El imperio de la fuerza

Edith Stein como enfermera en
un poblado austriaco, en la Gran Guerra.

Si hay alguna lógica que impera en este mundo roto es la lógica del poder. El imperio del poder, la dictadura de la instrumentalización, el despotismo del más fuerte. Esto no es mundo sino selva.
Sólo bajo estas ideas puedo explicarme que la profesión de médico pueda ser considerada como paradigma de éxito por encima de la enfermería.

Como si la salud fuera tan importante y el cuidado una limosna. El médico es endiosado y la enfermera vituperada, escupida, despreciada. La hacen entrar por la puerta de atrás, le pagan no más que para las algarrobas y le roban la dignidad con el acoso sexual. La hacen comer junto al orinal y la abofetean verbalmente.

Lo propio del médico es hacer lo que esté en sus manos para devolver la salud al enfermo. ¡Oh, diosa salud! Te veneramos como si fueras la esperanza. Y por eso te pagamos, divino médico, apenas lo mínimo para que comas zetas y trufas. “Disculpe usted que no podamos pagarle más pero es que ya le hemos quitado todo a la enfermera.”

Si tan sólo fuera eso lo único, la situación merecería no más que alguna despotricada y uno que otro pequeño golpe. El problema no se encuentra tanto en el sueldo sino en la veneración desproporcionada a quien no hace sino paliar el dolor y quitarnos la muerte de enfrente, a quien no hace más que cegarnos de nuestra finita realidad con medicinas y colocarnos en un mundo irreal. La vida se ha vuelto un fetiche, dice Illich. Y yo le creo. Porque el poder ha ganado y la lógica nietzscheana del más fuerte sigue imperando. Vamos al abismo, si seguimos en esa dirección.

El médico nos receta, la enfermera nos acompaña. ¿Qué es más importante: la salud o el cuidado? La salud no es imprescindible para la vida. ¡Cuántas vidas encuentran su sentido en el dolor, en el sufrimiento y en la enfermedad! El Burgués se define como aquél que dedica su existencia a torear al sufrimiento. Acomodarse es la peor enfermedad del hombre.
Porque la enfermedad y el dolor dan sentido a la pequeña y finita existencia. Porque la enfermedad es esencial al hombre y nos recuerda nuestra esencia y nuestra finitud. ¡Qué hace el médico, pues, sino deshumanizarnos, hacernos menos seres humanos, alejarnos un poco más del contacto con la Verdad!

¿Quién necesita realmente la salud? La muerte será inevitable. Evitar la enfermdad no es más que prolongar nuestro destino. Pero ¡aaaah! Venerable médico que eliminas el sufrimiento y me vuelves inmortal. Te venero, te pago y te levanto una estatua, un busto o nombro una calle en tu honor.

Enfermería: cuidado del otro, higiene, entrega total. El sufrimiento tiene un papel que jugar en la existencia. La suciedad no. La soledad no. La mugre no. El dominio del otro no. No la humillación. ¿Quién si no la enfermera hace una labor de humanización? Es ella quien acompaña, quien mata a la soledad de un tiro, quien dignifica el sufrimiento y lo hace valedero, quien agita el badajo llamando a la cruzada por la dignidad. La enfermera no elimina a la humanidad, la libera para siempre. De alguna enfermedad moriremos, y el médico al final no tendrá nada qué hacer. La salud es, por ello, pasajera. La higiene, la compañía, la dignidad, en cambaio, son eternas. Porque por ellas entramos al bien morir, porque ellas nos abren el camino a un buen final. Por eso permanecen y son intemporales. Por eso la enfermería es sublime.

¡Qué lógica tan insensata la nuestra! El mundo está patasarriba. ¿Cómo colocar a la medicina en el pedestal de la realización y en cambio meter al cuidado y a la compañía en la pocilga de los males necesarios? La enfermera es la encarnación de la caridad, el adalid y estandarte de una vocación a la vida de profundo y completo servicio. No mayor don que la enfermería. El médico, ¡bah! mero ejercicio de una técnica. Técnica convertida, por cierto, en aparato de dominación social.

El médico no hace más que conocer y aplicar el conocimeinto a lo conocido. La enfermera no hace más que dejar la piel y sumarse arrugas en el rostro en pos de la dignidad de quien siente dolor, que ese dolor se convierta en sufrimiento y no termine en vacuidad, vana vacuidad. Salud: vanitas vanitatis.

