Incertidumbre. O de las cosas que son placenteras, o podrían serlo y que todavía no sé si me gustan o podrían gustarme.

O sea que si algo sale aquí es porque puede ser, desde un punto de vista, algo capaz de dar sentido a nuestras vidas -a mi vida- y, desde otro punto de vista, cierto punto de vista, algo completamente vomitivo.

1. Salir a correr en la mañana

2. Cicerón

3. La música clásica

4. La filosofía francesa

5. La michelada

6. La Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

7. Escuchar/ver/leer noticias

8. Las colecciones

9. El tabardillo

10. La era industrial

11. Facebook/Hi5/MySpace/etc…

12. La piña en los tacos al pastor

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Elecciones, no gubernamentales

Esta mañana fui al banco con la intención de abrir una nueva cuenta. Abrí lo que los banqueros llaman ‘Cuenta de inversión a plazo fijo’. Se supone que no me cobra nada y me da intereses desde 1000 pesos (intereses minpúsculos de menos del 2% anual), pero no puedo disponer de mi dinero sino cada que se cumpla un plazo fijado por mí. No puedo retirar del cajero ni tengo una de esas tarjetitas que te permiten ‘firmar’, como dicen las amigas fresas de mi novia en lugar de pagar con dinero real. Mi intención es ahorrar un poco porque después de un año de actividad laboral, me di cuenta de que no ahorré NI ESTO.

No es que quiera ahorrar por ahorrar, me he podido comprar algunos bienes materiales que lo único que han provocado en mi pequeño corazón es sufrimiento y temor a perder o dañar esos bienes materiales. Aún asi, quiero tener mis centavitos, ustedes saben, para eso del patrimonio.

Lo que sucedió en el banco fue una experiencia bien chistosa porque me di cuenta que la tipita que me atendió y abrió mi cuenta, estaba solamente haciendo su trabajo. Entonces me pregunté: ¿Qué demonios es mi trabajo? ¿Qué tiene que ver mi trabajo con el de esa tipa rellenita, algo fea pero bonachona? Su trabajo consiste en atender a algunas personas, firmar unos papeles y abrir cuentas de banco, para que así el banco gane más dinero y pueda atender a más personas. Mi trabajo consiste en pararme frente a un grupo de personas, explicarles algunas cosas que no entiendo ni entienden muy bien y evaluar que hayan conseguido pensar un poco.

Pero no me refiero tanto a la activad práctica del trabajo sino a las perspectivas de vida: yo elegí ser filósofo. Sí, yo lo elegí, aunque no sabía qué era eso o en qué consistía. Yo elegí ser filósofo porque pensaba que iba a hacer lo que yo quisiera. Pensé que mi elección era una respuesta frente a una disyuntiva que la vida me presentaba: a) la seguridad y la alegría ignorante de un trabajo fácil y seguro, con una remuneración pequeña pero periódica y que a largo plazo iría aumentando hasta ser un magnate ¿?, corrección: que a largo plazo sólo iría dando seguridad a mi vejez, pero que en definitiva viviría escalivizado a la empresa y con la tranquilidad del que su trabajo es fácil y seguro o b) la vida libre del filósofo que tiene que hacer varias cosas para poder ganar dinero y luego gastarlo en libros y luego dar clases y luego leer y luego escribir y luego leer y luego viajar a algún congreso y luego leer y luego dar clases y luego casarse y luego trabajar más para vivir mejor, y luego trabajar en cosas que no son filosofía ya no para vivir mejor sino sólo para vivir sin adjetivos y luego leer y luego escribir y luego volver a la filosofía y luego sufrir un poco, pero al final ser feliz y poder sonreirme de oreja a oreja porque hice lo que quise.

Elegí la segunda opción. Y tengo miedo.

¿Dónde está el detalle?

No haré caso omiso de lo que me ha dicho Khristo.

He querido escribir y ahora que me siento frente al tablero debo pensar sobre qué quiero escribir. Esto no debe ser difícil, en teoría. Aunque en la práctica parece que sí es dificil. Los que saben escribir dicen que es fácil, que solo tienes que pensar en cualquier cosa de la vida cotidiana y bam!, ahí tendrás un excelente tema para un escrito. Pero eso es sólo lo que dicen. La verdad la verdad también les cuesta un chingo de trabajo. Pero no les importa, porque eso es lo que quieren, y dicen que son ahora grandes escritores porque soportaron grandes dolores frente al papel o la máquina o la computadora. Que ahora son grandes porque se despertaban a las seis de la mañana y escribían durante tres horas seguidas antes de desayunar. Eso lo escuché en una entrevista a García Márquez, pero eso no importa ahora, porque hablo de lo bueno en general, no de lo bueno en particular, y eso implica no poner ejemplos. Pero ese dolor del escritor es igual al niño a quien no le importa el dolor de cabeza posterior al berrinche, con tal de conseguir su Gansito. O su golosina, para hablar en general. Una golosina es lo que quiere. Igual que no les importa a mis alumnos el dolor que sienten en sus cuerpos cuando van al gimnasio, con tal de aumentar el volumen de sus biceps. Mujeres y admiración es lo que quieren.

