.”

Emmanuel Lévinas: Totalidad e infinito
“Aceptaremos fácilmente que es cuestión de gran importancia saber si la moral no es una farsa.”

Albert Camus: El mito de Sísifo
“No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio.”

Héctor Zagal: Límites de la argumentación ética en Aristóteles
“Este libro es un libro sobre Aristóteles.”

Pues bien, pudo haber faltado una cita, ó dos, ó veintidos. Me da la impresión que falta algo de Kierkegaard, pero dejo a los estudiosos del gran danés que hagan los honores.

Y miren la foto que encontré: puse ‘comienzos’ en google-fotos y salió esto:

Inicio

Todo tiene un inicio. Y si alguien se atreve a negarlo, que se converta en planta. Hasta ahora, las cosas van bien. Este primer post es sólo una prueba de lo que el pastel de zanahoria será. ¿Pastel de zanahoria? ¿Quién dijo pastel de zanahoria?
Bueno, con esta entrada doy por inaugurado el pastel de zanahoria. ¿Pastel de zanahoria? Yo no dije eso. ¿Quién dijo pastel de zanahoria?
A las 8.46 pm del 21 de agosto de 2006 queda formalmente inaugurado este espacio de creación, de expresión, de desahogo, este foro cibernético.
Júbilo e hilaridad.
E Hildebrando ¿?