Filosofando

Hacía mucho que no publicaba un post.
Es que la Situación, en metáfora futbolera, no suelta su marca.

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Subibaja

Este año todo subió de precio.
Y para muestra basta, como quien dice, un botón: los lavacoches ya cobran $25.

Todo subió.
Bueno: todo excepto la tenencia de mi coche.

Meses

Mes es meses.
Mesas hechas de meses, sobre las cuales se coloca el tiempo. Mes a mes corren los meses. Uno tras otro, se termina uno y comienza el nuevo. Nuevo mes que me es conocido. Que me es querido y que me escancia cada día, que me estrella meciendo la mesa que me saca de mi rutina. Meses mestizos, mezclados de mezcal y aguardiente. Meses mesurados que me sacian la sed de tiempo. “Me estoy perdiendo la vida”, me escriben los mesurados. “Me está importando poco”, me estoy viendo decirles.
Meses, mesías que socorren a los treintas, con un día más a cada mes. Me sorprende un mes, que me saca de mis quicios, al durar menos de lo que dura un mes. Sólo un mes, que es mestizo y mesonero, no sólo por ser servido sino por servir. Es el mes más famoso, porque sirve de mesura y me seduce. El amor. Este mes me es extraño y me es ingrato. Pero me es igual con todos los meses que me estrellan con sus vecinos.
Cada mes con su mesada se sirve y me segrega, repartiendo cada mes en unos días y dejando a la mesa lo único que queda al final del mes: el mesolítico pasado que no vuelve y que no es. Por eso me es grato mecerme de nuevo hacia el principio: meses es mes.

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