El Asunto

El asunto y la controversia sobre el aborto no solamente está en la cuestión sobre el estatuo del embrión humano. Si bien ésa es la cuestión clave: ¿el embrión es persona o no?, también está involucrado otro tema que quiero plantear.
Ése el asunto de la racionalidad instrumental y la concepción de la sexualidad. En tanto se conciba a la sexualidad como una dimensión lúdica del ser humano será díficl promover una cultura que respete la dignidad de las personas y los derechos humanos. Si las relaciones sexuales se comprenden como una actividad que se puede tener con otra persona para pasarlo bien y tener placer, entonces es posible que se instrumentalize a la persona (incluso a uno mismo) y se convierta a ésta en un insturmento para mi propio placer.
Cuando la sexualidad se comprende como algo que yo puedo manejar, culturalmente, a mi antojo, es porque me comprendo a mí mismo, y al hombre en general, como un ser absolutamente autónomo y capaz de hacer de la naturaleza lo que más le plazca -hasta consigo mismo, en tanto miembro de la naturaleza-. Es decir: declarar a la razón como el criterio último rector de mis acciones, se le coloca en el punto más alto de la pirámide de las medidas de mis acciones e instrumentaliza a todo lo demás.
Hacer esto y concebir así a la razón es sumamente peligroso porque cuando ella es medida de sí misma (o en general cuando algo es medida de sí mismo) y no tiene con qué medirse, puede convertirse en ideología y en instrumentalizadora de lo que no es, de por sí, instrumentalizable. (Protágoras).
Si la razón no reconoce no sólo que la verdad es mucho mayor a ella sino también que, en tanto razón, no es absoluta, entonces lo que es limitado se tomará como ilimitado, lo que es se tomará por algo que no es, y acabará por no funcionar correctamente: la razón como criterio último de acción puede contradecirse a sí misma y dejar de funcionar como criterio último de acción.
Por otro lado, si se promueve una razón abierta al mundo, dispuesta a comprender la realidad al ver las cosas mismas antes de empujarle sus categorías, será posible promover una actitud realista de la razón, en la que la medida de ésta sea el ser, la realidad, y nunca sí misma. Por más dificil que esto sea, es necesario hacer un intento por comprender la realidad independientemente de lo que nosotros queramos que sea la realidad. La relación del hombre con el mundo es más saludable y duradera cuando nace de la sorpresa que causa el mundo en el hombre, y no de la manipulación que el hombre ejerce sobre el mundo.
La única manera de no convertir en instrumento, o en un medio, a una persona es tomarla como un fin, y eso significa, en su más alto grado: amar. Amar, en un sentido, es considerar siempre al otro como el fin de mis acciones. Si no se quiere manipular a la persona a través de la sexualidad, se debe comprender ésta como una vía de amor y no solamente como un instrumento de placer individual. Y no solamente la sexualidad, sino también cualquier manera de entrar en relación con los otros.
Sostener esto implica una actitud intelectual comprometedora: no puedo yo manipular la sexualidad a mi antojo, sino que tengo siempre que mirar por el otro procurando tomarlo como un fin y jamás como un medio para mis propios fines.
Si esto es verdad, y si la sexualidad se comprende así, entonces parece que la medida de la educación sexual no será solamente cómo tener relaciones sexuales sin peligro de contraer una enfermedad o sin peligro de tener un embarazo no deseado. La educación sexual será, entonces, una manera de educar al hombre en el amor y en la entrega al otro. Será una manera de destituir el individualismo o la razón instrumental y sustituirlos, en cambio, por una noción comunitaria de ser humano.

Y por ahora es todo.

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Ser y estar

El castellano es una de las pocas lenguas que cuentan con los verbos ser y estar de manera diferenciada. No sé a qué se deba eso, sera cuestión de filología y, posteriormente, de filosofía e historia de la cultura, pero por medio de un análisis del lenguaje es a veces posible determinar el carisma de un pueblo.
Es ya clásico, y un lugar común, hablar de ‘El laberinto de la soledad’ de Paz y del estudio que contiene sobre la palabra ‘chingada’. A pesar de mi poco original cita, ésta me sirve para ejemplificar cómo el lenguaje y el modo de hablar de un pueblo reflejan aunque sea un poco su personalidad.
Los ‘ayes’ del castellano, son en inglés ‘ooh’s’. Ejemplo: si voy caminando descalzo en mi habitación y golpeo el dedo chiquito de mi pie con la pata de mi cama, exclamo: ‘¡Ay, carajo!’ Y sufro de un dolor inmenso. Si un estadounidense hace lo mismo, exclama: ‘Oh, shit!’, y padece un dolor de más o menos las mismas dimensiones que el mío.
¿Por qué, si el dolor es similar, o de la misma especie, la interjección pronunciada es diferente?
Asimismo, hay idiomas que retratan de mejor manera que otros, con sus palabras, la realidad denotada. Por ejemplo, la serie estoadounidense sesentera de Batman (aquel gordillo de vestimenta lila), denotaba los golpes con las siguientes palabras: ‘pow’, ‘zaz’, ‘bam’. En cambio, el castellano denota los golpes con: ‘plop’, como hiciera otrora René Ríos, con su legendario Condorito. Si bien soy consciente de todo el contenido metafísico y moral que el ‘plop’ condoriteano implica, me parece analogable al ‘pow’ de los estadounidenses sesenteros, ya que éste también trae consigo toda una cosmovisión, una manera de ver el mundo.
Ser y estar, en fin, es uno de los temas más complicados para los estudiantes no-hispanos de lengua hispana.
Hace unas semanas estuve en España, y en el departamento en que vive mi novia, habita con ella una mujer polaca, estudiante de lengua y literatura hispánicas. El polaco, curiosamente, solamente tiene un verbo para referirse a ‘ser’ o a ‘estar’. Ella fue quien me comunicó la problemática y la dificultad del castellano en este ámbito y me pidió que tratara de explicarle la diferencia.
Lo que primero me vino a la mente para hacerlo fue decirle que intentara predicar la bondad a una mujer, primero con el verbo ser y luego con el verbo estar.
Pensé que ahí encontraría claramente la diferencia.

