Algunos herejes son santos

Muchas veces permite también la divina Providencia que hombres justos sean desterrados de la Iglesia católica por causa de alguna sedición muy turbulenta de los carnales (per nonnullas nimium turbulentas carnalium hominum seditiones). Y si sobrellevaren con paciencia tal injusticia o contumelia, mirando por la paz eclesiástica, sin introducir novedades cismáticas ni heréticas, enseñarán a los demás con qué verdadero afecto y sincera caridad debe servirse a Dios. El anhelo de tales hombres es el regreso, pasada la tempestad, o, si no les consiente volver, porque no ha cesado el temporal o hay amago de que se enfurezca más con su retorno, se mantienen en la firme voluntad de mirar por el bien de los mismos agitadores, a cuya sedición y turbulencia cedieron, defendiendo hasta morir, sin originar escisiones, y ayudando con su testimonio a mantener aquella fe que saben se predica en la Iglesia católica. A éstos corona secretamente el Padre, que ve lo interior oculto. Rara parece esta clase de hombres, pero ejemplos no faltan, y aún son más de lo que puede creerse. Así, la divina Providencia se vale de todo género de hombres y de ejemplos para la salud de las almas y la formación del pueblo espiritual.

Agustín de Hipona. De vera religione, 6, 11.

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Emaús, de Baricco

A mis amigos

Si hay una novela que me hubiera gustado haber escrito, es Emaús, de Baricco. Es una novela que habla sobre mí. Sobre mí y sobre mis amigos. Católicos, jóvenes, que buscamos no más que ser nosotros mismos. Venidos de familias de todo tipo, y de colegios en los que nos han enseñado la virginidad de María, y de colegios en donde hemos creído en ella, no hacemos sino transitar el camino de una adolescencia marcada -en su pasión- por la fe, la esperanza, la caridad, la crisis y la vuelta a la fe.

Baricco comprende, no sin ironía, el espíritu de cuatro jóvenes que creen en el amor, en cambiar el mundo, y para quienes el sexo no es nada más que amor. Para nosotros, y esto lo dice Baricco hablando de nosotros, el placer no es importante. No lo era. Quizás ahora sí lo es, no lo sé. Pero crecimos pensando que el amor es una cosa espiritual, divina. Y de pronto llega el desamor. Y rompemos a llorar. Eso somos. Eso fuimos.

Y lo que quiero decir lo digo en serio porque para nosotros el amor no es únicamente aquello que sucede, tiernamente, entre las manos sudorosas de un chico y una chica de preparatoria. Tampoco es lo que sucede entre dos jóvenes o adultos que comparten su vida. Para nosotros, católicos, el amor es la esperanza y el motivo de la existencia toda. Nosotros creemos en un mundo mejor. Y eso es el amor. Nosotros creemos en que hay un cielo. Y eso es el amor. Nosotros creemos que la muerte no es la última palabra. Y eso es el amor. Creemos en la virginidad de la madre de Cristo. Y eso es el amor. Nosotros no creemos en el sexo sino en hacer el amor. Como si fueran dos cosas distintas. Y es eso el amor para nosotros. Creemos que el sufrimiento vale la pena. Creemos en la caridad y en ir a visitar enfermos, en limpiar la mierda de los demás y dejar nuestra silla en el metro. Y eso es el amor. Creemos en la Iglesia. Como los niños, los católicos creemos en la magia. Porque ése es el amor. Pero tarde o temprano todo ese amor se nos derrumba. Porque vemos, de pronto, la muerte y el dolor realmente de cerca. O porque caemos en cuenta de que ya habíamos visto ese rencor y esa muerte pero nuestra tierna infancia no lo había integrado a la conciencia de lo que somos. Porque aquellos que eran para nosotros la encarnación del amor, fallan. Como seres humanos que fallan y que se equivocan y que se traicionan y que se perdonan. Difícilmente, pero perdonan. O no lo hacen y el mundo se desequilibra.

Entonces ese amor se ve fracturado y se fractura también el suelo sobre el que estamos parados. Y tenemos novias. Y rompemos con ellas. Y hacemos el amor. Y rompemos el amor. Y rompemos las promesas de voluntad eterna, promesas por las que queremos hacer feliz al mundo y nosotros incluidos en él.

La versión de Baricco de la historia de Emaús, igual que la del Evangelio, es la historia de unos amigos que, inocentemente, entran en la vida adulta. Baricco habla de todo esto. Y habla, también, en Emaús, de cómo perseveran el día de hoy nuestros corazones pues, a pesar de toda evidencia individual, seguimos creyendo. Es una fe con moretones. A veces no parece fe, o no lo es del todo. Pero es amistad. Y ahí, es ahí, en donde arden nuestros corazones, porque reconocemos su Presencia.