Todo eso está bien. Pero no podemos negar el sufrimiento y el dolor que todos vivimos alguna vez en algún ligero momento de nuestras vidas cuando queremos inflamar nuestros pechos de orgullo y vivir la serenidad exultante de una meta lograda. Ay, las ilusiones. Sí, little things that make us move our asses.

Y por ahí vamos por la vida, dando brinquitos como un gordo saltarín ridículo que cree que la vida consiste en la búsqueda y el cumplimiento de ciertas metas. La verdad, admitámoslo, es que la vida cansa, la vida harta. Nos cansa mantener las amistades, nos cansa lograr lo que queremos, nos cansa descansar, porque ya queremos hacer algo para cansarnos y luego descansar. Descansar cuando seamos viejos, nos duela la espalda y lo único que tengamos sean unas hijas que nos cuiden y nos den de comer.

Pero en ese momento tal vez tengamos todo, y lo hayamos conseguido todo. Porque vivir exhaustos es lo único que a gritos nos pide la pinche grandiosa vida, y si tenemos alguien que nos cuide en la vejez es porque lo hicimos bien. Todo bien. Que implica también algo mal, mucho mal, pero eso significa todo bien. Creo. Y ahí está el detalle. Porque aunque la vida canse, para eso está: para que la vivamos exhaustos.

Imagen: Neoz Day Bed, diseñada por Philippe Starck hace aprox. unos diez años.

¿Bad or good?

Hoy es día del maestro. Excelente oportunidad de que cada cual que se adjudique tal nombre demuestre sus habilidades de, precisamente, no ser maestro.
Hoy, día del maestro, yo, que soy maestro, no fui maestro. No fui a la escuela, no dí clases, no califiqué exámenes, no regañé a nadie ni saqué a nadie del salón. No estuve en ningún salón. Tampoco me regalaron una manzana ni me ligué a alguna alumna. No solo por ser día del maestro, sino porque no tengo alumnas.
Estas son las cosas que hacen los maestros. Y, si yo soy maestro, es un supuesto que deberé llevar a cabo todo esto. Pero hoy, soy como un ingeniero sin ingenio, como un médico sin medicinas, como un veterinario sin veteranos ¿?.
Es algo parecido al día del trabajo, en que no se trabaja. No es que esté bien o esté mal. Simplemente así es. Algunas veces detesto a las personas que para todo requieren un juicio ético.
“Ayer fui a la plaza y comí un helado. Pero estaba podrido y lo tiré”, “oye, pero eso ¿es bueno o es malo?” Damn! No es ni bueno no malo. Simplemente lo hice y no hay más.
¿Ven? Justamente estoy llevando mi discruso a donde quiero llevarlo. -Además no hay de otra-. El lugar al que lo quiero llevar es: no fui maestro el día de hoy, no hay que preguntar: “Oyes, ¿Eso es bueno o malo?”, sino: “¿Qué quiere que le regale profe?”.

La segunda vez

Ésta es la segunda vez que cambio la apariencia de mi blog. No sé por qué, pero pienso que un blog debe renovar su imagen constantemente. Es como un antro o algo así. O mejor, es como una iguana, que constantemente necesita cambiar de piel.
Y es que es como si cambiar de piel lo cambiara a uno. Igual que esas veces. que estamos atorados en el periférico, al calor del asfalto y deseamos estar en otro lugar. Cambiar la piel es como cambiar de lugar. Y cambiar de lugar es ser otro. Bueno, no precisamnete ser otro, pero sería genial si así fuera. Y además sería una gran frase para unescrito. Pero no, no lo escribiré y no utilizaré esas palabras para no decir nada. Como ahora, que lo único que me importa o me interesa, no sé cuál de las dos, es que no reciban este cambio de mi blog como un golpe. Bueno, no como un golpe, pero al menos como algo inesperado. Aunque sé que eso no lo puedo evitar -no me interesa evitarlo- dije que quería evitarlo.
Lo dije pero no me interesa. No en absoluto
…mmm. Mejor lo cambio. Ya no quiero ese ‘no en absoluto’. Prefiero un ‘no en las rocas’. Un ‘no’ fresco, como para un día caliente. Un ‘no’ para esos días de tráfico sobre el calor del asfalto. Un ‘no’ en las rocas para mí, que mi auto no tiene aire acondicionado.
Así que este es mi nuevo blog. Mi viejo blog pero modificado, lo que viene a ser un nuevo blog.
Azul, porque el cielo es azul, porque la tristeza es azul, porque el pájaro de Darío es azul y porque la flor de Novalis y el jinete de Kandinsky son azules, porque los shorts de las chivas son azules y porque el color de Klein es azul. Porque el azul comienza con ‘a’ y sigue con la ‘z’, porque el agua se ve azul de lejitos y porque quiero que sea azul.
Y lo mejor, amigos (oh sí!), es que pueden ver los videos de la barra de aquí abajo sin abrir una ventana nueva. Gracias Dios por Google y la tecnología, carajo!
(Si colocan el cursor encima del video sin darle click, verán el título de tal y así podrán decidir si lo abren o no)