Hoy

no fui a trabajar. Y eso es una buena cosa. No es que no trabajar sea la gloria del descanso para mí. El trabajo es importante e, incluso, me considero una persona activa. Si no trabajo o si descanso de más, me desespero y termino deprimiéndome. Decían los escolásticos que la mejor cura para la tristeza es la actividad. Y es que la vida es actividad, es dínamis, es movimiento.
Si nos compramos unos ‘pufs’, de esos asientos ‘jipiosetetenteros’ y los utilizamos más de lo debido, es probable que nos convirtamos a las drogas y al alcohol. Hay quien los compra y los utiliza en exceso precisamente para convertirse a las drogas y al alcohol. Es tanta su fuerza de voluntad de volver su vida hacia los excesos que son capaces de entregarse en cuerpo y alma al ocio.

No quiero hacer una apología del trabajo. Tampoco una apología del ocio, o de los excesos. Ni de las adicciones. Ni de la actividad, ni de la tristeza, ni de la virtud, ni del vicio. Ni una apología de la apología. En realidad, no quiero hacer ninguna apología. Oh, Dios, no sé qué más escribir. Aunque por otra parte, no debería preocuparme por eso, es mi propio blog. Aunque se me puede recrminar la pérdida de tiempo del lector. Lo siento. Lo siento mucho. Es lo que sucede por tener un día feriado, de no ir a trabajar y poder ir, con gusto y sonrisa, a los toros.

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