¿Qué prefieres?

Hay muchísimas maneras de morir. Existen las muertes trágicas e imprevisibles, pero también existen aquellas muertes esperadas. Aquellas muertes que, a pesar del dolor, hacen descansar a los familiares que no murieron (por ejemplo, después de una larga enfermedad). Evidentemente, también producen descanso en aquel que murió.

Uno puede morir atropellado o en un choque. La muerte la puede producir una enfermedad como el cáncer o un infarto en el corazón o en el cerebro. Uno puede morir de una caída o de un balazo. Uno puede morir en la guerra o puede morir dormido.

Hay quien dice que no se puede decir que ‘uno muere’, sino solamente que ‘a uno la muerte le sucede’. Más allá del debate sobre la condición del verbo ‘morir’, me he preguntado acerca de un fenómeno que, no necesariamente mata pero sí, indudablemente, es capaz de producir mucha pero mucha risa.

A ustedes, amables lectores, les planteo la siguiente pregunta:

“Siguiendo la escuela de los ‘Toons’ (tanto ‘Looney’ como ‘Tiny’, así como a los grandes maestros Yakko, Wakko y Dot), después de apreciar millones de sucesos estético-hilarantes, yo les pregunto: ¿Qué prefieren que les caiga encima?”

a) Un yunque

b) Un piano

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