Venerable

Una de las habilidades más características de las personas maduras y respetables consiste en dominar el arte de gritar: “aaaaaahh…” en el momento oportuno de cualquier mambo.

Y si eso no denota madurez, al menos revela una personalidad interesante.

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Thinking Blogger Award

Hace unos días, Tras el muro de Planck otrogó a este blog el ansiado y esperado premio: The Thinking Blogger Award. Debo agradecer a TMP por haber fijádose en esta humilde bitácora y haré lo propio. Me pronunicaré en favor de 5 blogs que generen actividad eléctrica en mi cerebro e inciten a mi espíritu a escalar, con nuevos bríos, altas cumbres en el ámbito del sapere.

He decidido comprender por la palabra ‘thinking’ no solamente el razonamiento sino la comprensión en general. Bajo ‘comprensión’ caben todas las actividades del espíritu que tengan sus queveres con lo que exalta lo humano: el pensamiento, la creatividad, la reflexión propiamente dicha, la risa, el regocijo y, por supuesto y sobre todas las cosas, la candidez.

Los ganadores son:

Por su cultura literaria excepcional y su sinceridad al escribir (reflejada, p.ej. en su manera de dirigirse directamente a sus lectores), que tanto enseñan a la blogósfera y tanto aportan a nuestro querido mundo virtual.

Por sus amplias disquisiciones merecedoras de una lectura prolongada. Su estilo y su propuesta han contribuido de manera amplia en el ámbito de la reflexión filosófica y la aplicación de ésta a la vida cotidiana. Y también porque ahora nos maneja el secreto.

Por su visión estética de la vida que no pierde en ningún momento, por la destacada selección de fotografías de mujeres hermosas y por el nombre que lleva, que es bastante cándido.

Por sus contribuciones a la difusión de la cultura católica y literaria, por las traducciones de Chesterton que nos ha entregado y por el amplio rating que ha conseguido en tan poco tiempo. Y por ser de Sudamérica.

Por sus intentos fallidos en la incursión filosófica, pero por sus reconocidos logros en el ámbito… en el ámbito… Bueno, por ser un buen blog que me incita a pensar gracias a sus logros culturales y literariamente estéticos pero sobre todo, por aquello que le da sentido a todo lo demás: por la gran candidez de su autor.
Por sus grandes y chistosas ironías sobra la filosofía, la literatura y la plástica. También porque lo que dice en ‘About me’ está bien chido.

Mención Honorífica:

Sé que esto no se acostumbraba (igual que tampoco el 5′), pero no sólo nuestro buen corazón sino el pretendido buen juicio del comité de selección, ha pensado que dejar fuera a algunos blogs por la cantidad numérica de premios es algo no solamente mediocre sino también algo estúpido y poco cándido -razón instrumental-. Así que procedemos.

*Desde el otro lado

Por la gran capacidad de su autor para despertar polémicas, intencionadamente, y por hacerles creer a varios blogueros algo que está bastante fuera de la realidad: que el autor de ese blog está hablando en serio. Pero también por su candidez y por la calidad creativa de sus posts.

Ahora, los que han sido mencionados aquí, han de hacer lo siguiente:

1.- Si, y sólo si, alguien te da el premio escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.
2.- Enlaza el post original para que la gente pueda encontrar el origen del premio.
3.- Opcional, enseña el botón del premio enlazando el post que has escrito dando un premio.

Nota: no he querido premiar a blogs que ya han sido galardonados, que igual merecerían estar aquí por la simple razón de que creo en la justicia social y en el no-apabullamiento de unos sobre otros. Por eso no les doy el premio.