Sobre la Iglesia Católica y la Pederastia

Citaré in extenso a Georges Bernanos:

“Si acuso a la Iglesia no es con el ridículo propósito de contribuir a su reforma. No creo posible una reforma humana de la Iglesia, en el sentido dado por un Lutero o un Lammenais. No espero que sea perfecta, pues es algo que vive. A semejanza de los más humildes, de los más despojados de sus hijos, se dirige renqueando de este mundo al otro; comete faltas, las expía y, si nos olvidamos por un momento de sus pompas, podemos oírla sollozar y rezar con nosotros en las tinieblas. Entonces, ¿por qué enjuiciarla?, me dirán. Pues porque siempre está en el banquilo. Todo lo que tengo lo recibo de ella, y nada puede venirme sino de ella. El escándalo que me llega de ella, me ha herido en lo más vivo del alma, en la raíz misma de la esperanza. O mejor dicho, no existe en el mundo otro escándalo, sino el que ella da. Me defiendo de ese escándalo en la única forma en que puedo hacerlo: tratando de comprender. ¿Me aconsejáis que le vuelva la espalda? Tal vez podría hacerlo, pero no estoy hablando en nombre de los santos, sino en el de esa buena gente que se me parece como hermanos. ¿Os encomendaron que cuidárais a los pecadores? Pues bien, el mundo está lleno de miserables a quienes habéis decepcionado. Nadie pensaría deciros esta verdad a la cara, si consiniterais en reconocerlo humildemente. No os reprochan vuestras faltas ni se estrellan contra ellas, sino contra vuestro orgullo. Sin duda, responderéis que, orgullosos o no, disponéis los sacramentos que conducen a la vida eterna, y que no se los negáis a quienes se hallan en estado de recibirlos. Lo demás atañe a Dios. ¿Qué otra cosa se puede pedir?, diréis. Pues bien, quisiéramos amar.”

Los grandes cementerios bajo la luna, p.88.

Bernanos escribió estas líneas a propósito de la guerra civil española, cuando la jerarquía católica se replegó a favor de Franco y del régimen totalitario. Bernanos es católico. Bernanos es sincero. Bernanos es duro. Y hubiera escrito lo mismo al día de hoy frente a los casos de pederastia.

Ya me han hecho dos veces la pregunta sobre si he abandonado mi fe o a la Iglesia al ver los escándalos. Yo les contesto que estudien historia. Jamás hemos pedido los creyentes a la Iglesia que sea perfecta, que sea buenita, que no peque. Para empezar, porque la Iglesia está constituida en su mayor parte, por laicos y todo el mundo olvida eso: nadie nunca se queja de que la Iglesia peque cuando pecan los laicos. El problema viene cuando peca la jerarquía. En un sentido, es lo mismo. Igual es Iglesia la jerarquía que el laicado. ¿En qué sentido no es lo mismo -y creo que eso es lo importante aquí-? En el sentido de que la jerarquía tiene el poder. Y pecar con poder es peor que pecar sin poder. En segundo lugar, no esperamos que la Iglesia no peque porque la Iglesia es desde su fundación pecadora. Como muestra un botón: el primer Papa negó a Cristo tres veces.

En cuanto a los casos de pederastia dentro de la Iglesia quiero hacer una aclaración: una cosa es el pecado individual y otra el pecado institucional. La pederastia es un acto abonimable y que exige condenación. Como tal, debe ejecutarse la justicia y el pederasta debe pagar una pena. Sea quien sea. Más aún si el pederasta predica con su boca, desde el púlpito y cada domingo, que hay que amar al prójimo. Pero aunque no predique nada, la pederastia es abonimable. En ese sentido, es un pecado individual, y debe juzgarse a esa persona.

Otra cosa son los encubrimientos. He ahí el pecado institucional de la Iglesia. Los encubrimientos no han sido únicamente de parte de los obispos o de las comundiades religiosas, sino que se ha acudido a manipulaciones psicológicas, a confesiones, a amenazas para que los que sufrieron de los abusos quedaran en silencio. Eso es condenable, y hay que juzgar a la Iglesia en ese sentido. El pecado institucional, por esto, puede llegar a ser más abonimable que el individual, pues es sistemático, y su sujeto queda perdido en el limbo.

Sin embargo, cuando el que pide justicia ¿qué tipo de justicia pide? ¿Qué tipo de condenas serían las justas? Por supuesto, no es lo mismo que pida justicia una persona que padeció los abusos, a que pida justicia un periodista. Sin duda, ha habido ya casos, como en Estados Unidos, en donde las penas son de corte económico. Pero, ¿el dinero retribuye a quien fue lastimado en su vida?, ¿le retribuye su fama y su honor, su dignidad lastimada? Ciertamente de algo ayuda. Y si esa pena es suficiente, ¡venga! Pero creo que no es el caso. Creo que se pide otro tipo de justicia. ¿Qué clase de justicia? ¿Pena de excomunión para los sacerdotes que han abusado? ¿Excomunión también para los que han encubierto a los pederastas?

