Algunos herejes son santos

Muchas veces permite también la divina Providencia que hombres justos sean desterrados de la Iglesia católica por causa de alguna sedición muy turbulenta de los carnales (per nonnullas nimium turbulentas carnalium hominum seditiones). Y si sobrellevaren con paciencia tal injusticia o contumelia, mirando por la paz eclesiástica, sin introducir novedades cismáticas ni heréticas, enseñarán a los demás con qué verdadero afecto y sincera caridad debe servirse a Dios. El anhelo de tales hombres es el regreso, pasada la tempestad, o, si no les consiente volver, porque no ha cesado el temporal o hay amago de que se enfurezca más con su retorno, se mantienen en la firme voluntad de mirar por el bien de los mismos agitadores, a cuya sedición y turbulencia cedieron, defendiendo hasta morir, sin originar escisiones, y ayudando con su testimonio a mantener aquella fe que saben se predica en la Iglesia católica. A éstos corona secretamente el Padre, que ve lo interior oculto. Rara parece esta clase de hombres, pero ejemplos no faltan, y aún son más de lo que puede creerse. Así, la divina Providencia se vale de todo género de hombres y de ejemplos para la salud de las almas y la formación del pueblo espiritual.

Agustín de Hipona. De vera religione, 6, 11.

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Sólo por poner algunos ejemplos

Filosofía para niños. Amor libre. Kinder con computación e intercambios. Comida ‘orgánica’. Bebidas light. Estimulación temprana. Posmodernidad. Cultura de masas. Jesuita fiel al Papa. Ciencia ficción. GraciasaDiossoyateo. Kafka para dummies. Arte abstracto. Católico no practicante.

El oxímoron es lo propio de la posmodernidad.

Justicia social, modernidad y ateismo

Por momentos he creído que la reflexión sobre la justicia social es indispensable para llevar al hombre una situación más digna. Por supuesto, me parece importantísimo acompañar con acción a esta reflexión, que si en reflexión se queda, se queda en la nada. Modificar las estructuras de pecado es indispensable para lograr que la condición humana pueda realmente llegar a ser lo que está llamada a ser en cada una de las personas.

Sin embargo, me he dado cuenta que esta reflexión sobre la justicia social responde a un problema más grande, y que este problema es el problema del modo como el hombre se relaciona con el mundo. En específico, porque es un problema -el de la justicia social- que surge gracias a que existe la modernidad y la revolución industrial como un producto ultramoderno. La revolución industrial es la que ha provocado que exista algo así como ‘la clase obrera’, o los trabajadores, o que el mundo se divida propiamente en ‘clases’. Es claro que antes de la modernidad e incluso en la antigüedad había diferentes estratos sociales, pero era impensable reflexionar en categorías de ‘justicia social’ porque el hombre se comprendía de diferente modo con base en una cosmovisión, que regulaba los órdenes sociales. El tema de la modernidad es un tema complejísimo, en donde aparece inmediatamente la variable del secularismo. Y es ahí en donde me he dado cuenta que la reflexión sobre la justicia social, junto con la reflexión sobre la moderndiad, es en realidad una reflexión sobre el problema de Dios. El ateísmo es, aunque no parezca, un fenómeno nuevo, una manera de autocomprenderse el hombre muy característica de cierto período histórico.

Un amigo fue a Estados Unidos la semana pasada y me contó sus impresiones sobre la religiosidad estadounidense. Había una iglesia en cada esquina. Casi como Puebla en el siglo XVII. La diferencia es que en Puebla todas las iglesias eran del mismo credo. En Estados Unidos, hace dos semanas, cada iglesia era de una religión diferente.

El problema de Dios es el problema más grande al que se enfrenta el hombre. Y digo problema no en tanto situación negativa que haya que desaparecer, sino problema en el sentido de que nos plantea las preguntas más fundamentales. Dios es un problema porque hace que nos detengamos ante la existencia y cuestionemos lo que sucede con nosotros mismos. El ateísmo es un problema por ello. Clausura de tajo la capacidad del hombre de crear y de interrogarse. El ateísmo cancela la creatividad humana y vacía la vida de su sentido. Sólo cuando las personas miran su propia existencia como parte de un todo mucho más grande, como el momento de una historia que hay que contar y que unifica los fragmentos del día a día, es posible no encontrar el confort, sino dar sentido al sufrimiento y al dolor inevitable que nos presenta el mundo.

Resucitó

Los cristianos celebramos hoy el día de la Resurrección de Jesucristo. Es el día en el que Él venció a la muerte por el Amor. En este acontecimiento se funda la fe cristiana y toda la liturgia, es en este día en el que adquieren sentido todas las demás creencias de la fe en Jesucristo. Es un acontecimeinto, sin duda, dificil de creer, pero que responde tan absolutamente a las exigencias del corazón humano que se vuelve razonable.

