Narn I Chîn Húrin

Apenas ayer terminé Los hijos de Húrin. Es un libro editado por Christopher Tolkien, quien al parecer ha tomado la decisión de juntar una fortuna millonaria garacias a los textos de su padre. Yo hubiera hecho lo mismo. Pero él, sin duda, creo que lo ha hecho bien.
El relato publicado hace unos meses no fue concebido como un libro en sí, tal como fue dado a conocer. J.R.R.Tolkien escribió pocos ‘libros’, así con inicio y fin y todo eso que un libro debe llevar. Ha sido su hijo Christopher quien se ha puesto a dar orden y a editar varias obras y escritos de su padre para dar a conocer todo el genio que se escondía en los cajones.
La obra de Tolkien es vasta. Su objetivo fue siempre contar historias. En sus cartas nos lo ha dejado bien claro y en el prólogo a la segunda edición de The Lord of the Rings también: sus relatos no tienen ninguna finalidad política ni alegórica ni económica. J.R.R.Tolkien sentía la necesidad de contar historias y generar una mitología para Inglaterra. Sólo el hecho de narrar lo que sucedía en Fantasía le bastó al filólogo inglés para dedicar su vida a una empresa que, por su misma naturaleza, sería interminable. Quizás esto fue bastante pretencioso, pero sí generó un corpus mitológico bastante complejo y lo suficientemente completo como para poder contar con bastantes relatos uniformes y claros. Aún hoy, después de los trabajos de su hijo Christopher, hay historias que han quedado inconclusas, confudidas con otras, y revueltas entre ellas mismas. Pero sí se puede hablar claramente de una cronología completa desde el incio del mundo hasta el fin de la tercer edad (Termina con la guerra del anillo, eso que fue narrado en la pantalla por Peter Jackson).
Tolkien era un filólogo y es desde ahí desde donde hay que comprender su obra. La creación de todas las especies en la Tierra Media no es obra del azar o de un daimon que lo poseyó y lo inspiró. El lenguaje es siempre el inicio de toda una cultura o una raza en la Tierra Media. Todo esto es verdad y suena bien. Pero Tolkien es también un narrador. No solamente un académico en filología, experto en anglosajón y un erudito en los relatos fundadores de la lengua inglesa. Tolkien llegó a ser un antropológo, un filósofo y hasta más o menos teólogo. Fue padre de varios hijos, escritor de cartas y esposo de su esposa.
Sus obras, si bien tienen un origen filológico, no terminan en el idioma. Y me parece que es en Narn I Chîn Húrin en donde el texto filosófico se hace más presente en la obra de Tolkien. The Lordof the Rings es una obra maestra, una gigantomaquia de la fantasía y de la ética. Pero Los Hijos de Húrin es un verdadero tratado de antropología.
El libro es áspero en una buena parte. Al no ser un relato concreto concebido por Tolkien para ser publicado como libro, sólo existían notas de la historia, y la fluidez del texto a veces era inexistente, pero el trabajo del editor es muy bueno. La historia de Húrin y sus hijos es contada también en The Silmarillion, pero no de forma completa y detallada como acá. Lo que Tolkien dejó fueron notas y textos más detallados que otras historias y por ello Christopher pudo dar una coherencia y unidad al relato.
A veces la lectura se hace pesada por la cantidad de nombres (el apéndice de nombres que incluyó Christopher al final del libro sirve de mucha ayuda). No es necesario haber leído The Silmarillion para comprender de qué va Narn I Chîn Húrin, pero sí es necesario estar acostumbrado a una lectura un poco lenta a momentos, pero excesivamente emocionante en otros.
El sabor de boca cuando el libro termina es el de una épica máximamente griega: la tragedia de la condición humana es expresada en los mejores términos y el lector termina comprendiendo por qué el ser humano se autofagocita. Y si no por qué lo hace, al menos que lo hace. Somos unas bestias. Pero aquello que nos hace ser bestias es aquello que nos hace tan gloriosos. La vanagloria, la soberbia, el orgullo, le envidia. Pero también el amor, la caridad, la creatividad y la valentía. Su fuente: la misma.
No hay escena ni final feliz augurable en ningún momento del relato. Las elecciones de los personajes son siempre nefastas y parecería que el destino del hombre está trazado. Túrin, protagonista principal de la obra es un gran hombre, que ha crecido con los elfos, de un linaje soberbio y noble. Pero un destino obscuro pesa sobre él y a cualquier lugar al que va, ensombrece los corazones de los hombres. Sin embargo, parece que no es ese trágico fato el que convierte a Túrin en un hombre pesado, sino las elecciones y las decisiones que toma a lo largo de la historia. Al final del camino, parece que se da cuenta de su propia finitud, pretendió todo el tiempo ser infinito, pero sus limitaciones humanas acabaron condenándolo.

Creo que puedo decir que Narn I Chîn Húrin es de esos libros que adquieren un sentido hasta la última línea. Su lectura es a momentos dificil, y a veces parece que no sucederá nada. Pero es hasta el final en donde la narración adquiere sentido. Igual que la vida humana. Es posible que el trayecto completo no tenga una dirección concreta o un fin bien conocido. Pero hay que segir leyendo. Porque es al final de la vida en donde la mirada retrospectiva ilumina todo el pasado.