La vocación de la enfermera es lo verdaderamente loable. Sólo un corazón pervertido puede ver en la entrega de la enfermera, en la dignificación del enfermo, en la coronoación del don, al albur de las profesiones. Sólo aquél que estúpida e ingenuamente pretende ser súper hombre y no hace mirar más que su propio ombligo reventando en billetes, hinchado de sí mismo, piensa que médico es más digno que enfermera.

No quiero denigrar la profesión de la medicina. Pues su valor es incalculable. Lo que me preocupa es el fetichismo, el vellocino de oro que se construye alrededor de ella con el oro de los pobres. Y con un poco de presión, ni siquiera esta idolatría pagana hacia el médico es tan preocupante. Lo triste, lo desastrozo, lo deseperante, es la denigración hacia quien hace morir dignamente. El rechazo y la vuelta de espalda a quien no hace más que entregar sus días al bien de las personas concretas y reales. Nada de hacer el bien a la masa, al mundo. La enfermera se encuentra con la realidad humana cara a cara. La enfrenta, es abrazada por ella. Y ella la acoge en su seno maternal, caritativo, amoroso y para nada domesticado. Porque quien está domesticado está institucionalizado. Y quien ha sido convertido en institución no hace más que repetir burocráticamente un programa establecido por una entidad anónima, perdiendo en el camino, en cada tropiezo, un poco de su individualidad y de su personalidad. La enfermera es la menos institucionalizada del mundo. Por más que se convierta en profesión y hasta exista un sindicato, en el corazón de la enfermería está, brillando y palpitando, un hambre por el ser concreto, un hambre por lo que es la verdadera salvación: no una salud hedonista, sino el cudiado, la compañía y el sentido del dolor y el sufrimiento.

Lo repito: ¿Cuántas vidas no encuentran su sentido en el sufrimiento? ¿Cuántas enfermedades no santifican almas y cuántas almas no son purificadas en la humildad por el cáncer? En cambio, me permito ahora preguntar: ¿Cuántas personas encuentran su sentido en la mierda? ¿Cuántas vidas ven cumplido su destino en la soledad y en la suciedad, en el desaseo? La salud, por tanto, es prescindible. La higiene, el cuidado y la compañía, no. Son éstas las condiciones mínimas de posibilidad para que cuando la muerte llegue sea bien recibida. Porque llegará, inevitablemente. Más nos vale aceptarla e invitarla a tomar el té en un lugar limpio y rodeado de niños. La enfermera es quien lo logra, es quien limpia la casa y dignifica el hogar para recibir a las visitas.

Mundo roto, mundo que aborta a las enfermeras y clona a los médicos. Vamos rumbo a una eugenesia del superhombre. Y parece que no hay vuelta atrás.

Anuncios

El Asunto

El asunto y la controversia sobre el aborto no solamente está en la cuestión sobre el estatuo del embrión humano. Si bien ésa es la cuestión clave: ¿el embrión es persona o no?, también está involucrado otro tema que quiero plantear.
Ése el asunto de la racionalidad instrumental y la concepción de la sexualidad. En tanto se conciba a la sexualidad como una dimensión lúdica del ser humano será díficl promover una cultura que respete la dignidad de las personas y los derechos humanos. Si las relaciones sexuales se comprenden como una actividad que se puede tener con otra persona para pasarlo bien y tener placer, entonces es posible que se instrumentalize a la persona (incluso a uno mismo) y se convierta a ésta en un insturmento para mi propio placer.
Cuando la sexualidad se comprende como algo que yo puedo manejar, culturalmente, a mi antojo, es porque me comprendo a mí mismo, y al hombre en general, como un ser absolutamente autónomo y capaz de hacer de la naturaleza lo que más le plazca -hasta consigo mismo, en tanto miembro de la naturaleza-. Es decir: declarar a la razón como el criterio último rector de mis acciones, se le coloca en el punto más alto de la pirámide de las medidas de mis acciones e instrumentaliza a todo lo demás.
Hacer esto y concebir así a la razón es sumamente peligroso porque cuando ella es medida de sí misma (o en general cuando algo es medida de sí mismo) y no tiene con qué medirse, puede convertirse en ideología y en instrumentalizadora de lo que no es, de por sí, instrumentalizable. (Protágoras).
Si la razón no reconoce no sólo que la verdad es mucho mayor a ella sino también que, en tanto razón, no es absoluta, entonces lo que es limitado se tomará como ilimitado, lo que es se tomará por algo que no es, y acabará por no funcionar correctamente: la razón como criterio último de acción puede contradecirse a sí misma y dejar de funcionar como criterio último de acción.
Por otro lado, si se promueve una razón abierta al mundo, dispuesta a comprender la realidad al ver las cosas mismas antes de empujarle sus categorías, será posible promover una actitud realista de la razón, en la que la medida de ésta sea el ser, la realidad, y nunca sí misma. Por más dificil que esto sea, es necesario hacer un intento por comprender la realidad independientemente de lo que nosotros queramos que sea la realidad. La relación del hombre con el mundo es más saludable y duradera cuando nace de la sorpresa que causa el mundo en el hombre, y no de la manipulación que el hombre ejerce sobre el mundo.
La única manera de no convertir en instrumento, o en un medio, a una persona es tomarla como un fin, y eso significa, en su más alto grado: amar. Amar, en un sentido, es considerar siempre al otro como el fin de mis acciones. Si no se quiere manipular a la persona a través de la sexualidad, se debe comprender ésta como una vía de amor y no solamente como un instrumento de placer individual. Y no solamente la sexualidad, sino también cualquier manera de entrar en relación con los otros.
Sostener esto implica una actitud intelectual comprometedora: no puedo yo manipular la sexualidad a mi antojo, sino que tengo siempre que mirar por el otro procurando tomarlo como un fin y jamás como un medio para mis propios fines.
Si esto es verdad, y si la sexualidad se comprende así, entonces parece que la medida de la educación sexual no será solamente cómo tener relaciones sexuales sin peligro de contraer una enfermedad o sin peligro de tener un embarazo no deseado. La educación sexual será, entonces, una manera de educar al hombre en el amor y en la entrega al otro. Será una manera de destituir el individualismo o la razón instrumental y sustituirlos, en cambio, por una noción comunitaria de ser humano.