Narn I Chîn Húrin

Apenas ayer terminé Los hijos de Húrin. Es un libro editado por Christopher Tolkien, quien al parecer ha tomado la decisión de juntar una fortuna millonaria garacias a los textos de su padre. Yo hubiera hecho lo mismo. Pero él, sin duda, creo que lo ha hecho bien.
El relato publicado hace unos meses no fue concebido como un libro en sí, tal como fue dado a conocer. J.R.R.Tolkien escribió pocos ‘libros’, así con inicio y fin y todo eso que un libro debe llevar. Ha sido su hijo Christopher quien se ha puesto a dar orden y a editar varias obras y escritos de su padre para dar a conocer todo el genio que se escondía en los cajones.
La obra de Tolkien es vasta. Su objetivo fue siempre contar historias. En sus cartas nos lo ha dejado bien claro y en el prólogo a la segunda edición de The Lord of the Rings también: sus relatos no tienen ninguna finalidad política ni alegórica ni económica. J.R.R.Tolkien sentía la necesidad de contar historias y generar una mitología para Inglaterra. Sólo el hecho de narrar lo que sucedía en Fantasía le bastó al filólogo inglés para dedicar su vida a una empresa que, por su misma naturaleza, sería interminable. Quizás esto fue bastante pretencioso, pero sí generó un corpus mitológico bastante complejo y lo suficientemente completo como para poder contar con bastantes relatos uniformes y claros. Aún hoy, después de los trabajos de su hijo Christopher, hay historias que han quedado inconclusas, confudidas con otras, y revueltas entre ellas mismas. Pero sí se puede hablar claramente de una cronología completa desde el incio del mundo hasta el fin de la tercer edad (Termina con la guerra del anillo, eso que fue narrado en la pantalla por Peter Jackson).
Tolkien era un filólogo y es desde ahí desde donde hay que comprender su obra. La creación de todas las especies en la Tierra Media no es obra del azar o de un daimon que lo poseyó y lo inspiró. El lenguaje es siempre el inicio de toda una cultura o una raza en la Tierra Media. Todo esto es verdad y suena bien. Pero Tolkien es también un narrador. No solamente un académico en filología, experto en anglosajón y un erudito en los relatos fundadores de la lengua inglesa. Tolkien llegó a ser un antropológo, un filósofo y hasta más o menos teólogo. Fue padre de varios hijos, escritor de cartas y esposo de su esposa.
Sus obras, si bien tienen un origen filológico, no terminan en el idioma. Y me parece que es en Narn I Chîn Húrin en donde el texto filosófico se hace más presente en la obra de Tolkien. The Lordof the Rings es una obra maestra, una gigantomaquia de la fantasía y de la ética. Pero Los Hijos de Húrin es un verdadero tratado de antropología.
El libro es áspero en una buena parte. Al no ser un relato concreto concebido por Tolkien para ser publicado como libro, sólo existían notas de la historia, y la fluidez del texto a veces era inexistente, pero el trabajo del editor es muy bueno. La historia de Húrin y sus hijos es contada también en The Silmarillion, pero no de forma completa y detallada como acá. Lo que Tolkien dejó fueron notas y textos más detallados que otras historias y por ello Christopher pudo dar una coherencia y unidad al relato.
A veces la lectura se hace pesada por la cantidad de nombres (el apéndice de nombres que incluyó Christopher al final del libro sirve de mucha ayuda). No es necesario haber leído The Silmarillion para comprender de qué va Narn I Chîn Húrin, pero sí es necesario estar acostumbrado a una lectura un poco lenta a momentos, pero excesivamente emocionante en otros.
El sabor de boca cuando el libro termina es el de una épica máximamente griega: la tragedia de la condición humana es expresada en los mejores términos y el lector termina comprendiendo por qué el ser humano se autofagocita. Y si no por qué lo hace, al menos que lo hace. Somos unas bestias. Pero aquello que nos hace ser bestias es aquello que nos hace tan gloriosos. La vanagloria, la soberbia, el orgullo, le envidia. Pero también el amor, la caridad, la creatividad y la valentía. Su fuente: la misma.
No hay escena ni final feliz augurable en ningún momento del relato. Las elecciones de los personajes son siempre nefastas y parecería que el destino del hombre está trazado. Túrin, protagonista principal de la obra es un gran hombre, que ha crecido con los elfos, de un linaje soberbio y noble. Pero un destino obscuro pesa sobre él y a cualquier lugar al que va, ensombrece los corazones de los hombres. Sin embargo, parece que no es ese trágico fato el que convierte a Túrin en un hombre pesado, sino las elecciones y las decisiones que toma a lo largo de la historia. Al final del camino, parece que se da cuenta de su propia finitud, pretendió todo el tiempo ser infinito, pero sus limitaciones humanas acabaron condenándolo.

