No hay derecho.

Trabajamos, sudamos, nos desgastamos, perdemos el tiempo, nos cansamos, sufrimos, amamos, soportamos ciertas cosas que no deberíamos, estudiamos, tratamos de ser cultos, aprendemos lenguas: vivas y muertas, nos esforzamos, sufrimos dolores de espalda. Solamente para tener el pleno derecho de hacer chistosadas.

Para que un Imbécil las haga sin habérselo ganado:

Y luego el mundo lo admire y lo obsequie con el aplauso…

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Ambición

XIV.
NO SE PUEDE TENERLO TODO

“Tal vez sí, sobre todo cuando se tiene la ley de tu parte, como acabamos de ver. Pedir el resto por añadidura, sería querer comerse el mundo. Ahora bien, el Burgués es como Dios, él no pide tanto. Despreciador de lo infinito y de lo absoluto, sabe contenerse. ¿Quién iba a saber hacerlo mejor que él? ¿Acaso su única preocupación, su trabajo de siempre, desde la infancia, no es poner límites por todas partes?
“Observad la moderación de este lugar común. No dice: No se debe, sino no se puede. El Burgués debería tenerlo todo, puesto que todo le pertenece, pero no puede cogerlo todo, abracarlo todo, porque tiene unos brazos demasiado pequeños. ‘Miseria de gran señor -dijo Pascal-, miseria de un rey destronado’.
“Cuando a una pregunta imprevista, mi tendero me responde con una franca sonrisa que no se puede tenerlo todo, el buen hombre tal vez imagina que no ha hecho más que soltar un modesto eructo. Por mi parte me ha parecido oír la lamentación de Prometeo…
“¡No tenerlo todo! ¡Qué desgracia! Me pregunto cómo esta frase -que parece una recriminación sobrenatural proferida sin descanso por millones de gargantas sublimes mientras elevan sus ojos al firmamento- no hace estallar algo en el cielo.”
León Bloy: Exégesis de los lugares comunes, Primera Serie, XIV.