Y por ahora es todo.

Acerca de la verdad

“Un hombre que, tan inteligente como humildemente, intenta imponer la no verdad con buena intención entre creencias encontradas es infinitamente más valioso que cualquier otro hombre, que defienda la mejor y más noble verdad con prejuicios, desacreditando a sus enemigos de forma vulgar.
“¿Nunca quiere aprender una clase de gente que en el peor de los casos no es verdad que un hombre conscientemente y adrede se haya ofuscado a sí mismo? En mi opinión, esto no es verdad, ni existe la más mínima razón porque no es posible. Entonces, ¿qué quieren con sus reproches, con su intencionada obstinación, con sus durezas voluntarias, con sus planes premeditados, que embellecen sus mentiras y que, además, saben que son mentiras?, ¿qué quieren ellos con todo eso? Que otra cosa que… pero, mejor, guardo silencio, porque así les facilito también a ellos, esta verdad, pues también he de creer que ellos no podrían emitir juicio alguno, ni calumnioso ni falso, a sabiendas e intencionadamente; de ahí que me calle y me reserve cualquier tipo de alabanza.
“El valor del hombre no se define, simplemente, por la verdad en cuya posesión cualquiera está o puede estar, sino en el esfuerzo honrado que ha realizado para llegar hasta la verdad. Así pues, no es por la posesión de la verdad sino por la constante investigación en pro de ella como se amplían sus fuerzas, y sólo en ellas consiste su siempre creciente perfeccionamiento. La posesión hace apático, perezoso y orgulloso.
“Si Dios tuviera encerrada en su mano derecha toda la verdad y en su izquierda el único impulso que mueve a ella, y me dijera: ‘¡Elige!’, yo caería, aun en el supuesto de que me equivocase siempre y eternamente, en su mano izquierda, y le diría: ‘¡Dámela, Padre! ¡La verdad pura es únicamente para ti!'”

Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781)
O sea que no conoció la Crítica de la Razón Pura, jijijiji.

Una carta de Edith Stein

Cuando Edith Stein, de raza judía, fue canonizada por el papa Juan Pablo II fue considerada mártir de la Iglesia Católica. Murió en la Shoá, en el campo de extermino de Auschwitz.

Esto suscitó una polémica política. Se interpretó, sobre todo en algunos sectores laicistas, que la Iglesia Católica estaba apropiándose de los mártires judíos y los estaba trayendo a su causa. Sin embargo, es sabido que Stein había escrito al obispo de Köln (lugar en el que vivió los últimos meses de su vida) una carta en la que condenaba, desde el cristianismo, las actitudes que estaba tomando el gobierno alemán en la guerra. Esta carta influyó en una gran medida para que agentes del estado Nazi entraran violentamente al Carmelo de Colonia y se llevaran a Edith y a su hermana Rosa.