Creo que puedo decir que Narn I Chîn Húrin es de esos libros que adquieren un sentido hasta la última línea. Su lectura es a momentos dificil, y a veces parece que no sucederá nada. Pero es hasta el final en donde la narración adquiere sentido. Igual que la vida humana. Es posible que el trayecto completo no tenga una dirección concreta o un fin bien conocido. Pero hay que segir leyendo. Porque es al final de la vida en donde la mirada retrospectiva ilumina todo el pasado.

Si bien Safran Foer tiene razón al decir que el pasado ilumina el presente, Tolkien alcanza a ver también una verdad importante: es el futuro lo que ilumina la vida del ahora o, en otro sentido, es el presente lo que ilumina no el pasado, sino mi propio pasado. Es hasta el final de nuestros días cuando podemos dar un significado a las penas, a las alegrías, a los triunfos y a los fracasos. No antes. Por eso la esperanza es una verdad que debe ser vivida aquí y ahora. Y por eso es un relato que merece la pena de ser leído.
Seguro hay mucho más qué decir sobre este gran relato, pero por ahora baste con esto.
Y, Cheve, debes leerlo.

Oak Park

Por supuesto no soy el primero en notarlo. Incluso, creo ser bastante poco orginal en esto, pero no lo resisto y quiero decir que Oak Park es uno de los lugares mejor dotados de Estados Unidos en lo que respecta a la fama. Es de esos lugares que se te cae la cara cuando te enteras de todo lo que ha pasado ahí.
Es un pequeño barrio, a las afueras de Chicago, sí, Chicago. Allí nació Hemingway. Allí vivió el arquitecto Frank Lloyd Wright y funcionó para él como su campo de pruebas, muchas de sus más grandes obras están ahí como esperando ser vistas por turistas fanáticos que quieren conocer el lugar de inspiración de uno de los reformadores de la arquitectura. Gaudí es a Barcelona, Niemeyer a Brasilia y Wright a Oak Park. Sí, ya sé, Oak Park no es una gran ciudad. Pero qué le vamos a hacer. Es un gran suburbio, es cul. Es, de hecho, el ejemplo a seguir de todo barrio suburbano. Si yo fuera suburbio quisiera ser como Oak Park. La neta.
Allí nació Ray Kroc, el fundador de Mc’Donalds y Edgar Rice Burroughs, el creador de Tarzan. Oak Park es capaz de cobrar identidad casi personal. Hasta podría tener dignidad y le podrían ser reclamados ciertos derechos humanos. Su identidad es bárbara. Barbarísima. Cuando uno entra en sus calles, no se encuentra con la felicidad de los niños blancos andando en bici, al estilo The Wonder Years. Más bien es una especie de Barcelona, pero con un estilo no tan sofisticado y más natural. No es pretencioso. Se sabe chingón y no lo grita. La capital catalana es, en cambio, demasiado trendy, pose: reclama el recnocimeinto mundial. Es grandiosa, oh sí, pero pose a fin de cuentas. Oak Park es solamente un barrio pero es parte de Chicago. Y ésta sí que es una gran ciudad. Con su airecito y todo.

Oak Park ha trabajado sin quererlo, en la creación de su propia leyenda. Muy al estilo de su hijo Hemingway, el barrio suda por lograr mitificarse y generar leyendas que lo coloquen en la cima de la cultura norteamericana. Pero sin quererlo. Tiene su propia página web, que pueden consultar haciendo clik aquí. No se le puede tildar de pretencioso, Oak Park es bastante sencillo con lo que promete: Casa-estudio de Wright, Museo Hemingway, un tour de placas en las que se mira quién nació en tal casa, quién vivió en esta otra, quién durmió por acá, quién escribió en esta banca y en aquella no, quién anduvo en bici por acullá. Y así.

Oak Park es un pequeño sueño. Pero no un sueño de esos de en la noche. Es un sueño de siesta, un sueño de sillón de la tele, un coyotito, un sueñín que a cualquiera podría emocionar por su pequeña grandeza.

Frank Loyd Wright, William Fricke’s House, 1901-1902, Oak Park, Illinois.