En primer lugar, la excomunión solamente será válida para quien cree que la excomunión tiene algún sentido. En efecto, sería castigar en los términos bajos los cuales se mueve el cura pederasta: desde sus categorías, en lo que a él le importa. Sin embargo, cualquiera que sepa un poco de moral cristiana o que haya leído el catecismo sabe que todo pecado puede ser perdonado y que incluso la excomunión puede ser levantada. Basta un arrepentimiento sincero y una buena confesión para ello.

De hecho, evaluar la acción como pecado es algo que corresponde a Dios. Juzgar y condenar en ese sentido es algo que nunca hará la Iglesia. Y el día que lo haga, mal hace. Pues la Iglesia está para ser una instancia de perdón y de acogida aún para los seres más miserables de la tierra. Ni aún en el caso del Hitler -en tanto individuo-, por ejemplo, ha habido una condena oficial. La Iglesia no puede presumir de saber que alguien esté en el infierno, pues tiene razones para pensar que incluso el más malvado de todos tiene esperanza de ser salvado por Jesús. Por eso no se verá una condena así respecto de los pederastas.

Lo que se exige, lo que se debe exigir, es que el fuero de los curas sea por completo eliminado. Y eso debe exigirse a cada nación, a cada estado, que procese como debe de ser a cualquier persona, sea del credo que sea, sea ministro de culto o no. Sea o no popular esa medida. Solamente si la Iglesia abre así sus puertas será verdaderamente evangélica. Solamente así el estado será verdaderamente estado de derecho.

¿Por qué no abandonamos la Iglesia? Porque ser pecador no es condición suficiente para dejar de merecer el amor. Si así fuera, nadie en este mundo seríamos dignos de amor. Amar es ser fiel. Y ser fiel es decir la verdad. Por eso, por fidelidad a la Iglesia, los católicos debemos denunciar, y al mismo tiempo mantenernos. ¿Por qué esto es razonable? ¿Por qué amar a una institución como la Iglesia? Porque creemos en Jesús. Y a Jesús se le conoce y se le ama en el pecador y eso solamente es posible junto con los otros. Por eso nos mantenemos en la Iglesia. Porque, como dice Bernanos, no hablamos por los santos -pues no lo somos- sino por los pecadores.

20 proposiciones indecentes

He aquí algunas de las cosas que yo creo. Por supuesto, todo esto puede cambiar, si encuentro o me presentan las razones suficientes para cambiar de opinion. Pero, de momento, pienso que:

1. La política partidista en México debe acabarse, que debe haber reelección y que los términos ‘izquierda’ y ‘derecha’ están completamente agotados.

2. Ganar en México más de $50,000 mensuales es injusto, siempre y en todos los cosas, toda vez que hay familias que no pueden comer ni cubrir el gasto diario.

3. Mientras digamos que las cosas cambian a través de la educación y no eduquemos a nadie de hecho y realmente, somos bestias.

4. Conacyt debe subir su presupuesto en general y en concreto subirlo todavía más para el fomento de las humanidades.

5. Los sindicatos en este país son, en general, un lastre y que Elba Esther Gordillo es una de las personas que más dañan a México.Veinte(b)

6. Está muy mal pensar que un deber del gobierno es dar trabajos. Su obligación es facilitar su creación, pero no darlos. Ésos los debemos generar nosotros, igual que todos los bienes públicos.

7. Obama pinta para ser un buen presidente. Pero todavía no podemos afirmarlo. Aún menos podemos admitir que merecía en justicia el Premio Nobel de la Paz.

8. Dostoievsky y Victor Hugo son los mejores escritores que ha dado la historia.

9. El capitalismo  liberal es tan abusrdo como el comunismo y sin la ‘responsabildiad social’ y la ‘caridad’ como elementos constitutivos de este capitalismo, el mundo se vuelve la selva.

10. El mundo sin Dios no tiene esperanza.

11. La salud y el bienestar se han vuelto al día de hoy un fetiche, y aún más el sistema de salud, cualquiera y como quiera que éste sea. Debemos reaprender a dar sentido al sufrimiento y a la muerte.

12. La tecnología es un arma de doble filo y por tanto puede ser buenísima, pero en general tiende a exterminar a la persona.

13. El problema existencial y humano más fuerte y difícil de explicar es la existencia del mal. Y, de hecho, encontrarle un sentido no es tan difícil como explicar su existencia.

14. El condón NO es, y no puede ser -por su propia lógica-, la solución a la epidemia del SIDA

15. El celibato sacerdotal obligatorio en la Iglesia Católica Romana debe desaparecer.

16. El Estado Vaticano debe desaparecer.

17. La sexualidad no se construye desde cero y existe, aunque la nieguen (pues la presuponen al negarla), una naturaleza humana.

18. El límite de mi libertad no es la libertad del otro, sino su dignidad.

19. La vocación a la enfermería es mucho más loable que la vocación a la medicina.

20. Lo que ha hecho que la gente abandone la Iglesia Católica es que los mismos católicos terminamos por identificar a Jesús y su seguimiento con el cumplimiento de normas morales. El cristianismo no es un código de ética.