Edith Stein sufrió muchas discriminaciones a lo largo de su vida. Dos veces intentó obtener una cátedra universitaria. Las dos veces le fue negada la posibilidad. La primera por ser mujer. La segunda por ser judía. Se trata de una persona cuya vida la dedicó a recuperar la dignidad del ser humano en todos sus aspectos, desde la trinchera política e intelectual que a ella como filósofa le comprometía.

En 2003, después de que Stein fuera canonizada y una vez que la polémica sobre su martirio se dio por finiquitada, se abrió al público todo el material del pontificado de Pío XI, el Archivo Secreto del Vaticano. En ese material apareció una carta que Edith escribió al Santo Padre en 1933. No aparece datada, pero se supone que fue escrita a inicios del mes de abril de 1933. La transcribo a continuación:

“¡Santo Padre!

“Como hija del pueblo judío, que, por la gracia de Dios, desde hace once años es también hija de la Iglesia Católica, me atrevo a exponer ante el Padre de la Cristiandad lo que oprime a millones de alemanes.

“Desde hace semanas vemos sucederse acontecimientos en Alemania que suenan a burla de toda justicia y humanidad, por no hablar de amor al prójimo. Durante años los jefes nacionalsocialistas han predicado el odio a los judíos. Después de haber tomado el poder gubernamental en sus manos y armado a sus aliados, -entre ellos a señalados elementos criminales-, ya han aparecido los resultados de esa siembra del odio. Hace poco el mismo Gobierno ha admitido el hecho de que ha habido excesos, pero no nos podemos hacer una idea de la amplitud que estos hechos, porque la opinión pública está amordazada- Pero a juzgar por lo que he venido a saber por informaciones personales, de ningún modo se trata de casos aislados. Bajo presión de voces del extranjero, el régimen ha pasado a métodos ‘más suaves’. Ha dado la consigna de que no se debe ‘tocar ni un pelo a ningún judío’. Pero con su declaración de boicot lleva a muchos a la desesperación, porque con ese boicot roba a los hombres su mera subsistencia económica, su honor de ciudadanos y su patria. Por noticias privadas he conocido en la última semana cinco casos de suicidio a causa de estas persecusiones. Estoy convencida de que se trata sólo de una muestra que traerá muchos más sacrificios- Se pretende justificar con el lamento de los que los infelices no tienen suficiente fuerza para soportar su destino. Pero la responsabilidad cae en gran medida sobre los que lo llevaron tan lejos. Y también cae sobre aquellos que guardan silencio acerca de esto.

“Todo lo que ha acontecido y todavía sucede a diario viene de un régimen que se llama ‘cristiano’. Desde hace semanas, no solamente los judíos, sino miles de auténticos católicos en Alemania, y creo que en el mundo entero, esperan y confían en que la Iglesia de Cristo levante la voz para poner término a este abuso en nombre de Cristo. ¿Esa idolatría de la raza y del poder del Estado, con la que día a día se machaca por radio a las masas, acaso no es una patente herejía? ¿No es la guerra de exterminio contra la sangre judía un insulto a la Santísima Humanidad de nuestro Redentor, a las Santísima Virgen y a los apóstoles? ¿No está todo esto en absoluta contradicción con el comportamiento de Nuestro Señor y Salvador, quien aún en la Cruz rogó por sus perseguidores? ¿Y no es esto una negra mancha en la crónica de ese Año Santo que debería ser un año de paz y de reconciliación?

“Todos los que somos fieles hijos de la Iglesia y que consideramos con ojos despiertos la situación en Alemania nos tememos lo peor para la imagen de la Iglesia si se mantiene en silencio por más tiempo. Somos también de la convicción de que a la larga ese silencio de ninguna manera podra obtener la paz con el actual régimen alemán. La lucha contra el catolicismo se llevará por un tiempo en silencio, y por ahora con formas menos brutales que contra el judaísmo, paro no será menos sistemática. No falta mucho para que pronto, en Alemania, ningún católico pueda tener cargo alguno si antes no se entrega incondicionalmente al nuevo rumbo.

“A los pies de Su Santidad pide la Bendición Apostólica,

“Hermana Teresa Bendicta de la Cruz
“Dra. Edith Stein.”

Hasta ahí las palabras de la santa, quien murió el 9 de agosto de 1942, a manos del ejército Nazi en una cámara de gas como instrumento, en el campo de extermino en Auschwitz, y canonizada por Juan Pablo II en 1998 como mártir de la Iglesia Católica.