Si bien Safran Foer tiene razón al decir que el pasado ilumina el presente, Tolkien alcanza a ver también una verdad importante: es el futuro lo que ilumina la vida del ahora o, en otro sentido, es el presente lo que ilumina no el pasado, sino mi propio pasado. Es hasta el final de nuestros días cuando podemos dar un significado a las penas, a las alegrías, a los triunfos y a los fracasos. No antes. Por eso la esperanza es una verdad que debe ser vivida aquí y ahora. Y por eso es un relato que merece la pena de ser leído.
Seguro hay mucho más qué decir sobre este gran relato, pero por ahora baste con esto.
Y, Cheve, debes leerlo.
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What is the purpose of life?

That’s what Camilla Unwin asked J.R.R.Tolkien.

He answered this:

“… If you do not believe in a personal God the question: ‘What is the purpose of life?’ is unaskable and unanswerable – To whom or what would you addres the question? But since in an odd corner (or odd corners) of the Universe things have developd with minds that ask questions and try to answer them, you might address one of these peculiar things. As one of them I should venture to say (speaking with absurd arrogance on behalf of the Universe): ‘I am as I am. There is nothing you can do about it. You may go on trying to find out what I am, but you wil never succeed. And why you want to know, I do not know. Perhaps the desire to know for the mere sake of knowledge is related to the prayers that some of you adress to what you call God. At their highest these seem simply to praise Him for being, as He is, and for making what He has made, as He has made it.’

“Those who believe in a personal God, Creator, do not think the Universe is in itself worshipful, though devoted study of it may be one of the ways of honouring Him. And while as living creatures we are (in part) within it and part of it, our ideas of God and ways of expressing them will be largely derived from contemplating the world about us. (Though there is also revelation both adressed to all men and to particular persons.)

“So it may be said that the chief purpose of life, for any one of us, is to increase according to our capacity our knowledge of God by all the means we have, and to be moved by it to praise and thanks. To do as we say in Gloria in Excelsis: Laudamus te, benedicamus te, adoramus te, glorificamus te, gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam. We praise you, we call you holy, we worship you, we proclaim your glory, we thank you for the greatness of your splendour.
“And in moments of exaltation we may call on all created things to join in our chorus, speaking on their behalf, as is done in Psalm 148, and in The Song of the Three Children in Daniel II. PRAISE THE LORD… all mountains, all orchards and forests, all things that creep and birds on the wing.

“This is much too long, and also much too short -on such a question.

“With best wishes…”

J.R.R.Tolkien

From a letter to Camilla Unwin, 20 May 1969, Lakeside Road, Brannsome Park Poole.

El laberinto

No la había visto. Pero ya la vi. Fue el viernes. En verdad me gustó, salí tan emocionado que me creía alguno de los personajes.
Salí convencido de que la verdad se expresa siempre a la manera de un mito, por lo que el relato fantástico puede ser el más verdadero de todos. La realidad que muestran los periódicos es una realidad contingente. En un momento se esfuma de las manos. En cambio, fantasía propone un mundo que permanece, capaz de satisfacer los más profundos deseos del alma humana. y es allí en donde hay que encontrar lo ‘racional’.
Lo ‘racional’ no es quizá, lo matematizable, lo empírico o el fenómeno positivo, sino lo que mejor comprende nuestra persona en su totalidad. Lo que mejor llena de sentido las distintas dimensiones de la persona: intelectual, afectiva, psicológica, espiritual, corporal.
La película presenta a una niña que se evade de la realidad por medio de sus cuentos. Aparentemente ella vive en un sueño, de espaldas a la verdad. Pero la ‘verdadera verdad’ se encuentra en sus mitos, en sus ilusiones y en la esperanza de que el mundo sea un día mejor. Su padrastro, general fascista obsesionado con la construcción de un estado perfecto, es el ser humano cuando se deja llevar por la soberbia, es el hombre que cree que tiene la totalidad de la verdad, es aquél que está dispuesto a destruir el mundo en pos de ‘lo que es mejor para el mundo’.
Debemos creer, tener fe en el mito, poner nuestras esperanzas en el bien y no en la realidad de los noticieros. Como lo dice el maestro JRR Tolkien, la evasión no es perjudicial, sino el camino a lo que es verdaderamente real. ¿Quién puede culpar a un preso que sueña con el momento en que lo dejarán libre? De eso se alimenta, de eso vive y por eso sobrevive.
En términos de lo que el profesor Tolkien llamaba ‘aplicabilidad’ (nunca interpretar los relatos fantásticos como una ‘alegoría’, sino solamente en términos de su aplicabilidad), El laberinto del fauno’ muestra la capacidad de ‘fantasía’ para llevar al hombre a la salvación, a desenajenarse de sí mismo, a situar sus miras en un lugar más alto y más bello que la supuesta realidad de la horrorosa política y la infame economía. Y que es posible asirse a realidades mucho más sublimes, aunque muchas veces el mundo, gracias a nuestra libertad caída, no logre escenificar el verdadero bien.
Bravo por el señor Del Toro.