El Amor pudo más que la muerte, pudo más que la soledad, que el abandono, que el infierno. El Amor logró superar la vida biológica para encontrar un significado vital que es indestructible. Cito a Ratzinger:

“Encontrarse con el Resucitado es una experiencia que nada tiene que ver con el encuentro con otra persona de nuestra historia, pero no debe limitarse a unas charlas de sobremesa y al recuerdo que luego se fraguó de que vivía y que continuaba su obra. Si interpretamos así el acontecimiento, nos quedamos en lo puramente humano y le sustraemos lo que tiene de peculiar. Pero los relatos de la resurrección son distintos y más que unas simples escenas litúrgicas adornadas, pues muestran el acontecimiento fundamental en el que se apoya la liturgia cristiana. Nos muestran que la fe no nació en el corazón de los discípulos, sino que les vino de fuera y los fortaleció frente a sus dudas y los convenció de que Jesús había resucitado realmente. El que yacía en el sepulcro ya no está allí, él mismo -sí, él mismo- ha resucitado. Ha entrado en el reino de Dios y es tan poderoso que puede hacerse visible a los hombres, que puede mostrar que en él el poder del amor ha sido más fuerte que el poder de la muerte.

“Sólo si aceptamos seriamente todo esto seremos fieles al mensaje del Nuevo Testamento y sólo así matendremos su alcance universal e histórico. Tratar de quitar cómodamente la fe en el misterio de la intervención poderosa de Dios en este mundo y querer mantenerse a la vez en el ámbito del mensaje bíblico, no conduce a ningún sitio. Porque no satisface ni a la lealtad de la razón ni a la pretensión de la fe. Profesar a la vez la fe cristiana y la ‘religión dentro de los límites de la mera razón’ es imposible. Hay que elegir inexorablemente. El creyente comprobará cada vez más lo razonable que es confesar el amor que ha vencido a la muerte.”

Joseph Ratzinger: Introducción al cristianismo, pp.257-8.

Es común que se objete al creyente la irracionalidad del acontecimeinto de la resurrección. La fe es criticada de un acto que niega la razón y que da un salto al vacío, más o menos como Kierkegaard interpretaba el hecho religioso. Hay dos variables que han de ser articuladas para apoyar o negar la afirmación anterior: la razón y la fe. Parece que el contenido de la fe no puede estar de acuerdo con la razón. Lo que Ratzinger quiere decir es que el acontecimiento de la resurrección es un acontecimiento que supera al intelecto humano, que el relato bíblico muestra que lo que vivieron los apóstoles fue un hecho que, en primer lugar, les vino de fuera: les salió a su encuentro una realidad que ellos no eligieron y que les superaba con mucho, y en segundo lugar, que ese hecho colmó a tal grado las necesidades humanas de sentido, y que esa razón fue suficiente para creer.

No podemos dejar de lado la grandeza del acontecmiento mismo y sobresimplificarlo para hacerlo más comprensible al no creyente; es quitarle lo que tiene de grandeza y de misterio. Para que la fe pueda penetrar en el corazón es, pues, necesario, admitir la fragilidad de la persona, nuestra finitiud y nuestra gran necesidad de amor. Cuando admitimos que necesitamos y que deseamos un Amor absoluto, la fe cristina se torna esperanzadora y completamente razonable. El Amor, literal: el Amor, ha vencido a la muerte.

Feliz Pascua de Jesús Resucitado.

La filosofía cristiana

El filósofo cristiano hace filosofía desde una experiencia, desde un acontecimiento empírico. No es que quiera racionalizar todos sus prejuicios y hacerlos creíbles o razonables ante un público crítico y escéptico. No es que el filósofo cristiano busque, por medio de la filosofía, razonar sus dogmas. Esa manera de concebir la filosofía cristiana no es, precisamente, cristiana.
El cristiano que hace filosofía ha tenido una experiencia primordial que se la ha mostrado como verdadera. Esta experiencia originaria se ha mostrado, quizás, de manera un poco confusa y difícil de expresar en términos realmente descriptivos pero, ha calado tan hondo en su persona, que le modifica de un momento para siempre.
Esto quiere decir que su filosofar, igual que la vida entera -y concibiendo el filosofar como un modo de vivir-, vendrán motivados por esta experiencia que le ha hecho ser lo que es.
Esa experiencia, ese acontecimiento que es, por cierto, señalable en la biografía del nuevo filósofo, motiva su filosofar en dos sentidos. En primer lugar la filosofía será uno de los vehículos por los cuales se buscará hacer más –siempre sólo un poco más– comprensible la experiencia que le ha modificado, el misterio que ha venido a su encuentro. En segundo lugar la filosofía será también el vehículo para hacer comprensible el resto de la realidad, realidad que, como su propia persona, serán iluminados por el acontecimiento personal que el cristiano ha vivido.
Lo importante es considerar que el acontecimiento que le ha modificado es un encuentro personal que se ha mostrado ya como verdadero y razonable en cuanto que es capaz de dar sentido a toda la vida y de saciar los deseos más profundos del corazón humano. El que se haya mostrado como verdadero no quiere decir, jamás, que se haya mostrado perfectamente claro y distinto, medible y cuantificable, o que sea una gran idea coherente y lógica, o un sistema filosófico-ético perfectamente demostrado. Decimos que se ha mostrado como verdadero porque la persona que ha venido al encuentro es tan formidable que llena –y rebasa-, las expectativas del ser humano en su totalidad. Es un acontecimiento tan pleno de sentido y tan enorme que es capaz de iluminar el resto de la vida de quien lo ha vivido.
Ese acontecimiento es el encuentro con el Amor de Jesús Resucitado.