La filosofía

Hace unos días el existencialista de mierda publicó un post sobre la filosofía. O mejor dicho sobre los filósofos. Lo pueden ver, si quieren, aquí. Si no, no. Aunque sería bueno que .
Ese post desató en mi al fastidioso ‘train of thoughts’ que de pronto me da. Que me da, que me da. Fastidioso pero, al fin, filosofante.

El existencialista de mierda señalaba que había dos tipos de filósofos. Sin querer caricaturizar sus retratos, los resumo: a) aquel que se hace llamar ‘filósofo’ y que pretende moverse en todo el ámbito cultural, que publica poemas en revistas y sale a todos los bares de moda con sus amigos, vistiendo bien y con un look intelectual. Este ‘filósofo’ es capaz de querer utilizar la filosofía para meterse en las faldas de las muchachas en lugar de en sus cabezas. En general, es superficial pero inteligente. Se le ve en los cafés y en eventos culturales, como de jazz o así. Tuvo, tiene o tendrá una revista, lee lo último de la literatura, es capaz de improvisar en una discusión filosófica académica y de preguntar en la conferencia del intelectual de moda. Pero es un tanto distraído, le importa más cómo lo vean que lo que realmente sea. b) El filósofo académico que está dispuesto a sacrificar bares y modas por el estudio sincero hacia un área concreta o un tema en especial. Éste es el filósofo que piensa en su tesis, que piensa en la última novedad acerca de su especialidad, que no es tanto un esteta, sino un filósofo de academia, de libros y aulas. Es capaz de hablar de los clásicos con orden y de desglosar un argumento, de armar razonamientos serios y quiere contribuir un poco a la construcciónd el saber humano. Éste filósofo prefiere a veces la soledad de la biblioteca al desenfreno de la Condesa, al modo de pequeños Kants que encuentran algo poético en la humilde labora de cada día. Al primero lo llamó ‘filósofo por accidente’. Al segundo, ‘filósofo por sí mismo’.

Me parece que le faltó una tercera opción: la opción socrática. Creo que es aquí en donde de verdad se encarna el ideal de la filosofía. El verdadero filósofo, a mi juicio, no es aquel que se enclaustra a estudiar horas enteras un tema concreto, sino aquel que ha decidido que su vida tomará un rumbo diferente. Es aquel que hace deporte siendo filósofo, que viaja siendo filósofo, que ve la tele siendo filósofo. No solamente destaca por una constante actitud crítica, sino por una sincera intención de encarnar la verdad y vivirla por sí mismo. La filosofía no es, así, y no debe ser, creo, una profesión. Se puede vivir de la academia, pero una cosa es la academia (en el sentido moderno no-platónico), y otra es la filosofía. El filósofo es el que en un momento detemrinado de su vida decidió vivir su vida en serio, enviar al traste las sensiblerías y examinar su vida bien.

La figura de Sócrates (según el que Platón nos dibuja) sería entonces la verdadera figura del filósofo. El filósofo es el que dialoga, que indaga, que busca. Es el amoroso sabiniano. No, y nunca, el que ejerce una profesión. Es claro que el lugar, en estos días, para hacerlo es el aula. Pero no es necesariamente el estudio lo que hace filósofo al filósofo. Es la visión y la actitud ante la realidad, las intenciones de no ser un mediocre. No se conforma con un área del pensamiento. El filósofo desea saberlo todo, lo busca todo. Es hambirento, le interesa la amistad, la pintura, el cine, el bar de moda, los clásicos, el filósofo no desprecia nada ni desecha nada. La filosofía todo lo busca, todo lo quiere, nada reclama para sí, todo lo comparte, todo lo dialoga. La filosofía no se sacia, no es corta de miras, busca realizar y modificar el mundo, modificándose a sí mismo y encontrando el parámatero en el otro. La filosofía no alcanza nada, pero se estira por completo. La filosofía es hambrienta, es infinita, es bienintencionada. Sabe que hay cosas más importantes que la verdad, como por ejemplo el bien o, más aún, la belleza. La filosofía no busca refutar a los filósofos, sino comprenderlos y aprovecharles. El filósofo no busca ganar la discusión, busca solamente atrapar al sofista, pero con la mira en la verdad, nunca en el propio triunfo. El filósofo sabe que nunca es filósofo por sí mismo, sino filósofo por el otro. Es el encuentro amistoso con el otro el único lugar desde el cual se puede filosofar verdaderamente. Es en el núcleo de la amistad y el interés personal en donde se puede engendrar y parir el conocimiento. El filósofo siempre reconoce sus deudas, se reconoce siempre alumno y nunca maestro. El filósofo no enseña, el filósofo aprende. Y no estudia para el SNI, sino que estudia para el diálogo. El filósofo vive en constante crisis. Vive en constante juicio y busca siempre la autenticidad. La filosofía se vive, no se enseña ni se publica, se dialoga, se ríe, se comtempla, la filosofía se escucha, se pare, no se vende ni se cobra.

