Sopa de letras en perspectiva.

Un cambio de lugar en los términos siempre basta para decir la verdad.

“Los intérpretes no han hecho más que transformar la filosofía. Lo que importa es mundanizarla.”
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No una vez

Me parece que leer el periódico es una buena cosa. Está bien. Hasta cierto punto, representa que uno ha llegado a un grado o momento de la vida en el que la paz espiritual, al modo de la fuerza, nos acompaña. Desayunar a las ocho de la mañana, beber una taza de café y leer el periódico. Así, en infinitivos, como si se hicieran todas estas cosas sin importar, sin estar determinados: desayunar, beber, leer. Así, con las erres al final, líquidas, como el café que se bebe.

Sin embargo, he de aceptar que leer el periódico puede ser también signo de modernidad industrial, signo de capitalismo financiero que busca números, que busca estar al día, que busca estar por cualquier medio, enterado de lo que sucede en el mundo.

Alguna vez oí, creo que en el programa de León Krauze, de un club hiperexclusivo para empresarios en algún piso de la Torre Mayor, en Reforma. Se trataba de un lugar al que solamente podían ingresar los dandys, herederos de fortunas millonarias, que usaban camisas con cuello de dieciocho centímetros de alto, mujeres con lentes de pasta Prada, contratistas de choferes. Y así, con todos los lujos ‘habidos y por haber’. Sobre todo porque los ‘por haber’, ellos son quienes los inventan. Pero no me quiero desviar del tema criticando la feliz burguesía que me provoca ira y envidia. Lo que quiero mencionar es que en el bar de ese club, en las salas de masajes, en los vestidores, en todos lados, arriba, abajo, en el techo, había televisores transmitiendo CNN, de manera que los que iban al pintoresquito club a relajarse pudieran estar enterados en todo momento de lo que pasa en el mundo.

No es que me quiera preguntar si eso es, en verdad, relajarse. Eso sería imbécil. Lo que quiero hacer notar es, a mi juicio, algo más sutil: que estar enterado o mirar las noticias o ver el periódico o escuchar los noticieros por el radio no siempre son sinónimos de lo que pregonaba en las primeras líneas: signos de una vida feliz, apacible y premoderna. A veces son signos de actividad absoluta, de mente ágil, de dinero, de New York, de ‘time is money’.

Aunque estas reglas o imaginaciones tal vez no se cumplan si el periódico en cuestión es el ‘Esto’.

Y, para concluir, ésta es mi idea de una vida lograda. Yo quiero que esto me pase en la vida:

Y no una vez, sino periódicamente.