El verdadero Código Da Vinci II

A continuación reproduzco dos pasajes escritos por Leonardo y encontrados hace algunos años:

“Acerca de cómo nombrar un nuevo catador”

“Mi Señor Ludovido me solicitó un nuevo Catador y los que escucharon su pedido sólo pueden pensar en una cosa: el antiguo Catador cumplió con su trabajo muy correctamente. Sin embargo, Mi Señor no necesita de un probador para los venenos artificiales, sino, en cambio, para los cocineros, envenenadores que trabajan en sus cocinas y le sirven frutas y pescados en descomposición. Lo que mató a Sergio Canallati fue eso*. Su pusiera Mi Señor orden en sus cocinas no necesitaría de ningún Catador en su mesa.”

* Leonardo está equivocado. Ludovico hizo colocar veneno en los platos del Catador para que su lugar fuese ocupado por el famoso evenenador Gentio Ciccania, que se encargaría de envenenar lentamente a su débil hermano mayor Giuliano, duque de Milán, de quien Ludovico deseaba obtener el título. Leonardo, obviamente, desconocía este plan.

“Acerca de una ayuda para la digestión”

“Me intriga saber si la actuación de bailarinas licenciosas en vez de los enanos y saltimbanquis habituales entre plato y plato de Mi Señor -especialmente entre aquellos de menor calidad- no favorecería una mejor digestión.”

Leonardo Da Vinci, Apuntes de cocina, Manuscritos R15-xft, Museos Vaticanos, Ciudad del Vaticano
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El verdadero código Da Vinci

Los siguientes textos son fragmentos de apuntes de Leonardo da Vinci y fueron encontrados en 1980, año en el que se comenzó a estudiar su autenticidad. Todo parece apuntar a que les sea concedida. Los nombres citados, las fechas y algunos otros aspectos que me es imposible mencionar ahora denotan claramente que fue Leonardo quien los escribió. A pesar de que sean o no auténticos, he de aceptar que la prosa de quien los haya escrito es sumamente edificante. De algo y otras cosas publicará periódicamente algun fragmento del genio renacentista. A continuación, presento un pequeño ejemplar.

-Costumbres y modales en la mesa

Acerca del modo en que deben ubicarse en la mesa los asesinos

“Si para la comida hay planeado un asesinato, es claro que se debe ubicar al asesino en las cercanías de su víctima (si a su izquierda o a su derecha, esto depende del método que emplee el asesino), dado que de este modo se interrumpirá menos la conversación, al mantenerse la acción circunscripta dentro de un pequeño sector. La fama de Ambroglio Descarte, asesino principal de Mi Señor César Borgia, radica en su habilidad para llevar a cabo su cometido sin que ningún comensal lo note, con excepción de su víctima.
“Una vez que el cadáver (y, si las hay, también manchas de sangre) ha sido retirado por los sirvientes, lo usual es que el asesino abandone tamién la mesa, dado que, algunas veces, podría su presencia perturbar la digestión de aquellos que estén sentados cerca suyo.
“Para la ocasión, un buen anfitrión siempre tendrá pronto un nuevo invitado que permanecerá esperando afuera hasta que llegue el momento de pasar a integrar la mesa.”

Acerca de las cualidades de un buen confitero

“En primer lugar, debe tratarse de un hombre, dado que una mujer no podrá levantar una gran cantidad de mazapán.
“En segundo, debe ser limpio, dado que notar la suciedad del confitero es muy desagradable para aquellos que están por probar sus creaciones. Tampoco debe llevar el cabello largo, ya que puede transferir alguno a sus confituras alguno de ellos.
“Finalmente, debe tener estudios de arquitectura, dado que careciendo de conocimientos acerca de resistencias y pesos no podrá realizar sus creaciones de modo tal que no se derrumben.”

De los modales de mi señor Ludovico
“Me parece idigna de los tiempos presentes la costumbre de Mi Señor Ludovico de atar conejos a las sillas de los invitados para que aquellos puedan limpiarse la grasa de las manos en el lomo de los animales. Además cuando, después de la comida los animales son recogidos y llevados al lavadero, contaminan la otra ropa con la se los lava con su hedor.
“Asimismo, tampoco puedo comprender la costumbre que tiene Mi Señor de limpiar su cuchillo en la ropa de sus compañeros de mesa. ¿Por qué no lo hace, como el resto de los miembros de la corte, en el mantel?

Apuntes de cocina de Leonardo da Vinci, Traducción, introducción y notas de Rafael Galvano, Negocios Editoriales, Buenos Aires, 2003.