¿Cómo va a ser?

“Ivan Illich vio que se moría y su desesperación era continua. En el fondo de su ser sabía que se estaba muriendo, pero no sólo no se habituaba a esa idea, sino que sencillamente no la comprendía ni podía comprenderla.
“El silogismo aprendido en la Lógica de Kiezewetter: «Cayo es un ser humano, los seres humanos son mortales, por consiguiente Cayo es mortal», le había parecido legítimo únicamente con relación a Cayo, pero de ninguna manera con relación a sí mismo. Que Cayo -ser humano en abstracto- fuese mortal le parecía enteramente justo; pero él no era Cayo, no era un hombre abstracto, suno un hombre concreto, una criatura distinta de todas las demás: él había sido el pequeño Vanya para su papá y su mamá, para Mitya y Volodya, para sus juguetes, para el cochero y la niñera, y más tarde para Katenka, con todas las alegrías y tristezas y todos los entusiasmos de la infancia, la adolescencia y la juventud. ¿Acaso Cayo sabía algo del olor de la pelota de cuero de rayas que tanto gustaba a Vanya? ¿Acaso Cayo besaba de esa manera la mano de su madre? ¿Acaso el frufrú del vestido de seda de ella le sonaba a Cayo de ese modo? ¿Acaso se había rebelado éste contra las empanadillas que servían en la facultad? ¿Acaso Cayo se había enamorado así? ¿Acaso Cayo podía presidir una sesión como él la presidía?
“Cayo era efectivamente mortal y era justo que muriese, pero «en mi caso -se decía-, en el caso de Vanya, de Ivan Illich, con todas mis ideas y emociones, la cosa es bien distinta. Y no es posible que tenga que morirme. Eso sería demasiado horrible».
Leon Tolstoi, La muerte de Ivan Illich

Leon Tolstoi

Levedad y nihlismo en metafísica

La única manera de llevar a este mundo hacia un futuro esperanzador, después de que la insoportable levedad del ser se ha mostrado con la violencia y el sufrimiento, es que el ente adquiera una consistencia ontológica autónoma, o al menos aparezca un Ser lo suficientemente consistente como para dar sentido a la realidad volátil del nihilismo.

He aquí un ser cuya consistencia es no solamente perfecta, sino LA MÁS PERFECTA:

Eso, es consistencia.

¿Pensiero debole? Todo apunta a que Krispy Kreme restaure la metafísica.

El verdadero Código Da Vinci II

A continuación reproduzco dos pasajes escritos por Leonardo y encontrados hace algunos años:

“Acerca de cómo nombrar un nuevo catador”

“Mi Señor Ludovido me solicitó un nuevo Catador y los que escucharon su pedido sólo pueden pensar en una cosa: el antiguo Catador cumplió con su trabajo muy correctamente. Sin embargo, Mi Señor no necesita de un probador para los venenos artificiales, sino, en cambio, para los cocineros, envenenadores que trabajan en sus cocinas y le sirven frutas y pescados en descomposición. Lo que mató a Sergio Canallati fue eso*. Su pusiera Mi Señor orden en sus cocinas no necesitaría de ningún Catador en su mesa.”

* Leonardo está equivocado. Ludovico hizo colocar veneno en los platos del Catador para que su lugar fuese ocupado por el famoso evenenador Gentio Ciccania, que se encargaría de envenenar lentamente a su débil hermano mayor Giuliano, duque de Milán, de quien Ludovico deseaba obtener el título. Leonardo, obviamente, desconocía este plan.

“Acerca de una ayuda para la digestión”

“Me intriga saber si la actuación de bailarinas licenciosas en vez de los enanos y saltimbanquis habituales entre plato y plato de Mi Señor -especialmente entre aquellos de menor calidad- no favorecería una mejor digestión.”

Leonardo Da Vinci, Apuntes de cocina, Manuscritos R15-xft, Museos Vaticanos, Ciudad del Vaticano