La vida académica del scholar, sólo un trabajo.

Sé que esta tercera visión no se contrapone con la noción existencialistamierdista del ‘filósofo por sí mismo’, pero quise recalcar ciertos aspectos que a mi juicio habían quedado velados. El filósofo debe ser por sí mismo pero también por accidente. Y hacerlo bien. El filósofo es académico, es intelectual, estudioso, pero también es lúdico, cómico y fashion. No hay por qué contraponerlo.

Creo que el filósofo no es el filósofo. El filósofo es el que se mantiene siempre ‘queriendo-ser-filósofo’.

Thinking Blogger Award

Hace unos días, Tras el muro de Planck otrogó a este blog el ansiado y esperado premio: The Thinking Blogger Award. Debo agradecer a TMP por haber fijádose en esta humilde bitácora y haré lo propio. Me pronunicaré en favor de 5 blogs que generen actividad eléctrica en mi cerebro e inciten a mi espíritu a escalar, con nuevos bríos, altas cumbres en el ámbito del sapere.

He decidido comprender por la palabra ‘thinking’ no solamente el razonamiento sino la comprensión en general. Bajo ‘comprensión’ caben todas las actividades del espíritu que tengan sus queveres con lo que exalta lo humano: el pensamiento, la creatividad, la reflexión propiamente dicha, la risa, el regocijo y, por supuesto y sobre todas las cosas, la candidez.

Los ganadores son:

Por su cultura literaria excepcional y su sinceridad al escribir (reflejada, p.ej. en su manera de dirigirse directamente a sus lectores), que tanto enseñan a la blogósfera y tanto aportan a nuestro querido mundo virtual.

Por sus amplias disquisiciones merecedoras de una lectura prolongada. Su estilo y su propuesta han contribuido de manera amplia en el ámbito de la reflexión filosófica y la aplicación de ésta a la vida cotidiana. Y también porque ahora nos maneja el secreto.

Por su visión estética de la vida que no pierde en ningún momento, por la destacada selección de fotografías de mujeres hermosas y por el nombre que lleva, que es bastante cándido.

Por sus contribuciones a la difusión de la cultura católica y literaria, por las traducciones de Chesterton que nos ha entregado y por el amplio rating que ha conseguido en tan poco tiempo. Y por ser de Sudamérica.

Por sus intentos fallidos en la incursión filosófica, pero por sus reconocidos logros en el ámbito… en el ámbito… Bueno, por ser un buen blog que me incita a pensar gracias a sus logros culturales y literariamente estéticos pero sobre todo, por aquello que le da sentido a todo lo demás: por la gran candidez de su autor.
Por sus grandes y chistosas ironías sobra la filosofía, la literatura y la plástica. También porque lo que dice en ‘About me’ está bien chido.

Mención Honorífica:

Sé que esto no se acostumbraba (igual que tampoco el 5′), pero no sólo nuestro buen corazón sino el pretendido buen juicio del comité de selección, ha pensado que dejar fuera a algunos blogs por la cantidad numérica de premios es algo no solamente mediocre sino también algo estúpido y poco cándido -razón instrumental-. Así que procedemos.

*Desde el otro lado

Por la gran capacidad de su autor para despertar polémicas, intencionadamente, y por hacerles creer a varios blogueros algo que está bastante fuera de la realidad: que el autor de ese blog está hablando en serio. Pero también por su candidez y por la calidad creativa de sus posts.

Ahora, los que han sido mencionados aquí, han de hacer lo siguiente:

1.- Si, y sólo si, alguien te da el premio escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.
2.- Enlaza el post original para que la gente pueda encontrar el origen del premio.
3.- Opcional, enseña el botón del premio enlazando el post que has escrito dando un premio.

Nota: no he querido premiar a blogs que ya han sido galardonados, que igual merecerían estar aquí por la simple razón de que creo en la justicia social y en el no-apabullamiento de unos sobre otros. Por eso no les doy el premio.