Hoy

no fui a trabajar. Y eso es una buena cosa. No es que no trabajar sea la gloria del descanso para mí. El trabajo es importante e, incluso, me considero una persona activa. Si no trabajo o si descanso de más, me desespero y termino deprimiéndome. Decían los escolásticos que la mejor cura para la tristeza es la actividad. Y es que la vida es actividad, es dínamis, es movimiento.
Si nos compramos unos ‘pufs’, de esos asientos ‘jipiosetetenteros’ y los utilizamos más de lo debido, es probable que nos convirtamos a las drogas y al alcohol. Hay quien los compra y los utiliza en exceso precisamente para convertirse a las drogas y al alcohol. Es tanta su fuerza de voluntad de volver su vida hacia los excesos que son capaces de entregarse en cuerpo y alma al ocio.

No quiero hacer una apología del trabajo. Tampoco una apología del ocio, o de los excesos. Ni de las adicciones. Ni de la actividad, ni de la tristeza, ni de la virtud, ni del vicio. Ni una apología de la apología. En realidad, no quiero hacer ninguna apología. Oh, Dios, no sé qué más escribir. Aunque por otra parte, no debería preocuparme por eso, es mi propio blog. Aunque se me puede recrminar la pérdida de tiempo del lector. Lo siento. Lo siento mucho. Es lo que sucede por tener un día feriado, de no ir a trabajar y poder ir, con gusto y sonrisa, a los toros.

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Hace 60

La fiesta brava tuvo una muerte trágica hace precisamente 60 años. Un 28 de agosto de 1947 ‘Islero’, astado de la ganadería de Miura hirió de muerte a Manuel Rodríguez ‘Manolete’, uno de los más grandes toreros de todos los tiempos.

Con apenas 30 años de edad, el ‘Monstruo de Córdoba’ dejó el mundo y los ruedos para obligar a la fiesta brava a vestirse de luto. Hoy, después de 60 años, los que no le conocimos sabemos que fue grande y maravilloso. Brindemos y bebamos tinto, compartamos tortilla y chamorros, que hay mucho por recordar o por escuchar de aquellos que estuvieron presentes.

Ánimo, fiesta brava, que vendrán tiempos nuevos y olé.

Hemingway delira

Lo he decidido. Hemingway es uno de mis escritores preferidos. He de reconocer que no he desarrollado el gusto por los autores americanos, pero Hemingway…
El primer encuentro que tuve con él fue en ‘The Old man and the Sea‘. Yo estaba en cuarto de prepa y su idealismo me aterrorizaba de emoción. Idealismo que sigue siendo el acicate para que me dedique a su lectura. Pero este post no quiere hablar de ‘El Viejo y el Mar’. Ahora lo veo como un libro sumamente trillado. A pesar de haber ganado el Pulitzer justo por esta novela (lo ganó en 1953, sólo un año después de publicada y un año antes de ganar el Nobel), me parece que no es su mayor logro. Incluso la historia de la literatura no cataloga a la novela como su mejor obra. Y es que es demasiado cursi. La verdad.
En realidad lo que me ha motivado a leerlo es que su propia vida representa el ideal del hombre que disfruta la vida. Es el punto medio entre un hedonismo y el ‘english gentleman’ que quizá sea más bien racionalista. Hemingway gustaba de la bohemia, de la fiesta taurina y de pescar. Le gustaba visitar ‘La bodeguita del medio’ en La Habana, beber mojitos y hacer apuestas en los hipódromos.
Respecto de cada afición aprendió más de lo necesario para poder llamarle un experto. ‘Death in the afternoon’, por más extraño que pueda parecer al ser escrito por un estadounidense, es uno de los más importantes tratados de tauromaquia. Sí es raro, pero al mismo tiempo entiende lo agradable que es una taza de café caliente en unas manos frías, beber vino desde una bota de piel, gritar olé y escribir, con pocas descripciones y sobretodo a través de diálogos: capacidad propiamente humana. ‘The sun also rises’, su primera novela, traducida al español com ‘Fiesta‘ narra las peripecias de un viaje que hacen los protagonistas a Pamplona.
Disfruté mucho ‘A moveable feast’, relato autobiográfico, publicado póstumamente, en donde cuenta todas las tardes de café del París de los 20’s, las tardes en la casa de Gertude Stein, y los momentos en los que se formó la ‘Generación perdida (Lost Generation). Ezra pound, W. Faulkner, Scott Fitzgerald, T.S Eliot y hasta Alfred Hitchcock, entre otros.
Ahora me dedico a su gran obra ‘For whom the bell tolls’. Novela de guerra, situada en la España de la Guerra Civil. He leído ya como 120 páginas y solamente he leído asuntos de la intimidad de los gitanos y los españoles en contra del fascismo. Diálogos y más diálogos. Esencia humana y personal convertida en canto a la sencillez, el placer del vino y la vida cotidiana.
Además de todo, estaba bien galán. Luis Eduardo Aute, rey de la nueva trova y el canto español así lo ha retratado.
A la deriva la noche…
la selva invade el lanchón,
la luna, bola de sangre,
la devoró el tiburón,
las olas vuelan tiñosas
rizadas por un ciclón,
“Pilar” navega sin rumbo
bajo un diluvio de ron…
Bajo la noche guajira
Hemingway delira.
En el Caribe…
se vive, se escribe,
escribe y vive
el Caribe como es.
Bajo la noche guajira
Hemingway delira.
Una langosta mulata
anda buscando el timón,
y llora una viuda negra
sobre la tripulación…
Lejana, ‘Finca Vigía’
sufre una alucinación…
Ernest, el aventurero,
se bate contra el Dragón…
En el Caribe…
y se bebe y se mueve y se bebe
en el Caribe…
y se mueve y se bebe y se mueve
en el Caribe…
al compás del viejo son…
Bajo la noche guajira
Hemingway delira.
Luis Eduardo Aute, Hemingway Delira