No hay derecho.

Trabajamos, sudamos, nos desgastamos, perdemos el tiempo, nos cansamos, sufrimos, amamos, soportamos ciertas cosas que no deberíamos, estudiamos, tratamos de ser cultos, aprendemos lenguas: vivas y muertas, nos esforzamos, sufrimos dolores de espalda. Solamente para tener el pleno derecho de hacer chistosadas.

Para que un Imbécil las haga sin habérselo ganado:

Y luego el mundo lo admire y lo obsequie con el aplauso…

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Un mail de verdad

Cada vez que entro a mi cuenta de correo electrónio me pongo algo nervioso. No es que sienta mariposas en la panza ni nada parecido. No me refiero a ese tipo de nerviosismo. Más bien hablo de una espera, una esperanza en el hecho de ser considerado por alguien en algún lugar del mundo, saber que alguien sabe que existo y salir del anonimato aunque sea por un momento.

Es casi el mismo tipo de placer que siento cuando me llega un paquete que he solicitado por internet. El placer que siento en este caso supera con mucho al placer de recibir un correo electrónico, pero no cabe duda que ambos son de la misma calaña. Me he dado cuenta, o tal vez, quiero darme cuenta y lo invento, o tal vez ambas, o ninguna, de que no hay nada como sentirte considerado por el universo, como pensar en que todo este espacio vacío y ocupado por solo algunos astros, no es mudo y es capaz de dirigirse individualmente a mí. Es una fantasía pensar eso, pero el hecho de ser reconocido por internet me hace pensar que eso es posible.

A veces, más bien con frecuencia, me siento perdido y abandonado por la red. Por ello, el hecho de recibir un paquete es sencillamente sensacional. Es como cuando Keiko tocaba con la punta de la nariz una pelota de plástico: lo imposible se vuelve posible. Cuando me llega un paquete, -en la mayoría de los casos son libros-, me siento afirmado y reconocido. Sonrío de oreja a oreja y y hasta siento que me merezco un helado. Pienso que alguien en algún lugar del mundo sabe que existo. Mi existencia no es anónima, sino alabada y considerada. No estoy solo, sino que me uno en una extraña ligazón digital con aquel que ha tomado su tiempo para cumplir con el contrato: yo pago con una tarjeta por internet, tú vas y envuelves en una cajita lo que te pagué, y me lo mandas por un extraño servicio de paquetería que siempre será un misterio cómio funciona. Igual que el funcionamiento de McDonald’s: todos intuimos su funcionamiento, pero nadie lo sabe a ciencia cierta. Incluso si conocemos a alguien que ha trabajado allí, parece que hacen un juramento por el cual venden su alma a la trasnacional, con el compromiso de no revelar los secretos de aquellos que inventaron la Quarter Pounder.

Recibir un correo electrónico es algo parecido. No hay nada como sentirte considerado y que esa consideración se haga manifiesta con el link: Buzón (3) , por ejemplo, tan característico de Yahoo. Ahh, qué maravilla. Santo cielo, me acuerdo y me estremezco. Hasta me dan ganas de moverme circularmente en la silla, pero me sorprendo ingratamente de que mi silla no tiene llantitas.

Por eso son tan terribles las cadenas. Por eso son tan despreciables las personitas que creen que enviar correos basura es divertido. Por eso detesto y odio tanto a esos correos que me prometen un cheque de la Fundación Gates, o esos que piden un donativo para ‘Andrew’, un bebé que nació con la mitad de la cabeza deforme y con la boca para adentro, y que soy un ojete si no envío el correo porque al poco tiempo morirá al comerse a sí mismo.

Recibir una cadena es como ser parte del juego de la masificación. Masificación que es un juego, distinto al Turista o al Risk, pero al fin y al cabo un juego. Es más bien parecido a juegos como: Iraq, Consumismo, Historia, Política, que tan bien representados están por estos jugadores, a los que les llamamos ‘adultos’.

Congratulations

Saint Patrick, Oscar Wilde, James Joyce, George Bernard Shaw, Samuel Beckett, U2, Enya, The Corrs, Bram Stoker, Jonathan Swift, Sinead O’Connor, Bob Geldof, William Butler Yeats, John Butler Yeats, The Cranberries, Riverdancers, George Berkeley, Lucky Charms, rugby players, to all of you, shamrocks, Guiness and Stout pints of the world, rainy days, catholic or protestant:
CONGRATULATIONS FOR YOUR NEW UNIFIED GOVERNMENT