¿Dónde está el detalle?

No haré caso omiso de lo que me ha dicho Khristo.

He querido escribir y ahora que me siento frente al tablero debo pensar sobre qué quiero escribir. Esto no debe ser difícil, en teoría. Aunque en la práctica parece que sí es dificil. Los que saben escribir dicen que es fácil, que solo tienes que pensar en cualquier cosa de la vida cotidiana y bam!, ahí tendrás un excelente tema para un escrito. Pero eso es sólo lo que dicen. La verdad la verdad también les cuesta un chingo de trabajo. Pero no les importa, porque eso es lo que quieren, y dicen que son ahora grandes escritores porque soportaron grandes dolores frente al papel o la máquina o la computadora. Que ahora son grandes porque se despertaban a las seis de la mañana y escribían durante tres horas seguidas antes de desayunar. Eso lo escuché en una entrevista a García Márquez, pero eso no importa ahora, porque hablo de lo bueno en general, no de lo bueno en particular, y eso implica no poner ejemplos. Pero ese dolor del escritor es igual al niño a quien no le importa el dolor de cabeza posterior al berrinche, con tal de conseguir su Gansito. O su golosina, para hablar en general. Una golosina es lo que quiere. Igual que no les importa a mis alumnos el dolor que sienten en sus cuerpos cuando van al gimnasio, con tal de aumentar el volumen de sus biceps. Mujeres y admiración es lo que quieren.

Todo eso está bien. Pero no podemos negar el sufrimiento y el dolor que todos vivimos alguna vez en algún ligero momento de nuestras vidas cuando queremos inflamar nuestros pechos de orgullo y vivir la serenidad exultante de una meta lograda. Ay, las ilusiones. Sí, little things that make us move our asses.

Y por ahí vamos por la vida, dando brinquitos como un gordo saltarín ridículo que cree que la vida consiste en la búsqueda y el cumplimiento de ciertas metas. La verdad, admitámoslo, es que la vida cansa, la vida harta. Nos cansa mantener las amistades, nos cansa lograr lo que queremos, nos cansa descansar, porque ya queremos hacer algo para cansarnos y luego descansar. Descansar cuando seamos viejos, nos duela la espalda y lo único que tengamos sean unas hijas que nos cuiden y nos den de comer.

Pero en ese momento tal vez tengamos todo, y lo hayamos conseguido todo. Porque vivir exhaustos es lo único que a gritos nos pide la pinche grandiosa vida, y si tenemos alguien que nos cuide en la vejez es porque lo hicimos bien. Todo bien. Que implica también algo mal, mucho mal, pero eso significa todo bien. Creo. Y ahí está el detalle. Porque aunque la vida canse, para eso está: para que la vivamos exhaustos.

Imagen: Neoz Day Bed, diseñada por Philippe Starck hace aprox. unos diez años.

Anuncios