Velo

Mientras escribía un recado a un primo me di cuenta que la palabra velo puede o no llevar acento. Esto no es ninguna novedad si atendemos exclusivamente a las grafías o a las ortografías. Pero se convierte en algo ciertamente importante si comprendemos el significado de cada palabra.

Si escribimos ‘velo’, resulta que tenemos un sustantivo. Tenemos una palabra que hace referencia a lo que cubre. Por estadística, la mayoría de los velos han cubierto cabezas. Sobre todo de mujeres, y sobre todo de mujeres religiosas: ya por que están de luto, ya porque son novias, ya porque son mujeres. La esencia del velo consiste en cubrir y en cubrir bien. Velo que no cubre no es velo.

Si escribimos, en cambio, ‘vélo’, tenemos un verbo en imperativo, cuyo significado es un mandato. En específico, el mandato de abrir bien los ojos y enfrentar la realidad, el mandato de poner nuestra carota frente a un objeto y mirar sus cualidades: tanto los sensibles propios como los impropios, pero a fin de cuentas, mirar.

Ver y velar son dos palabras que podrían funcionar como antónimos, si es que queremos ser metafóricos. Y, en ese caso, podríamos echar a volar la mente, quitarle los velos y pensar en lo parecido y lo diferente que resulta cerra rlos ojos con ponernos un velo, o mirar la realidad y desvelar la verdad. Más aún podríamos pensar en Heidegger y la verdad griega.

Pero también pdoemos pensar en algunos velos que sí permiten ver la realidad, como aquellos que tienen espacio libre para los ojos. Yo pienso en el velo de la foto. Nomás vélo.

Si, en cambio, no queremos ser metafóricos, en cambio, basta con escribir ortográficamente cada palabra. Y utilizarla en su sentido literal.
Anuncios